sábado, 18 de julio de 2026

Romper el patrón

La mayoría actuamos a través de patrones adquiridos o aprendidos. Muchas veces no funcionan porque han sido patrones impuestos por las circunstancias sin que nos demos cuenta y, también, porque somos puro cambio: lo que ayer servía, hoy ya no sirve. Cuando repetimos frases como nadie me entiende, todo lo estropeo, todo lo hago mal... no deja de ser un cliché que repetimos, para darnos una explicaión infructuosa, cada vez que actuamos con el patrón equivocado. Por eso hay que romper el patrón. Si hay veces, muchas quizás, que sentimos culpa o arrepentimiento, esa es la señal inequívoca de que debemos romper el patrón, dejar de actuar y responder de la misma forma que hacemos siempre, salir de ese bucle emocional o de respuesta, y crear una nueva realidad que mejore nuestra existencia. Somos lo que repetimos, por eso hablo siempre de amor. El amor, aunque a veces duela -como la vida-, es la respuesta para todo. Y para romper el patrón que nos hace cometer siempre los mismos errores debemos ser sinceros, primero con nosotros mismos y, también, con quien nos relacionamos. Según los estoicos, el sufrimiento aparece ante las interpretaciones erroneas de la realidad y, como intento explicar, esas interpretaciones salen del patrón adquirido o aprendido. Rompamos el patrón, inundemos todo de amor, revolucionemos la vida. La revolucion del amor ha vuelto para ofrecernos la alegría.

viernes, 17 de julio de 2026

Todas las historias

Las que no he contado y las que sí. No hay que decirlo todo, ni tampoco callarlo todo. Tanto hablar como el silencio son decisiones con consecuencias. Por eso hay historias que uno no debe contar porque los protagonistas ya las conocen. Uno puede decidir olvidarlas, pero hay historias que siempre vuelven, que ni el tiempo se puede llevar. Podemos autoengañarnos, pero siempre será peor para nosotros, porque las volveremos a repetir, con los mismos errores de siempre y no conseguiremos avanzar. Todas las historias forman la vida. Cuando las podemos revivir sin dolor, sin engaños, es que forman parte de una buena vida. Cuando no conseguimos olvidarlas a pesar de nuestro empeño pasan a ser una lección que aún no hemos aprendido. Las historias nos construyen, nos crean, al igual que nosotros construimos nuestra realidad con nuestros pensamientos.

La filosofía

Decía Hegel que la filosofía es el arte de no ser engañado por las palabras. Si eso es verdad, he de reconocer que todavía soy un mal filósofo, pues soy un ingenuo, confío en las palabras, sobre todo si son de amor, creo en la sinceridad de las personas, abro mi corazón ante las miradas que me apasionan. El amor va más allá que la filosofía, pues es el arte de no sucumbir ante las caricias, ante los besos, no sólo ante las palabras, es el arte de comprender que, lo importante del amor, es amar, no ser amado, que no hay que buscar reciprocidad, sino esperar que surja y, si no surge, aceptarlo, con dolor, sí, pero aceptarlo. Podríamos llamarlo filosofía del amor, ese sería el nombre perfecto. Comprender que en el amor uno no es engañado porque no le amen, sino que es engañado, la mayoría de veces por uno mismo, por no saber amar. Porque a amar se aprende amando. Y a filosofar, según Hegel, no dejándose engañar con las palabras. Hoy quería filosofar sobre el amor, sobre mi vida, sobre mis últimas experiencias, sobre mis errores del día a día. La filosofía es el amor por el conocimiento, amor por la sabiduría, es descubrir el engaño antes de que destroce tu alegría. Yo he llegado tarde, pero de los errores se aprende, el dolor enseña y el amor perdura. Por eso pongo siempre mi actitud en duda, para pensar, para poder amar con mayor facilidad y gratitud.

