martes, 15 de septiembre de 2026

¿Nos interesa la verdad?

¿O tal vez solo salirnos con la nuestra? Tengo la sensación de que hemos cambiado la búsqueda de la verdad por le deseo vano del control y el capricho, un nuevo poder sucedáneo. La insustancialidad acuciante del sistema nos ha desbordado. Yo siempre había creído que el sentido de la vida era la búsqueda de la verdad. Y que la verdad más palpitante y esencial es el amor. Pero con el amor ocurre lo mismo que con la fama, cuesta. Y ahora estamos tan abotargados con falsedades y posverdades que, seducidos por el autoengaño, siempre al alcance de la mano, vamos dando tumbos sentimentales y anímicos, picoteando un eros virtual que nos deshumaniza, fingiendo amor, para producir dopamina de mala calidad, que nos acabará transformando en unos resentidos que se lanzarán de cabeza al embuste digital y al victimismo prefrabricado por emoticonos varios. ¿Qué nos importará entonces la verdad si nunca la tuvimos en cuenta? En verdad os digo, dice el dios de las redes, yo soy yo y mis autoengaños. Y vosotros también.

Un camino que no existe

Hay muchos caminos para llegar hasta ti. Yo, sin saberlo, elegí el camino más difícil: un camino que no existe. Una amalgama ficticia compuesta primordialmente por tus mentiras y mis ilusiones me llevaron hacia ese camino irreal, invisible, hacia ese no camino. ¿Cómo poder llegar hasta ti así? Imposible. No hay manera posible. Y cuando tú rompiste la ilusión -todavía no sé si con una nueva mentira o con la única verdad- comprendí que el camino no existía. A pesar de todo, me dije, puedo construirlo, podemos crearlo juntos. Pero tú no estabas por la labor. Así que qué hacer en un camino que no existe, anularte, vaciarte, percibir que no eres nada, que no solo no hay camino, sino que tampoco hay mundo y, que el amor que yo creía que compartíamos y construíamos juntos, sólo lo estaba construyendo yo. En el hueco donde debía estar tu amor apareció el dolor. Pero el amor siempre me maravilla y me di cuenta de que, a pesar del dolor, yo seguía amando, y no estaba dispuesto a dejar de hacerlo. El amor tiene esa libertad maravillosa, esa independencia absoluta, y no necesita correspondencia para existir. Y entonces me puse a crear el camino que aún no existe: será mi nueva creacion de amor.

lunes, 14 de septiembre de 2026

Las rutinas

Este año me fui de vacaciones a otro país en busca de mi amor. Nos conocíamos de hace años, pero este último año la relación y el amor fueron creciendo. Así que preparé el viaje para conocer a la persona de mi vida, la persona que decía que me amaba, que me idolatraba, que quería besarme todo, que sólo pensaba en estar conmigo. Y cuando por fin llegó el día del viaje, yo estaba lleno de ilusión, alegría y amor. Nos conocimos. Un par de días muy buenos. Una cena y una pequeña excursión a una isla. Pero había algo extraño. No pasábamos de ser un turista y su guía. Yo insistí en vernos más, pasar más tiempo juntos, conocer nuestras almas y nuestros cuerpos... pero me contestó que tenía sus rutinas. Y yo también tengo mis rutinas en mi país, pero las he dejado todas sólo para venir a verte, conocerte en persona y demostrarte mi amor, ese amor que nos dimos en la distancia durante más de un año. ¿Qué tendrán las rutinas para poder terminar con el amor? Nunca me gustaron las rutinas, yo soy más de amor, de un amor que crece, se expande, de un amor que sorprende a cada instante, que cambia, que muta, se transforma, evoluciona y se olvida de toda norma. Las rutinas me dan grima y el amor es lo mejor.

