Cualquier cosa puede ser interesante, eso depende de cada uno. Y en un acto de humildad en el que apenas me reconozco, bajaré un escalón más, y adoptaré todo aquello que me suene interesante, para moldearlo con mi intelecto, transmitirlo con mis dedos en pleno tecleteo, donde un sonido maquinal se transforma en fenomenal, y ahí es donde lo interesante empieza a sonar, y la música de la comunicación fluye y se expande, generando un baile vital del que todos formamos parte.
miércoles, 23 de septiembre de 2026
El amor es demasiado
No sé lo que pasó, no me explico cómo ocurrió. Y así iba, dando tumbos mentales, rumiando sentimientos, repensando todos los recuerdos, hasta que oí esta frase: el amor es demasiado. Tal vez ese haya sido el problema, que el amor es demasiado para ti. Desconozco tu pasado, solo lo que me contaste, que fue poco y, a lo mejor, ni siquiera era cierto. Pero sé que no te han tratado bien en las relaciones, es evidente, sólo hay que ver como actúas. Por eso el amor es demasiado para ti, porque no es lo habitual, y crees que hay alguna trampa, que la gente no puede tratarte bien porque sí, por amor, y ya está. Desconfías. Pero la vida regala oportunidades. Y hay que saberlas aprovechar pues escasean. No se puede usar el amor para mentir. El amor requiere sinceridad y la máxima ilusión compartida. El amor mantiene el fuego vivo en mi corazón. Nada ni nadie puede apagarlo porque el amor es demasiado. Yo me dejo llevar por el amor, fluyo en el amor, buceo, me sumerjo en él. El amor es demasiado porque cuando amas de verdad te das cuenta de que todo es amor.
En el mismo momento
Sí, en el mismo momento que naces mueres. Y en el mismo momento que mueres naces. En ese lapso de tiempo intermedio, en ese no tiempo, todo debe borrarse. Siempre ha sido así. No debe quedar rastro porque todo debe volver a repetirse de una u otra forma. A veces tengo la sensación de que hay situaciones que ya las he vivido, me resultan familiares y no sé por qué, porque, en teoría, son nuevas, o eso creo yo. Pero no, no lo son. Todo se repite. Puede que cambies de país, de cuerpo, de época, pero lo esencial se acaba repitiendo. Todos tenemos un camino y en ese camino hay una piedra donde siempre tropezamos. No se puede no tropezar; es la salsa de la vida. Y esa piedra con la que tropezamos, la pusimos nosostros antes de nacer para poder tropezar al morir y al volver a nacer. Es difícil salirse del bucle cuando te cambian el decorado, cuando cambias de cuerpo. En el mismo momento que mueres, te das cuenta de lo fácil que era esquivar la piedra. En el mismo momento que naces, lloras aterrado porque sabes que te encontrarás esa piedra. La piedra que tu pusiste. La piedra que te acompña a todos lados. En el mismo momento que te das cuenta de todo esto, desapareces para siempre. Y la piedra sigue ahí. Puede, incluso, que la piedra seas tú.
domingo, 20 de septiembre de 2026
Tú mismo
Empieza a ser tú mismo cuanto antes. La vida no espera, sólo pasa. Deja de esconderte, de disimular, de parecer alguien que no eres. No intentes caer bien a todo el mundo, eso no es posible y acaba pasando factura. Descúbrete, conócete y ámate. Luego, poco a poco, ya irás mejorando si es necesario. Si no te amas a ti mismo no puedes amar a nadie. Deja de darte cabezazos en la misma pared y de tropezar en la misma piedra siempre. No es que la gente te engañe o te mienta siempre, también eres tú quien los atraes y los eliges. No se puede estirar una relación en el tiempo si no funciona desde el segundo día. Hablar de lo que pasa y de lo que sientes es necesario y, a veces, soluciona muchas cosas; los malentendidos se diluyen, los errores se ven y se rectifican. Hablar es muy importante. Si no se hace, entras en un bucle o patrón o como quieras denominarlo y, más o menos, siempre te ocurrirá lo mismo, con diferencias mínimas en detalles sin importancia. Pero piensa que ser uno mismo no es decir yo soy así y ya está. Hay que corregirse, perder los miedos infundados, tener empatía, saber pedir y, sobre todo, saber dar. El amor es ofrecerse. Pero recibir sin amor, con engaños, es robar; robar la vida y el tiempo del otro. Por eso siempre hay que hablar con total sinceridad. El amor es siempre el mismo, sólo hay que saber bucear en él y ser uno mismo.