jueves, 16 de julio de 2026

Maestro dolor

Vamos llenos de ilusiones en busca del amor. Somos capaces de recorrer miles de kilómetros creyendo solo en palabras, simplemente porque creemos que las usarán igual que lo hacemos nosotros. Generamos expectativas de la nada pensando que son una roca pero no son más que un castillo de papel que, un poco de viento, destroza en pocos segundos. Ay, pero los demás no son yo, son otros. Siguen patrones de compartamiento completamente diferentes y, muchas veces, sin ni siquiera saberlo, sin darse cuenta. Y esa esperanza de amor que uno tenía se pulveriza con un rechazo inesperado. ¿Cómo es posible?, me pregunto sumido en una tristeza repentina. Y el dolor me envuelve, me pisa, me hunde, me deja tirado como una colilla. Intento razonar y preguntarme el por qué, qué he hecho mal. Respiro hondo e intento relajarme. Sé que va a ser difícil, pero lo intento. Siento el dolor dentro de mí y pienso en preguntarle por qué está ahí. Y el dolor me contesta que está donde está porque yo lo he traído. Que este dolor emocional ha sido invitado por mi actitud ante cosas que yo no puedo controlar, como las acciones ajenas, como la respuesta de los otros a mi amor, a mi forma de ser. Me quedo tumbado un rato en silencio y luego doy un paseo. Ya me siento mejor El dolor es mi maestro. Y sigo amando, porque quiero que el amor siempre me acompañe, quiero ser amor y llevarlo a donde vaya. Expandirlo a pesar del rechazo, a pesar de la incomprensión. El maestro dolor ya se ha ido y ahora vuelvo a sonreír como un niño, como un niño herido que, a pesar de todo, quiere seguir jugando, quiere seguir amando y crecer, aunque sea como un hombre solitario.

lunes, 13 de julio de 2026

El deseo ficticio

Creemos desear tantas cosas y, sin embargo, muchas de ellas no las queremos, son solo caprichos, cosas que, al comprarlas o conseguirlas, ya ni siquiera queremos usar, o, tal vez, son solo deseos ficticios. Creemos amar a alguien, o por lo menos lo deseamos, y ese deseo ficticio lo generan mucho las redes sociales. Porque deseamos a alguien que está lejos pero, cuando se acerca, nos preocupa o nos incomoda; no sabemos cómo quitárnoslo de encima, y vamos postergando los encuentros. Eso es a lo que yo llamo el deseo ficticio. Querer tener sexo con alguien cuando está a miles de kilómetros, pero buscar excusas cuando lo tienes al lado. Ese podría ser un ejemplo de deseo ficticio. Las apariencias nos provocan muchos deseos ficticios y, las redes sociales, han potenciado las apariencias a niveles enfermizos. Llamamos amistades a personas que no hemos visto nunca y con las que nunca hemos hablado, deseamos cuerpos desconocidos, fantaseamos con aventuras sexuales que nunca se van a producir y creemos que son sueños alcanzables, nos autoengañamos, y, cuando todo puede ocurrir, el deseo ficticio se vuelve excusa, rechazo inconsciente o procrastinación morbosa. El deseo tiene que ser verdadero, igual que el amor, porque sino vamos a sufrir más de la cuenta: sufrir por un deseo que no se puede realizar y luego, sufrir porque se puede realizar.

Ser y estar

Dos verbos tan cercanos y, a la vez, tan diferentes. Uno puede estar enamorado pero también puede ser amor. Para estar enamorado hace falta alguien más, para ser amor no, porque el amor es quien eres, no con quien estás. El amor permanece y la gente cambia. Por eso nunca se deja de amar aunque creamos lo contrario. Sigues amando a la persona que conociste, a la que se te mostró, pero, tal vez, ya no amas a la persona en que se ha transformado. Ser amor y estar enamorado a la vez implica una transformación mutua. Cuando dos personas se aman hay un crecimiento interno. El amor no se puede fingir o, mejor dicho, el amor sólo se finge para uno mismo. Porque aunque des amor falso, la otra persona lo recibe como verdadero; es la magia del amor. El mentiroso es el sale perdiendo siempre. Ser amor es la esencia de la vida, la maravilla. Cuando uno es amor puede amar, enamorarse, tener compañía o no tenerla, pero siempre está rodeado de amor, flotando en amor, respirando amor. Por eso uno se enamora de la vida, de las cosas, del paisaje, del olor del mar, de la brisa matutina, de la lluvia refrescante, del bochorno del verano y del gélido invierno, porque ser amor es disfrutar del entorno, de la simpleza cotidiana, de los pequeños detalles, del silencio que nos acompaña a todas partes. Soy amor, amo el amor y amo a mi amor.

domingo, 12 de julio de 2026

El tiempo y el amor

Parece ser que todo tiene un tiempo. Y, por lo visto, yo me confundo siempre. Hay un tiempo para amar, pero yo quiero amar siempre. La distancia hace que el amor sea efervescente: chisporrotea mucho al principio pero desaparece enseguida. Yo amo en la distancia con la misma intensidad que en la presencia pero sólo yo lo percibo así. Hay un tiempo para el amor pero mi tiempo es la vida, es ahora, es siempre. Las personas están ocupadas con sus rutinas pero yo salto constantemente para alcanzar la maravilla. Pienso que no existe el tiempo, solo hay amor. Amor que se siente, amor que se comparte, amor que se disfruta. Amo de lunes a domingo, amo como un niño, no necesito que se me corresponda, solo quiero que, alguna vez, alguien me entienda, alguien respire mi aire, alguien se transforme conmigo y, tal vez, poder amar juntos.