sábado, 25 de julio de 2026

La intensidad

La intensidad que tengo es la intensidad que siento. Una alta sensibilidad, una gran memoria, parecen buenas características que te pueden llevar a la gloria pero, muchas veces, son un lastre que te lanza hacia el desastre. Soy intenso amando y eso provoca miedo en el inexperto. Soy intenso viviendo cuando, los demás, son intensos solo un momento y se angustian por quienes les están viendo. La intensidad es como leer, multiplica todos los instantes de tu vida, no hay rutina porque cualquier cosa nimia se transforma en maravilla. ¡Viva la intensidad! A veces me da dolor pero otras pura felicidad.

No me arrepiento

Sé que no es fácil decir esto después de haber estado sufriendo, pero no me arrepiento de haber perdido mi tiempo y mi dinero porque yo creía en lo que estaba haciendo y, claro está, tenía que intentarlo. Uno no escoge el amor, el amor aparece y, cuando aparece, mi confianza se ensancha. Durante más de un año me fui llenando de ilusiones, generando expectativas, imaginando mi futuro amoroso, amando a distancia, siendo feliz con besos y abrazos tecleados en mensajes, con vídeos que me lanzaban besos y buenas palabras, con fotos eróticas y muchas promesas que nunca se iban a cumplir. Pero como dije, no me arrepiento. He aprendido de mi error, a no confiar en las ilusiones, a entender que la esperanza, muchas veces, es como un super héroe, algo bonito pero que no existe más que en la imaginacion. No, no me arrepiento de amar. Sabía que tarde o temprano iba a doler. He aprendido también a no querer entenderlo todo. Las decisiones de los demás no están bajo mi control, y, en cualquier instante, pueden cambiar de opinión. He aprendido que el miedo obliga a mentir y que el autoengaño, a pesar de las mentiras, te transforma en una víctima que vive en su burbuja fortaleza donde no quiere asumir riesgos y sólo desea zambullirse en en sus rutinas. No, no me arrepiento de nada. Y voy a seguir amando. Y no quiero olvidarlo, quiero tenerlo siempre presente para que no me vuelva a ocurrir.

Deseos infinitos

Alguien dijo una vez que somos seres finitos con deseos infinitos. Parece una tontería pero ahí es donde comienza nuestra contradicción. Mortales que no quieren hablar de la muerte, deseamos infinitamente para sentirnos inmortales. Luego, en el lecho de muerte, lloramos como criaturas desconsoladas porque nos damos cuenta de que apenas hemos vivido, de que la vida que hemos vivido ha sido prefabricada por otros, de que nuestras decisiones ni siquiera fueron nuestras, pues deseábamos cosas que luego rechazamos, elegimos cosas que no queríamos, en definitiva, tuvimos una vida que no fue la nuestra. Por eso creo que hay que desear poco pero bien. Ir en busca de lo que se desea y dejar de buscar excusas que se amolden a nuestros caprichos momentaneos. Desear con sinceridad y con amor hará que evitemos el error. Los deseos infinitos son como un pozo sin fondo y, sin embargo, nosotros estamos llenos de límites, muchos impuestos, eso sí, aprendidos con disciplina en nuestra vida social y familiar. Y preferimos no disgustar al entorno, no dar qué hablar, que ser felices. El deseo infinito es propio del adicto y, tristemente, ahora, gracias a las redes sociales, adictos somos casi todos. Adictos, manipulados, borregos aunque, gracias al autoengaño, creemos ser normales, estar bien informados y que nadie nos manipula. Ah, y que siempre hacemos lo que queremos,a pesar de nuestros desos infinitos.

Del mejor modo posible

Hay muchas formas de ver. Por eso hay cosas (y personas) que nos pasan desapercibidas y otras que nos llaman la atención. Pero cuando alguien te pasaba desapercibido y ahora te llama la atención, hay muchas posibilidades de que se haya introducido en la ecuación el amor. Por eso cuando amo, veo del mejor modo posible. Veo ternura en el fondo de una mirada dura. Veo timidez en el postureo artificial de las fotos para redes sociales, descubro a la persona que se esconde en el personaje. Incluso, en un caso extremo, puedo llegar a entender el rechazo ante la intensidad de mi amor. No todo el mundo está preparado para el amor, ni siquiera para el deseo, por eso hemos de escoger bien nuestros deseos. Muchas veces las plegarias atendidas no son bien recibidas. Deseamos tanto a alguien que, cuando está a nuestro alcance, no sabemos qué hacer. Pero si fuéramos capaces de ver del mejor modo posible, seguramente, ahora, estaríamos en la cama disfrutando de nuestro amor.

viernes, 24 de julio de 2026

El jardín mental

Como no tengo mucho espacio en casa -ni siquera tengo un pequeño balcón- he decidido construir un maravilloso jardín mental. En el punto más álgido de un increíble estado de éxtasis que me invadió repentinamente encontré las semillas fantásticas que se hicieron realidad para mí solo de pensarlas. Una luz ancestral y espiritual las iluminaba y, casi casi, podía oírlas hablar. Muchas eran semillas de amor: amor a los amigos, amor a la vida, amor al conocimiento... Me llamó la atención que, una de las semillas de amor, tenía la sonrisa de Robin, mi amigo más tierno y sincero. Así que fue la que primero planté. Luego planté semillas de conocimiento: de lectura, de constancia, de pensamiento crítico. También algunas semillas imaginativas y creadoras. A lo lejos se divisaba una tormenta pero como no tenía miedo no me desesperé y seguí con mi jardín mental y llenándome de emociones maravillosas que provocarán, sin duda, actitudes de la misma índole. Y seguí pensando e imaginando, construyendo mi realidad, poquito a poco, en una mente ajardinada, organizada e imaginada con el mayor cariño del universo.

jueves, 23 de julio de 2026

A los demás les deseo

Que intenten comprenderse a sí mismos, pues, a veces, comprender a los demás es imposible. Un filósofo dijo una vez que el primer problema de los demás es que son otros. La primera vez que lo oí no lo entendía bien, me pareció un comentario estrafalario y esnob, pero ahora lo encuentro acertado. Compartimos un mundo e insistimos en competir en vez de en cooperar. El amor, que debería unirnos, nos separa, a veces, por una lucha de egos, por no salir de lo que los idiotas llaman zona de confort o por elegir la rutina de todos los días en vez de la novedad que, posiblemente, no volverá a darse. Y la vida se va agotando sin haber hecho nada que valga la pena. Por eso debemos comprendernos a nosotros mismos cuanto antes. Y lanzarnos a la revolución del amor sin pensarlo dos veces. Ni siquiera una, diría yo.

miércoles, 22 de julio de 2026

Por fin comprendí que nada comprendí

Por eso voy a vivir intensamente siempre. Amando aunque duela, disfrutando del encanto de la soledad que con libros me acompaña, de las poetas muertas que susurran sus versos a mi oído, y, entre un par de esos versos, bailamos como nunca lo ha hecho nadie antes, dos almas danzantes disfrutando de las palabras de ahora y de las de antes. Aprendo de las poetas suicidas que en sus poemas siguen y seguirán vivas. Puedo ver sus sonrisas dibujando la mía. Sus versos me hacen compañía, me llevan en volandas y, por fin, comprendo que nada comprendía de la vida de los otros y que tampoco he de hacerlo. Sigo dando vueltas, danzando, en un puñado de versos que junto a mil mariposas aletean, generando una fuerza de fragilidad inmensa. No comprendo pero sigo sintiendo, amando como si todo fuera un comienzo.