Cualquier cosa puede ser interesante, eso depende de cada uno. Y en un acto de humildad en el que apenas me reconozco, bajaré un escalón más, y adoptaré todo aquello que me suene interesante, para moldearlo con mi intelecto, transmitirlo con mis dedos en pleno tecleteo, donde un sonido maquinal se transforma en fenomenal, y ahí es donde lo interesante empieza a sonar, y la música de la comunicación fluye y se expande, generando un baile vital del que todos formamos parte.
viernes, 24 de julio de 2026
El jardín mental
Como no tengo mucho espacio en casa -ni siquera tengo un pequeño balcón- he decidido construir un maravilloso jardín mental. En el punto más álgido de un increíble estado de éxtasis que me invadió repentinamente encontré las semillas fantásticas que se hicieron realidad para mí solo de pensarlas. Una luz ancestral y espiritual las iluminaba y, casi casi, podía oírlas hablar. Muchas eran semillas de amor: amor a los amigos, amor a la vida, amor al conocimiento... Me llamó la atención que, una de las semillas de amor, tenía la sonrisa de Robin, mi amigo más tierno y sincero. Así que fue la que primero planté. Luego planté semillas de conocimiento: de lectura, de constancia, de pensamiento crítico. También algunas semillas imaginativas y creadoras. A lo lejos se divisaba una tormenta pero como no tenía miedo no me desesperé y seguí con mi jardín mental y llenándome de emociones maravillosas que provocarán, sin duda, actitudes de la misma índole. Y seguí pensando e imaginando, construyendo mi realidad, poquito a poco, en una mente ajardinada, organizada e imaginada con el mayor cariño del universo.
jueves, 23 de julio de 2026
A los demás les deseo
Que intenten comprenderse a sí mismos, pues, a veces, comprender a los demás es imposible. Un filósofo dijo una vez que el primer problema de los demás es que son otros. La primera vez que lo oí no lo entendía bien, me pareció un comentario estrafalario y esnob, pero ahora lo encuentro acertado. Compartimos un mundo e insistimos en competir en vez de en cooperar. El amor, que debería unirnos, nos separa, a veces, por una lucha de egos, por no salir de lo que los idiotas llaman zona de confort o por elegir la rutina de todos los días en vez de la novedad que, posiblemente, no volverá a darse. Y la vida se va agotando sin haber hecho nada que valga la pena. Por eso debemos comprendernos a nosotros mismos cuanto antes. Y lanzarnos a la revolución del amor sin pensarlo dos veces. Ni siquiera una, diría yo.
miércoles, 22 de julio de 2026
Por fin comprendí que nada comprendí
Por eso voy a vivir intensamente siempre. Amando aunque duela, disfrutando del encanto de la soledad que con libros me acompaña, de las poetas muertas que susurran sus versos a mi oído, y, entre un par de esos versos, bailamos como nunca lo ha hecho nadie antes, dos almas danzantes disfrutando de las palabras de ahora y de las de antes. Aprendo de las poetas suicidas que en sus poemas siguen y seguirán vivas. Puedo ver sus sonrisas dibujando la mía. Sus versos me hacen compañía, me llevan en volandas y, por fin, comprendo que nada comprendía de la vida de los otros y que tampoco he de hacerlo. Sigo dando vueltas, danzando, en un puñado de versos que junto a mil mariposas aletean, generando una fuerza de fragilidad inmensa. No comprendo pero sigo sintiendo, amando como si todo fuera un comienzo.
Colores
Dibujé un arcoiris para llegar hasta ti. Fui saltando de nube en nube al igual que los niños hacen con los charcos, chapoteando de felicidad en cada uno de ellos, salpicándose de una alegría irrepetible que el mundo, más tarde, se encargará de robar. Sin darme cuenta, iba lanzando besos al aire, como las migas del cuento para encontrar el camino de vuelta, pero aún no percibía las sombras de un cielo encapotado que se cerniría sobre mí. Deslizándome por los colores, henchido de felicidad e ilusiones que se iban multiplicando con cada una de las canciones que mi corazón cantaba al pensar en ti. Me costó llegar, atravesé todos los colores y de repente, la oscuridad. Negro sobre blanco. Unas arenas movedizas de incomprensión me iban tragando. Pero los colores son amores. Y en cada color un amigo tiraba de mí. Y hoy puedo decir que es el día que renací.
Dando tumbos
En el amor voy dando tumbos. Y va pasando la vida. No puedo dejar de amar, pero, por lo visto, tampoco de sufrir. Soy capaz de recorrer miles de kilómetros para ir en busca de la persona amada. Pero las personas cambian de opinión, tienen miedo o indecisión, o a lo mejor llegué antes de tiempo o, quién sabe, un poco después de apagarse la llama de amor que creí ver encendida. Pero no puedo decir que nunca acierto porque yo he amado con intensidad y pasión y, para saber amar, hay que darlo todo y, también, saber irse aunque duela. Sigo amando a las personas que amé y me rechazaron. Sigo amando a las personas que amé y dejaron de vivir. Sigo amando a las personas que amé y nunca vivieron y, a pesar de que solo fueron rutina y apariencia, les ofrecí mi amor como una ciencia, de cambio, de transformación, un amor que podía haber sido la chispa de una revolución. No importa, yo sigo amando. Con o sin dolor, el amor es siempre lo mejor.
martes, 21 de julio de 2026
El vaivén del dolor
Cuando todo parece superado, de repente siento una tristeza que crece a pasos agigantados en el interior de mi pecho, una mano infernal agarra mi corazón y se hace puño, un torrente de lágrimas cae de mis ojos, dejando surcos en carne viva en las mejillas. Quiero escapar pero estoy atrapado en mi cuerpo dolorido que llora como un niño abandonado. Paso horas en esta situación que parece inamovible, pero poco a poco, sin apenas percibirlo, me voy tranquilizando, mi corazón vuelve a expandirse pero con un gran charco de sangre sentimental a su alrededor. Pienso en mi madre, en sus abrazos que curaban mi tristeza al momento, en sus besos que sanaban mis heridas, en su "curisín-curisana" si no se cura hoy se curará mañana y, ahora mismo, parece que puedo sentirla a mi lado, acariciándome el rostro y diciendo: mi niño, todo va a salir bien, tú siempre has sido el amor de mi vida.
lunes, 20 de julio de 2026
Las veces suficientes
A lo mejor no te dicho que te amo las veces suficientes. Puede, no sé, que decir mucho algo anule las palabras, pero no es el caso. ¿Cuántas veces son suficientes decir te amo para que alguien se dé cuenta del amor? Te he dicho que te amo con los ojos, con esas miradas llenas de cariño, con unos ojos sonrientes con las pupilas llenas de un brillo encantandor, te he dicho que te amo con cada caricia, con el roce de mis dedos que quieren tocar el amor en todos tus poros, con la miel de mis labios que se mezcla con la dulzura tierna de tu piel. Te he dicho te amo con el silencio y también gritando con el corazón. Te he dicho te amo en la distancia y en la presencia y, también, caminando a tu lado, observándote, intentando memorizar todos tus movimientos, tus gestos, tu olor, tu sabor. Y por eso te digo también con la voz y por escrito: te amo.
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