miércoles, 24 de abril de 2019

Estoy en el instante

Donde las palabras buscan el roce de mi mano. Con los ojos cerrados, veo como se desvisten en mi pensamiento: frases tersas, vivas, recién hechas. Las escribo y puedo oírlas como parte de un encanto en el que me hallo sumido con los poros jadeando significados. Estoy en el instante que perdura, donde el mundo se detiene y la alegría agita el verbo: palabras desnudas que danzan en esta pista de papel por donde mi mano se desliza construyendo la caricia. Y ahora me doy cuenta, transitando el instante, que la vida, tenga o no sentido, es un misterio que su propia desnudez desvela. Y el mismo instante que me induce a rebelarme me sosiega.

domingo, 21 de abril de 2019

Arder con la lectura

Quemarse de conocimiento, hallar leyendo la rebelión que el corazón viene sintiendo desde siempre, pero que el embrujo diario difumina y, entonces, una frase, una palabra clave, y salta la chispa al girar la esquina en un pensamiento escondido que ahora se ilumina. Ese verso afilado que ahora empuñas es la espada que creará el camino a un destino incierto, sí, pero a un destino elegido. Donde versos, relatos, historias, ensayos construyen un mundo revolucionario, donde te descubres en el otro y derrites tu auto engaño, y el yo insípido que vive contigo se extingue porque leíste un diario, y ves en esas líneas, que ese ser extraordinario podrías ser tú, eres tú, pero lo habías olvidado. ¡Arder con la lectura y despertar ya, carajo!

domingo, 24 de marzo de 2019

El futuro

Dicen que todo será diferente allí, que los adelantos que tenemos ahora darán risa en el futuro. Pero teniendo la experiencia de venir del pasado y de estar viviendo ahora el futuro de entonces, no sé por qué insistimos siempre en engañarnos con el futuro. Los mayores dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor porque eran más jóvenes, pero cuando quieren darte lecciones aluden a las comodidades de ahora que no se tenían entonces; hay cierta contradicción. Parece ser que viviendo peor se aprende más, aunque en realidad deberíamos aprender a vivir con nuestro presente, con la tecnología, con la información. Pero aprender a vivir con la tecnología, por ejemplo, no significa vivir con el último aparato que te ofrece el mercado, sino que significa el cuestionarse si ese aparato aportará algo nuevo y recomendable a nuestras vidas o no, saber si tendremos que rechazarlo, no aceptarlo simplemente porque ganamos tiempo. Qué hacemos con el tiempo que ganamos, ¿invertir en otro aparato para ganar más tiempo? Aquí es donde entra la reflexión, tan desprestigiada últimamente porque parece una pérdida de tiempo, para hacer que el futuro sea mejor o, por lo menos, igual que el presente. En este fluir constante de la vida el futuro se construye mejorando el presente, no solo el mío particular sino el de todo y todos los que están a nuestro alcance. El futuro es común. Las individualidades deberían ser del pasado, aunque los últimos coletazos del capitalismo insisten en que no sea así. La vida compartida es el único porvenir. Conocimiento, diálogo, reflexión son términos que tienen que vulgarizarse por su uso continuado, y equiparse a comer o respirar. El futuro está a la vuelta de la esquina y no debe preocuparnos si nunca llegamos a esa esquina de forma individual sino colectiva, porque estamos en todos y en todo, incluso en ese futuro.

domingo, 10 de marzo de 2019

Ataraxia

Algo de felicidad rezuman mis poros cuando pongo música, coloco dos cojines, uno encima de otro, de forma que si los miras desde arriba puedes ver un solo cojín de ocho puntas, en la esquina de la cama donde, más tarde, pondré los pies. Y mi amigo perro, mi alma perro, sale de debajo de la cama, se da la vuelta, me mira y salta justo para hacerse un ovillo a mi lado. Con la mano izquierda le acaricio el lomo y él suspira. En breve instantes, nuestros suspiros, nuestra respiración, se sincronizan. Y no sé si es algo de felicidad o pura ataraxia.