viernes, 18 de septiembre de 2026
Asilvestrado
La mejor forma de volver al amor, de sentirse libre y percibir la vida con plena intensidad es transformarse en asilvestrado. Pasear por los bosques como por tu casa, salir al balcón de esta o aquella montaña, bailar entre las flores, desnudo, para que se me impregnen todos los olores. Hablar con poca gente, solo lo imprescindible, no dar detalles ni explicar absolutamente nada, descentrar con la mirada, no escuchar comentarios ajenos, desentenderse lo máximo posible del sistema, conversar con animales, mirar al cielo a menudo, sentirlo, leerlo, vivirlo. Asilvestrado perdido me hallo, danzando al borde un abismo, con un pie fuera de la sociedad y el espíritu saltando de rama en rama o de nube en nube. Maravillado me tiene este estado asilvestrado. Salvaje como mis ancestros vuelvo a ser el mago de los charcos, el hechicero de las hierbas, la pitonisa de la risa o el dios del universo.
Aprendiendo a ver
No es fácil ver en el inframundo. Llevamos siglos aprendiendo. Según la tradición antigua allí es donde se deciden los destinos y se sellan los futuros. Caminos que se bifurcan para parir nuestra elección, situaciones en donde podríamos ser elegidos o no. Acierto y error, aceptación y rechazo, y un batiburrillo entre las cuatro. Puede ser que tras un error, o tal vez un rechazo, uno recapacite. Y uno comprende que antes de una decisión importante ha habido un juicio, se sopesan pros y contras, y el que juzga luego decide en consecuencia, aparentemente. Pero cuando aprendes a ver en el inframundo te das cuenta de que no es tan sencillo. Las decisiones son como personas, pueden que sean buenas en la niñez y, más tarde, sean malas. Entonces un error puede acabar siendo un acierto, y un rechazo, lo mejor que te haya pasado en la vida. Si el amor desaparece y habla el miedo, la sustancia, la esencia que nos guía determinará nuestras elecciones, aparentemente libres, pero condicionadas por mil cosas diferentes. Por eso un corazón herido debe encontrar el reposo, y no volver a ninguna parte sino transformarse. Aprendiendo a ver en el inframundo creo mi destino como el niño que fui pero con todas las heridas del guerrero. Con amor zurzo el corazón roto que me sonríe de nuevo al comprobar todo lo que he aprendido.
miércoles, 16 de septiembre de 2026
Náufrago
No soy uno vulgar ni típico. Soy un náufrago errático, pues naufrague en un planeta, no en una isla. Muchas personas me rodean, pero todas juntas forman ninguna. A veces un corazón se abre para mí, pero en cuanto me acerco, como una ostra, cierra su concha, se hermetiza. El amor que tengo, a pesar del dolor, me salva del abismo. Soy un náufrago en plena sublevación, revolucionado por el amor, asistido por una inteligencia que genera pocas satisfacciones y muchas tristezas. Porque, muchas veces, hallando explicaciones a los problemas, viendo muy cerca las soluciones, no está en mi mano sino en la del otro. Es complicado ver personas rotas que no puedes recomponer, sólo ellas pueden hacerlo y a lo mejor no se percatarán nunca de ello. Soy un náufrago en un mar de tierra y estrellas, y la espuma de los días se diluye en mis lágrimas y en mis risas. Me doy chapuzones de viento entre los árboles danzarines. Miro a un pájaro que me observa desde una rama. Se deja caer y emprende el vuelo. Dibuja letras en el aire y se posa a casi dos metros de mí para seguir hablándome con sus ojos. No dice nada pero lo entiendo todo. Asiente con la cabeza mientras sus alas se despiden dibujando un corazón en el aire. Adiós náufrago. Ahora el amor está en su vuelo que sigo con los ojos que sonríen al viento.
martes, 15 de septiembre de 2026
¿Nos interesa la verdad?
¿O tal vez solo salirnos con la nuestra? Tengo la sensación de que hemos cambiado la búsqueda de la verdad por le deseo vano del control y el capricho, un nuevo poder sucedáneo. La insustancialidad acuciante del sistema nos ha desbordado. Yo siempre había creído que el sentido de la vida era la búsqueda de la verdad. Y que la verdad más palpitante y esencial es el amor. Pero con el amor ocurre lo mismo que con la fama, cuesta. Y ahora estamos tan abotargados con falsedades y posverdades que, seducidos por el autoengaño, siempre al alcance de la mano, vamos dando tumbos sentimentales y anímicos, picoteando un eros virtual que nos deshumaniza, fingiendo amor, para producir dopamina de mala calidad, que nos acabará transformando en unos resentidos que se lanzarán de cabeza al embuste digital y al victimismo prefrabricado por emoticonos varios. ¿Qué nos importará entonces la verdad si nunca la tuvimos en cuenta? En verdad os digo, dice el dios de las redes, yo soy yo y mis autoengaños. Y vosotros también.
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