miércoles, 22 de julio de 2026

Por fin comprendí que nada comprendí

Por eso voy a vivir intensamente siempre. Amando aunque duela, disfrutando del encanto de la soledad que con libros me acompaña, de las poetas muertas que susurran sus versos a mi oído, y, entre un par de esos versos, bailamos como nunca lo ha hecho nadie antes, dos almas danzantes disfrutando de las palabras de ahora y de las de antes. Aprendo de las poetas suicidas que en sus poemas siguen y seguirán vivas. Puedo ver sus sonrisas dibujando la mía. Sus versos me hacen compañía, me llevan en volandas y, por fin, comprendo que nada comprendía de la vida de los otros y que tampoco he de hacerlo. Sigo dando vueltas, danzando, en un puñado de versos que junto a mil mariposas aletean, generando una fuerza de fragilidad inmensa. No comprendo pero sigo sintiendo, amando como si todo fuera un comienzo.

Colores

Dibujé un arcoiris para llegar hasta ti. Fui saltando de nube en nube al igual que los niños hacen con los charcos, chapoteando de felicidad en cada uno de ellos, salpicándose de una alegría irrepetible que el mundo, más tarde, se encargará de robar. Sin darme cuenta, iba lanzando besos al aire, como las migas del cuento para encontrar el camino de vuelta, pero aún no percibía las sombras de un cielo encapotado que se cerniría sobre mí. Deslizándome por los colores, henchido de felicidad e ilusiones que se iban multiplicando con cada una de las canciones que mi corazón cantaba al pensar en ti. Me costó llegar, atravesé todos los colores y de repente, la oscuridad. Negro sobre blanco. Unas arenas movedizas de incomprensión me iban tragando. Pero los colores son amores. Y en cada color un amigo tiraba de mí. Y hoy puedo decir que es el día que renací.

Dando tumbos

En el amor voy dando tumbos. Y va pasando la vida. No puedo dejar de amar, pero, por lo visto, tampoco de sufrir. Soy capaz de recorrer miles de kilómetros para ir en busca de la persona amada. Pero las personas cambian de opinión, tienen miedo o indecisión, o a lo mejor llegué antes de tiempo o, quién sabe, un poco después de apagarse la llama de amor que creí ver encendida. Pero no puedo decir que nunca acierto porque yo he amado con intensidad y pasión y, para saber amar, hay que darlo todo y, también, saber irse aunque duela. Sigo amando a las personas que amé y me rechazaron. Sigo amando a las personas que amé y dejaron de vivir. Sigo amando a las personas que amé y nunca vivieron y, a pesar de que solo fueron rutina y apariencia, les ofrecí mi amor como una ciencia, de cambio, de transformación, un amor que podía haber sido la chispa de una revolución. No importa, yo sigo amando. Con o sin dolor, el amor es siempre lo mejor.

martes, 21 de julio de 2026

El vaivén del dolor

Cuando todo parece superado, de repente siento una tristeza que crece a pasos agigantados en el interior de mi pecho, una mano infernal agarra mi corazón y se hace puño, un torrente de lágrimas cae de mis ojos, dejando surcos en carne viva en las mejillas. Quiero escapar pero estoy atrapado en mi cuerpo dolorido que llora como un niño abandonado. Paso horas en esta situación que parece inamovible, pero poco a poco, sin apenas percibirlo, me voy tranquilizando, mi corazón vuelve a expandirse pero con un gran charco de sangre sentimental a su alrededor. Pienso en mi madre, en sus abrazos que curaban mi tristeza al momento, en sus besos que sanaban mis heridas, en su "curisín-curisana" si no se cura hoy se curará mañana y, ahora mismo, parece que puedo sentirla a mi lado, acariciándome el rostro y diciendo: mi niño, todo va a salir bien, tú siempre has sido el amor de mi vida.

lunes, 20 de julio de 2026

Las veces suficientes

A lo mejor no te dicho que te amo las veces suficientes. Puede, no sé, que decir mucho algo anule las palabras, pero no es el caso. ¿Cuántas veces son suficientes decir te amo para que alguien se dé cuenta del amor? Te he dicho que te amo con los ojos, con esas miradas llenas de cariño, con unos ojos sonrientes con las pupilas llenas de un brillo encantandor, te he dicho que te amo con cada caricia, con el roce de mis dedos que quieren tocar el amor en todos tus poros, con la miel de mis labios que se mezcla con la dulzura tierna de tu piel. Te he dicho te amo con el silencio y también gritando con el corazón. Te he dicho te amo en la distancia y en la presencia y, también, caminando a tu lado, observándote, intentando memorizar todos tus movimientos, tus gestos, tu olor, tu sabor. Y por eso te digo también con la voz y por escrito: te amo.

domingo, 19 de julio de 2026

Vacaciones interiores

Este año han sido unas vacaciones extrañas porque, al mismo tiempo que volaba a otro país con una maleta, también viajaba al interior de mi ser. Podríamos decir que han sido unas vacaciones cognitivas, unas vacaciones ontológicas, de conocimiento del ser, para entender la mente, las emociones y mi propósito vital. Y también, por qué no, con un ratito para pensar en la muerte. Es curioso porque en las vacaciones interiores te sumerges en una lenta transformación. Uno se da cuenta de ciertos errores que pasaban inadvertidos que, a lo mejor, solo veíamos en otras personas y no en nosotros mismos. Las elecciones y las decisiones tienen consecuencias pero, de lo que me he dado cuenta en estas vacaciones es que, muchas veces, esas decisiones y elecciones que creemos tomar en plena libertad y porque queremos, en realidad no es así. Hay un autoengaño interno, tal vez debido al pasado, a las circunstancias, a nuestras rutinas y nuestra actual forma de vida que, como insistimos en no cuestionarmos, nos pasa completamente desapercibido. Por eso nos ilusionamos de forma mecánica, deseamos de manera digital, amamos algoritmos, amamos unas fotos que, por haber visto muchas veces, se nos hacen familiares, pero son solo fotos. Creemos comunicarnos con personas pero son solo apariencias digitales, disfraces de personas que están en la distancia o que, a lo mejor, ni siquiera existen. Echamos la culpa de todo al exterior o puede que, tal vez, alguna vez, nos sintamos culpables nosotros, pero siempre volvemos de cabeza a sumergirnos en la vorágine digital que tanto daño nos ha hecho. Pero las vacaciones interiores acaban abriéndote los ojos del alma. No son muy agradables al principio pero, cuando terminan, te has descubierto un poco más a ti mismo.

sábado, 18 de julio de 2026

Niebla mental

Se ha aposentado una niebla mental en mi interior y no puedo pensar ni discurrir como deseo. Tengo una bola de engrudo emocional en el centro de mi pecho. Recurro a la metacognición en último extremo y pienso en mis pensamientos, en por qué los tengo, en por qué me torturan, en por qué mi cabeza rumia como una vaca vieja que se ha atragantado con un pasado mal digerido que retorna y que se parece mucho a un presente que no se quiere ir. ¿Por qué le doy tantas vueltas a todo? ¿Por qué intento ser feliz con los demás cuando mi felicidad ha aparecido siempre estando solo? Parece que, desde que empecé a escribir, ha retornado cierto rayo de luz energético que los problemas habían drenado. Mis ojos comienzan a sonreír, siempre lo hacen antes que mis labios. El engrudo del pecho se está diluyendo y una sonrisa de niño travieso se abre camino en mi rostro viejo. El niño que fui sigue vivo, él es el que ha roto el engrudo del pecho a patadas, como si fuera un juego. Y ahora voy a volver a jugar con todos mis amigos imaginarios y con todos mis amigos muertos.