lunes, 7 de septiembre de 2026

La idea suicida

Por qué no terminamos con todo si las cosas van cada vez de mal en peor. La idea suicida aparece cuando todo parece derrumbarse. En realidad no es todo, pero el dolor parece haber infectado el resto de la vida. Un fracaso amoroso acaba haciéndote odiar el trabajo, las discusioones por nimiedades adquieren, de repente, una importancia inusual. El rictus de tu cara ha cambiado; ya no sonríes. Un gesto de asco profundo se ha aposentado en tu rostro. La cas está sucia, tu ropa huele mal, sólo ves zarrios inútiles por todas partes y todo te la trae al pairo. La idea suicida se ha sentado en tu sillón y te observa mientras lloras, sucio y despeinado, medio borracho, de rodillas en el suelo, con un montón de cosas desperdigadas a tu alrededor. La idea suicida sonríe y el halo que la ilumina cada vez es más potente. Te mira con un brillo intenso en sus ojos. La miras mientras babeas. Hay ya un pequeño charco de babas debajo de tu barbilla. Hay un duelo de miradas donde ella parece estar ganando. Decides zanjar la cuestión. Va siendo hora de poner fin a esta situación. Y decides acabar con tu vida. Agarras el arma de tu padre y disparas. En tu sillón preferido un agujero humeante que respira. La idea suicida ha muerto. Tu vida ya no es la misma. Sonríes con cierta malicia. Llaman a la puerta. La vecina, asustada, dice que ha oído un disparo. Ve el desorden de tu casa, el charco de babas, y tus pintas de auténtico impresentable. Le dices que no has oído nada, que habrá sido algún crío con un petardo, y que tus pintas se deben a que te acabas de despertar de la siesta. Cierras la puerta. La vecina sigue sin moverse delante de la puerta. La observas unos segundos por la mirilla. Pones música. Te duchas. Te afeitas. Te pones un traje elegante y sales a la calle con la mejor de tus sonrisas.

Todo pasa

Lo sabemos desde el principio, pero no hacemos caso. La juventud pasa, el tiempo corre cada vez más deprisa. El dolor pasa pero nos regodeamos en él. Un percance sentimental, un mal trabajo, una época feliz, incluso un amor. Todo pasa. Incluso este 'todo pasa' también nos pasa desapercibido la mayoría de veces. Y yo me pregunto, si sabemos que todo pasa, por qué dramatizamos tanto, por qué nos enemistamos, por qué echamos por la borda un amor. No sería mejor intentar ser felices, disfrutar del amor, dejarnos de dramas y enemistades, intentar tener una vida armoniosa, procurando no hacer daño a nuestros seres queridos, regalando libros en vez de pensar en venganzas. Si todo pasa y ese todo es la vida, por qué no la disfrutamos más, por qué no tenemos más empatia, por que no sonreímos más. Si todo fuera mejor, aunque acabe pasando, generará buenos recuerdos, buenos hábitos, habremos tenido una vida llena de amor y con buenas decisiones, en vez de una vida absurda controlada por el ego y el orgullo, por pasiones superfluas que sólo provocarán arrepentimientos. Es la vida algo sencillo que insistimos en complicar cuando merece ser disfrutada y compartida con amor. ¿Por qué la estropeamos siempre si todo pasa?

domingo, 6 de septiembre de 2026

El secreto

A quien no le ha pasado alguna vez, a mí, sinceramente, me ha ocurrido muchas, que se acerca un conocido, un compañero de trabajo, un amigo o quien sea, y te dice 'te voy a contar un secreto'. Y yo siempre he desconfiado de esta frase, porque si es un secreto no me lo puedes contar, ya que dejará de ser secreto. Es una forma de ponerte a prueba. Pero yo pienso que si me lo ha contado a mí, se lo pude haber contado a más personas. Y a veces vienen a reclamarte porque dicen que tú has difundido su secreto. ¿Pero quién empezó a difundirlo cuando me lo contó a mí, acaso no fue él? Así que la última vez que vino hacia mí un compañero de trabajo para revelarme su secreto le dije que no. Te voy a contar un secreto, dijo; mejor no, contesté yo. Se sorprendió bastante, pues, por lo visto, el contar secretos es una muestra de confianza entre la plebe y, también, una forma de intentar saber más de ti, pues luego quieren secretos de vuelta. A los mentirosos les encanta contar secretos, por cierto. Entonces mi compañero insistió en contármelo. Y cuando terminó le dije que se lo iba a decir a todo el mundo. Pero por qué, dijo, eres un cabrón, añadió. Pues para que no se me olvide, le dije.