sábado, 2 de marzo de 2019

Cuando vivo poesía

Versos que te acarician. Poemas que abren la puerta a recuerdos dormidos. Palabras que te acompañan y silencios que te besan el pensamiento. Atusándome el espíritu me encuentro cuando leo poesía, cuando vivo poesía. Camino por una selva de rimas y a mi paso salen especies salvajes de endecasílabos, metáforas terrestres y celestes, alegorías que acechan en la noche de los versos vivientes. Ya no tengo miedo pero no dejo de sorprenderme. Como los frutos de un soneto prohibido, me deleito libando de los libros en una zona pantanosa de diversos géneros. Ululan sinalefas nocturnas y el alma resquebrajada se recompone en un abrir y cerrar de versos. Esos versos que te acarician. Palabras que se estampan en la piel y calan hasta los huesos. Y silencios que hablan entre los versos.

domingo, 21 de octubre de 2018

La revolución de los pequeños detalles

Nos está costando darnos cuenta de que la verdadera revolución comienza en los pequeños detalles. El individualismo capitalista y moderno no nos deja ver las maravillas de la cooperación. Y de esta realidad me di cuenta, en parte, en un teatro. Otra vez la ficción despejándome las dudas reales, me dije. Después de ver un clásico teatral con una puesta en escena actual, un clásico modernizado, traído al presente, comprensible, traducido a las nuevas generaciones tal vez, ocurrió lo de siempre. Cuando abandonaba la sala entre esa masa compacta de espectadores que actúa como un monstruo que necesita expandirse como un pequeño universo desbocado cuando llega a la salida, oí a una mujer entrada en años (aunque a lo mejor eran muchos años y mucho maquillaje disfrazados de mujer) decir que había sido una mierda, que habían destrozado la obra, que si lo llega a saber no viene, que si patatín que si tralará, que lo único que querían los actores era desnudarse, que todo se reducía a tetas y culos... y mientras escupía su discurso, su mirada cuestionó mi sonrisa, sus ojos exigían que la acompañara en su ofensa y, aprovechando que tenía que tomar aire para seguir viviendo y se calló unos segundos, le dije, yo he disfrutado mucho, todavía no sé si me ha gustado, pero valoro todo el trabajo realizado por los actores y todos los que han tenido que ver con la obra y, supongo que, entonces nombré al autor clásico, se sentiría orgulloso de ver los nuevos tratamientos que recibe su obra. La mujer, después de una ligera mueca de asco, con un gesto no torcido sino ya completamente roto, giró su cara con desdén, volteó sus hombros como pasando página, y siguió despotricando en otra dirección. Y, cuando estaba a unos diez metros de mí, no pude evitarlo y le grité, señora, señora, me ha gustado, ahora sé que me ha gustado.

domingo, 30 de septiembre de 2018

Donde está la magia

Es en la realidad. Donde está la magia hoy en día es en la paciencia de cumplir con la propia palabra. La magia de no mentir por deseo, de decir te quiero cuando hay una estructura amorosa que sustenta esas palabras. Donde está la magia es en los dedos que acarician sin esperar placer, en los besos y abrazos que se dan para satisfacer al otro. La magia de desprenderte de cosas y sin embargo sentirte cada vez más lleno. La magia de vivir sabiendo que la muerte es inevitable, de vivir a pesar del sufrimiento. La magia de sonreír de igual forma a un niño o a un viejo. La magia de medir las palabras, de saber escuchar, de disfrutar de las cosas que se repiten cada día. Donde está la magia es en el presente, en las conversaciones con tus amigos, en ese brillo que aparece en sus ojos cuando les sacas una sonrisa. Donde está la magia es en todas partes, pero a veces hay que cerrar los ojos para verla, hay que cerrar la boca para oírla, hay que compartir la vida para entenderla. A veces la magia va a cuatro patas a tu lado, otras veces la riegas en el balcón, otras la sirves en la mesa a tu padre anciano. La magia está en el corazón, en la casa, en el rellano, en el ascensor, a la vuelta de la esquina, en miradas ausentes que se difuminan, en el roce involuntario, en el choque fortuito, en los encuentros inesperados, donde está la magia.