martes, 4 de agosto de 2026

La semilla

No soy nada, ni nadie tampoco, parte minúscula de un caldo biológíco llamado, erróneamente, humanidad. Pero en mi interior llevo la sensibilidad del universo, la esencia del sentimiento, una pequeña partícula de amor concentrada, como si fuera una semilla, que esconde el potencial del crecimiento y de la vida. Para una persona que no es nada ni nadie es mucho. Por eso un pequeño rechazo me ha destrozado, pero ese dolor ha alimentado a la semilla del amor de mi interior. Lo que todos llaman aprendizaje no ha sido más que crecimiento, un pequeño salto evolutivo, una zancada hacia el futuro. No soy nada, pero de la nada salió todo. El vacío está lleno de cosas y hay cosas y personas que están completamente vacías. La semilla que protejo con la cáscara de mi cuerpo va a dar unos frutos inimaginables en la conciencia cósmica. La revolución del amor se acerca y es imparable.

domingo, 2 de agosto de 2026

Mentiras piadosas S.A.

Recuerdo que, cuando era joven, si oía una mentira en la conversación que mantenía, en seguida encendía todas las alarmas y decía que eso no era cierto. Con la edad me he dado cuenta de que es mucho mejor asentir y hacerse el idiota, y ver hasta dónde puede llegar tu interlocutor, tu supuesto amigo o lo que quiera que haya dicho que sea. Si este mentiroso en potencia además se auotengaña, le será mucho más fácil ir entrelazando las mentiras mientras te mira con dulzura porque, algunas veces, incluso, cree que te está haciendo un favor, que te miente para no hacerte daño. Este tipo de mentiroso busca cualquier excusa para darle valor a su acto de mentir. Miente por nuestro bien, para no hacernos daño, pero en realidad miente por costumbre, por miedo, porque le resulta muy difícil, cada vez más, afrontar la realidad que, detrás de la cortina de su mentira, le está susurrando que es un puto cobarde mentiroso. Pero no puede salir de su patrón de mentiras y, si le das a entender que no le crees, se enfurece y se hace la víctima con más mentiras que tiene en la recámara. No estamos en una matrix generalizada, sino en pequeñas matrix de chichinabo creadas por mentirosos compulsivos que no pueden salir de la creación de su apariencia porque se agobian, y se quedan sin aire, no pueden respirar en la verdad, les escuece, les hace toser, llorar, atragantarse y, cuando ya están convulsionando y cambiando de color, les dices, no pasa nada amigo, yo te creo, te creo. Y todo vuelve a su mentira de siempre, a su normalidad.

Lo bonito de la vida

Tu vida no vale nada, tienes un trabajo de mierda, a veces no llegas a fin de mes, tienes muchos falsos amigos, eres un fracaso ambulante, un error más del sistema (así funciona la cosa), un error con patas. Te quejas de todo y estás asqueado, pero no haces nada o, a lo mejor, te das a la bebida y te hundes más rápido. Un día te levantas con ganas de ver lo bonito de la vida. No ha cambiado nada, la mierda te sigue llegando al cuello, pero ahora sonríes. Tu actitud se ha transformado. Descubres a las personas que te mienten y ya no te importa; no sufres tú, ahora te dan pena ellas. Qué necesidad hay de aparentar y mentir, pudiendo ser feliz con la que ya tienes. La felicidad no está en el otro, está en nuestro interior. La alegría de vivir se encuentra en lo cotidiano, en ver la maravilla donde antes no veías nada. Lo bonito de la vida es sufrir y seguir. Nada ni nadie va a cambiar mi poderosa actitud. El amor es mi vida y, si no puedo compartirlo, amaré mi vida. No me hace falta nada más.