Decisiones y consecuencias

Suelen ir unidas pero no en el mismo instante. Unas decisiones acarrearán unas consecuencias. El autoengaño, tan de moda, contribuye a tomar malas decisiones; el miedo, el egoísmo y la falta de empatía, también. Las técnicamente llamadas personalidades narcisistas que, en mi pueblo, son los hijoputas de toda la vida, no suelen llevar muy bien las consecuencias de sus decisiones. En el amor, muchas personas quieren hacer daño, aprovecharse del otro, controlar, decidir por los dos. A pesar de eso, el autoengaño les ayuda incluso hasta creerse víctimas. Pero las consecuencias siempre acaban llegando. Recuerdo una pareja de amigos que, todos los veranos, uno cortaba y tenía otras relaciones para terminar volviendo al acabar el verano. Pero un verano apareció un tercero en discordia y, cuando quiso volver, ya no había nadie esperando. Se enfureció mucho, pues no era lo acostumbrado. Se suponía que su pareja de siempre debía esperarlo, perdonarlo y volver. Le costó mucho asumir las consecuencias de sus malas decisiones porque llegaron al cabo de los años. Fueran unas consecuencias pacientes, poro hay que pensar que siempre llegan.

viernes, 4 de septiembre de 2026

¿Cuestionar o no?

Cuando dos personas mantienen una relación pueden, por ejemplo, basar ambas esa relación en el respeto pero, a la vez, entender el respeto cada una de una forma distinta. Una cree que respetar es no cuestionar nada, zanjar los problemas enseguida con un 'ha sido culpa mía', y a otra cosa mariposa. La otra persona puede creer que el respeto en una relación consista en absolutamente lo contrario, en cuestionar los problemas, en reflexiónar juntos, en llegar a soluciones reales, en dejar las rutinas y las costumbres, en olvidarse de patrones de respuesta anquilosados y obsoletos. Ambas personas fundamentan la relación en el respeto pero primero habría que llegar, de forma unánime, a definir ese respeto. Los problemas no se zanjan o se solucionan solos. Dependiendo de la gravedad hay que hablar mucho, reflexionar y cuestionarse, intentar no cometer los mismos errores siempre y no solucionar, entre comillas, todos los problemas con un perdona, ha sido culpa mía. El perdón no sirve si se repite constantemente porque no se cambia de actitud. Hablar siempre es la mejor opción. Hablar, conocerse, al otro y, sobre todo, a uno mismo.

Esa excitante sensación

De haber sido elegido para algo. Cuando percibes que todo lo que te pasa está conectado y te das cuenta de lo que, en un principio, parecían problemas, no eran más que puertas abiertas a posibilidades inmensas. Cuando ya no te dejas arrastrar por el falso victimismo ajeno y tampoco haces caso de las personas que buscan el enfrentamiento por cualquier nimiedad. Cuando estás rozando la frecuencia perfecta, ves que parte del entorno te observa con envidia. Esperaban verte hundido y, sin embargo, acabas de despegar hacia lo apabullantemente maravilloso y, obviamente, no les cuadra, se preguntan cómo puede ser posible. Cuando todas las personas que te han puesto palos en el camino te ven flotar no dan crédito a tu nueva realidad. He dejado a un lado las explicaciones que nadie me pedía. El que quiera saber que acuda a los hechos. La acción ha pasado a un primer plano debido a esa excitante sensación de haber sido elegido para algo. Permanezcan atentos a sus pantallas. La maravilla se acerca.

jueves, 3 de septiembre de 2026

Rompe la red

Deshaz el enredo. Huye de las mentiras, incluso de las piadosas. La mentira es la pandemia eterna que ha sido alimentada y potenciada en la red. Rompe la red y vive sin la superficicalidad de la apariencia. Deja de alimentar el ego digital, mata al avatar y, si hace falta, vuelve a nacer, pero siendo tú. Rompe la red, no dejes que te atrapen tan fácilmente, no des tu apoyo y colaboración para que eso ocurra. Pasea por el parque, visita las bibliotecas, lee, comparte tus lecturas, descubre lo bueno de la vida y difúndelo con la gente que ames. Haz que tu corazón arda, que haya un incendio constante, regala sonrisas a desconocidos, escucha y observa a los pájaros, imita a los perros, vuela, sé intenso, rápido o lento, pero intenso. Ámate y disfrútate como el mayor tesoro del universo. Vive. Rompe la red y vive.