viernes, 11 de septiembre de 2026

Morir a plazos

Esa extraña sensación a la que vamos a tener que ir acostumbrándonos poco a poco. El sistema te lleva en la vida a desentenderte de lo importante a traves de sus subterfugios y estratagemas habituales: el éxito, la fama, el dinero... Por eso, cuando deberíamos estar cooperando estamos compitiendo. Es curioso porque, hasta que no ocurre algo drástico, no percibimos nuestra situación con nitidez. Tiene que haber una muerte, un haber estado a punto de morir, para que nos replanteemos la existencia. Y de pronto vemos que tenemos cuarenta, sesenta años o los que sea, que hemos perdido mucho tiempo, que, en definitiva, hemos ido muriendo a plazos, pues sólo hemos sobrevivido en vez de vivir. Se nos escapó el tiempo de amar, que lo cambiamos por una casa o un coche nuevo. Perdimos el tiempo haciendo dinero para gastarlo cuando seamos mayores, para obtener una falsa seguridad que, la mayoría de veces, se ve truncada por una enfermedad inesperada, por una o varias adicciones, por una soledad consumista que sólo nos da segundos de felicidad artifical. Y para vivir de una fomra más o men os desahogada, hemos tenido que pagar muchos plazos de muerte con timepo de vida, inlcuso hem os pagado nuestro ataúd antes de tiempo. Murió el amor, murió la calma, murió el placer natural, murió la sonrisa, murieron los paseos, murió la compañía linda, murió el vivir sin producir y el existir son consumir. Y cuando te quieres dar cuenta, ya estás pagando el último plazo de tu muerte.

jueves, 10 de septiembre de 2026

Infinita soledad de papel

Me encanta escribir. Últimemente no paro. Debido a diversos problemas sentimentales y como uso la escritura como terapia, una cosa me lleva a la otra. Y parece que está funcionando bastante bien. Me encuentro mucho mejor anímicamente, ya se me fueron las ganas de matar, de destruir y de autocastigarme. Escribo regodeándome en mi sufrimiento y en mi dolor, transformando ambos, a través de un largo proceso, en algo cómico, para poder, en definitiva, reírme de mí mismo, y de las estupideces que tengo que transitar en esta vida. Pero bueno, si me hace escribir, todo es bienvenido. Hay vidas que se cruzan contigo para decirte dos cosas: podía haber sido una persona maravillosa que creías, al fin, haber encontrado pero, a la postre, he decidido convertirme en este imbécil inesperado que estás sufriendo. Por eso la infinita soledad de papel me hace tanto bien. Mientras escribo hago terapia, me explico, cuento, creo, construyo la realidad a mi antojo, aquí trincho y corto, y hago de la basura sentimental una buena poesía.

Explicaciones

La gente que no quiere escuchar explicaciones suelen ser los que primero encuentran explicaciones a sus actos o actitudes estúpidas. En realidad todos necesitamos de explicaciones: qué hacer, cómo vivir, cómo actuar, adónde ir. Pueden, a veces, comenzar siendo eleciones; eliges a dónde ir, pero luego te explicas por qué has decidido eso. A mí me encanta dar explicaciones pero, últimamente, por motivos de guión vital, se me están quitando las ganas de darlas ante tanto idiota cósmico que me sale al paso. Lo que se lleva ahora son explicaciones rápidas, porque sí, porque soy así, porque de pequeño me pasó o me hiceron no sé qué. Cualquier mierda vale para explicar lo inexplicable. La mayoría de gente no quiere explicaciones argumentadas porque destruyen su autoengaño y les ponen un espejo delante donde, obviamente, se percatan de que están en el bando de los imbéciles, y eso no les gusta. Tampoco es bueno dar muchas explicaciones, sobre todo si no te las han pedido y además es tu jefe. Pero intentar explicar y solucionar cosas con amigos y amantes creo, sinceramante, que es más que conveniente para una buena salud mental y un buen transcurso de esas relaciones. Si nos limitamos a las explicaciones de chichinabo, mejor quedarnos callados.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

En mi mente

Tú sólo has existido en mi mente, igual que el amor que siento por ti. Tú, el tú de mi mente, no me fallarás nunca. En mi mente hicimos el amor como nadie lo ha hecho en la vida. En mi mente todas tus promesas se cumplieron. Y allí, en ese espacio extraño que hora me duele, nuestro amor se construía con la mayor alegría. Las ilusiones llenaron mi vida y en el corazón había tantas, que ya casi ni cabían. En mi mente viví nuestro amor, el mejor amor de mi vida. Mi cara, mi piel, todo mi cuerpo y el alma, todos sonreían. La gente admiraba mi alegría y se acercaban a recoger algo del amor que desprendía y, al caminar, iba dejando un rastro con el amor supurado. En mi mente así todo transcurría. Tú que no has existido, en mi mente me amaste noche y día.