Todo está relacionado

La distancia nos proporciona seguridad, el poder enfrentarnos a nuestros miedos en dos dimensiones y a través de una pantalla lo hace todo más fácil, pero no es real. Nos sentimos atrevidos, dispuestos a desnudarnos ante el mundo, a difundir la imagen que nos gustaría ser de nosotros mismos, pero que, en realidad, no somos, aunque la frecuencia y constancia en internet han contribuido al autoengaño. Las pantallas, aparentemente, destruyen la distancia, pero sin tacto, sin sabor, sin olor, sin tener que culminar lo que decimos. Cuando aparece la tercera dimensión y las personas de la pantalla están a nuestro lado, nos entra el miedo. Miedo a darnos cuenta de que no vamos a poder seguir con la apariencia, miedo a que van a descubrir la verdad, aunque insistimos en el autoengaño. Y comenzamos a postergar, a dar excusas, a creer que todo vale menos la sinceridad. Nos creemos inmortales y vamos dejando todo para otro día, pero la vida es ahora. Y ese miedo no es más que el miedo a la muerte. Hay que afrontar la muerte, hablar de ella, conversar con ella. Es necesario para poder tener una vida plena. El cóctel de rutina, autoengaño, apariencia y redes sociales es el mayor fracaso del ser humano. De nada sirven las apariencias para vivir, las excusas anulan la vida. Quedar bien con todo el mundo es imposible. No existe nadie bueno o malo, todos somos un poco de todo. En eso consiste la vida, en intentar mejorar, en amar cada día un poco más. El amor en internet, como en cualquier otra parte, solo puede funcionar con sinceridad, mostrando nuestras vulnerabilidades y dejándonos de apariencias, filtros y mentiras. La muerte está acechando constantemente, ya va siendo hora de aprender a vivir.

sábado, 1 de agosto de 2026

El amor verdadero

Cuando me decido a buscar, el noventa y nueve por ciento de las veces elijo la peor opción. Tal vez sea cierto eso que dicen que no hay que buscar ni amor ni muerte, que ya te encontrarán ellos cuando sea el momento. El uno por ciento restante, llamémosle el uno por ciento exitoso, es cuando elijo no elegir y me quedo solo con mis libros. Puede que mi verdadero amor sea la lectura o la escritura. Una lectura que me lleva a otra, un escritor que me recomienda a otro, una fiesta de libros. Una fiesta tranquila, sin sobresaltos. Aunque ha habido libros que han sido una auténtica aventura de amor. Leerlo en el momento indicado o, tal vez, su búsqueda, tener que viajar a otra ciudad, ir a una pequeña librería que tenía un único ejemplar, pero cuando llegas ya no está, auque hay un cliente de la librería que te informa de otro sitio donde podrías enconmtrarlo, pero que vas a tener que darte un buen paseo para llegar allí, y llegas y está cerrado, y tienes que volver el lunes pero tu te vas el domingo, así que tienes que esperar a tu siguiente viaje, pasados unos meses y, al fin, consigues el libro que se transforma en un gran tesoro, en tu nuevo amor, el amor verdadero.

viernes, 31 de julio de 2026

Eternos vagabundos

Siempre en busca de una seguridad engañosa, nos vendemos al mundo como seres de luz cuando nuestro corazón es un cristal oscuro. Un golpe emocional nos baja del pedestal social al que creíamos haber ascendido. Todo lo que eras ya no existe. Las apariencias se han hecho añicos, el ego se ha diluido en el asfalto de un nuevo error aún no asumido. El yo llora como un niño de pecho que aún no ha comido. Las lágrimas se secan en tu rostro. Tu piel, ahora salada, recuerda al mar que pertenecías cuando eras un eterno vagabundo. Tu conciencia se expande y tu corazón imprime el ritmo de una canción que cantan al unísono todos tus poros.

Incorpóreo y atemporal

Agotado por imprevistos vacuos y terrenales, mis ansias de trascendencia se han visto frenadas por una doxa cambiante y ajena. A tenor de los últimos acontecimientos, completamente fuera de mi control y sin una pizca de episteme, a pesar de mi exhaustiva e infructuosa búsqueda, unas turbulencias mentales me llevaron a un paroxismo inusual. Ahora, sosegado por un fracaso victorioso, fruto de la vida contradictoria del ser, voy de nuevo en busca de lo incorporeo y atemporal.