Cualquier cosa puede ser interesante, eso depende de cada uno. Y en un acto de humildad en el que apenas me reconozco, bajaré un escalón más, y adoptaré todo aquello que me suene interesante, para moldearlo con mi intelecto, transmitirlo con mis dedos en pleno tecleteo, donde un sonido maquinal se transforma en fenomenal, y ahí es donde lo interesante empieza a sonar, y la música de la comunicación fluye y se expande, generando un baile vital del que todos formamos parte.
jueves, 10 de septiembre de 2026
Infinita soledad de papel
Me encanta escribir. Últimemente no paro. Debido a diversos problemas sentimentales y como uso la escritura como terapia, una cosa me lleva a la otra. Y parece que está funcionando bastante bien. Me encuentro mucho mejor anímicamente, ya se me fueron las ganas de matar, de destruir y de autocastigarme. Escribo regodeándome en mi sufrimiento y en mi dolor, transformando ambos, a través de un largo proceso, en algo cómico, para poder, en definitiva, reírme de mí mismo, y de las estupideces que tengo que transitar en esta vida. Pero bueno, si me hace escribir, todo es bienvenido. Hay vidas que se cruzan contigo para decirte dos cosas: podía haber sido una persona maravillosa que creías, al fin, haber encontrado pero, a la postre, he decidido convertirme en este imbécil inesperado que estás sufriendo. Por eso la infinita soledad de papel me hace tanto bien. Mientras escribo hago terapia, me explico, cuento, creo, construyo la realidad a mi antojo, aquí trincho y corto, y hago de la basura sentimental una buena poesía.
Explicaciones
La gente que no quiere escuchar explicaciones suelen ser los que primero encuentran explicaciones a sus actos o actitudes estúpidas. En realidad todos necesitamos de explicaciones: qué hacer, cómo vivir, cómo actuar, adónde ir. Pueden, a veces, comenzar siendo eleciones; eliges a dónde ir, pero luego te explicas por qué has decidido eso. A mí me encanta dar explicaciones pero, últimamente, por motivos de guión vital, se me están quitando las ganas de darlas ante tanto idiota cósmico que me sale al paso. Lo que se lleva ahora son explicaciones rápidas, porque sí, porque soy así, porque de pequeño me pasó o me hiceron no sé qué. Cualquier mierda vale para explicar lo inexplicable. La mayoría de gente no quiere explicaciones argumentadas porque destruyen su autoengaño y les ponen un espejo delante donde, obviamente, se percatan de que están en el bando de los imbéciles, y eso no les gusta. Tampoco es bueno dar muchas explicaciones, sobre todo si no te las han pedido y además es tu jefe. Pero intentar explicar y solucionar cosas con amigos y amantes creo, sinceramante, que es más que conveniente para una buena salud mental y un buen transcurso de esas relaciones. Si nos limitamos a las explicaciones de chichinabo, mejor quedarnos callados.
miércoles, 9 de septiembre de 2026
En mi mente
Tú sólo has existido en mi mente, igual que el amor que siento por ti. Tú, el tú de mi mente, no me fallarás nunca. En mi mente hicimos el amor como nadie lo ha hecho en la vida. En mi mente todas tus promesas se cumplieron. Y allí, en ese espacio extraño que hora me duele, nuestro amor se construía con la mayor alegría. Las ilusiones llenaron mi vida y en el corazón había tantas, que ya casi ni cabían. En mi mente viví nuestro amor, el mejor amor de mi vida. Mi cara, mi piel, todo mi cuerpo y el alma, todos sonreían. La gente admiraba mi alegría y se acercaban a recoger algo del amor que desprendía y, al caminar, iba dejando un rastro con el amor supurado. En mi mente así todo transcurría. Tú que no has existido, en mi mente me amaste noche y día.
Flores invisibles
Traeme flores para el mal de amores. Esas flores invisibles tuyas, tan delicadas, que tanto me gustan. Esa flor que tanto brilla que es tu mirada que siempre va unida a la única flor que me alegra la vida: tu sonrisa. Quiero tener el jardín lleno de tus flores invisibles, que la brisa me acaricie con el tacto de tus dedos cada vez que piense en ti. Regaré tus flores con mis abrazos, con los soñados, con los prometidos y con los imaginados. Y el centro del jardín todos los abrazos dados, sentados en grupo, como los abuelos del pueblo, mirando, recordando, disfrutando de todos sus retoños, de sus hijos y sus nietos, de todos los abrazos que aún no nos hemos dado, pero que ya han nacido. Una calma amorosa me invade en este jardín de flores invisibles, un arcoíris de ensueño entre unas nubes de besos. Sopla el viento y los pájaros lanzan sus cantos pa' que viajen por el tiempo, y van rebotando en las flores, y es el eco encantador del jardín el que me crea el camino, la realidad, mi destino.
lunes, 7 de septiembre de 2026
La idea suicida
Por qué no terminamos con todo si las cosas van cada vez de mal en peor. La idea suicida aparece cuando todo parece derrumbarse. En realidad no es todo, pero el dolor parece haber infectado el resto de la vida. Un fracaso amoroso acaba haciéndote odiar el trabajo, las discusioones por nimiedades adquieren, de repente, una importancia inusual. El rictus de tu cara ha cambiado; ya no sonríes. Un gesto de asco profundo se ha aposentado en tu rostro. La cas está sucia, tu ropa huele mal, sólo ves zarrios inútiles por todas partes y todo te la trae al pairo. La idea suicida se ha sentado en tu sillón y te observa mientras lloras, sucio y despeinado, medio borracho, de rodillas en el suelo, con un montón de cosas desperdigadas a tu alrededor. La idea suicida sonríe y el halo que la ilumina cada vez es más potente. Te mira con un brillo intenso en sus ojos. La miras mientras babeas. Hay ya un pequeño charco de babas debajo de tu barbilla. Hay un duelo de miradas donde ella parece estar ganando. Decides zanjar la cuestión. Va siendo hora de poner fin a esta situación. Y decides acabar con tu vida. Agarras el arma de tu padre y disparas. En tu sillón preferido un agujero humeante que respira. La idea suicida ha muerto. Tu vida ya no es la misma. Sonríes con cierta malicia. Llaman a la puerta. La vecina, asustada, dice que ha oído un disparo. Ve el desorden de tu casa, el charco de babas, y tus pintas de auténtico impresentable. Le dices que no has oído nada, que habrá sido algún crío con un petardo, y que tus pintas se deben a que te acabas de despertar de la siesta. Cierras la puerta. La vecina sigue sin moverse delante de la puerta. La observas unos segundos por la mirilla. Pones música. Te duchas. Te afeitas. Te pones un traje elegante y sales a la calle con la mejor de tus sonrisas.
Todo pasa
Lo sabemos desde el principio, pero no hacemos caso. La juventud pasa, el tiempo corre cada vez más deprisa. El dolor pasa pero nos regodeamos en él. Un percance sentimental, un mal trabajo, una época feliz, incluso un amor. Todo pasa. Incluso este 'todo pasa' también nos pasa desapercibido la mayoría de veces. Y yo me pregunto, si sabemos que todo pasa, por qué dramatizamos tanto, por qué nos enemistamos, por qué echamos por la borda un amor. No sería mejor intentar ser felices, disfrutar del amor, dejarnos de dramas y enemistades, intentar tener una vida armoniosa, procurando no hacer daño a nuestros seres queridos, regalando libros en vez de pensar en venganzas. Si todo pasa y ese todo es la vida, por qué no la disfrutamos más, por qué no tenemos más empatia, por que no sonreímos más. Si todo fuera mejor, aunque acabe pasando, generará buenos recuerdos, buenos hábitos, habremos tenido una vida llena de amor y con buenas decisiones, en vez de una vida absurda controlada por el ego y el orgullo, por pasiones superfluas que sólo provocarán arrepentimientos. Es la vida algo sencillo que insistimos en complicar cuando merece ser disfrutada y compartida con amor. ¿Por qué la estropeamos siempre si todo pasa?
domingo, 6 de septiembre de 2026
El secreto
A quien no le ha pasado alguna vez, a mí, sinceramente, me ha ocurrido muchas, que se acerca un conocido, un compañero de trabajo, un amigo o quien sea, y te dice 'te voy a contar un secreto'. Y yo siempre he desconfiado de esta frase, porque si es un secreto no me lo puedes contar, ya que dejará de ser secreto. Es una forma de ponerte a prueba. Pero yo pienso que si me lo ha contado a mí, se lo pude haber contado a más personas. Y a veces vienen a reclamarte porque dicen que tú has difundido su secreto. ¿Pero quién empezó a difundirlo cuando me lo contó a mí, acaso no fue él? Así que la última vez que vino hacia mí un compañero de trabajo para revelarme su secreto le dije que no. Te voy a contar un secreto, dijo; mejor no, contesté yo. Se sorprendió bastante, pues, por lo visto, el contar secretos es una muestra de confianza entre la plebe y, también, una forma de intentar saber más de ti, pues luego quieren secretos de vuelta. A los mentirosos les encanta contar secretos, por cierto. Entonces mi compañero insistió en contármelo. Y cuando terminó le dije que se lo iba a decir a todo el mundo. Pero por qué, dijo, eres un cabrón, añadió. Pues para que no se me olvide, le dije.
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