sábado, 15 de agosto de 2026

Imprevistos

Os habéis dado cuenta de que hay personas que dicen odiar según qué cosas que, a la postre, son ellos mismos. Por ejemplo, no les gusta esperar pero siempre llegan tarde. Otros dicen odiar los imprevistos y después te ponen excusas para todo. Cuando las excusas son las principales generadoras de imprevistos, pero ellos las usan como un comodín. El problema, siempre, es cuando le das la vuelta a la tortilla. El odiador de imprevistos quiere que salga todo como había planeado y, por eso, cuando dentro de sus planes hay excusas e imprevistos para el resto, para él dejan de serlo. En realidad el problema hoy en día es la definición de conceptos, que la solemos hacer según nos conviene a nosotros, puro auotoengaño en definitiva. Porque si odias los imprevistos no los provocas. La mejor manera de no caer en el imprevisto es cumplir las promesas, ser sincero, hacer que tu palabra tenga validez, y no esa obsesión de los últimos tiempos de creer que se queda bien mintiendo todo el rato. El mayor imprevisto es el autoengaño, usar mentiras con seres cercanos y en asuntos profundos. Y el falso odiador de imprevistos suele caer en un bucle cotidiano: odiar algo que provoca, mentir constantemente en su relato, barnizarlo con autoengaño para no percibir sus mentiras y, por último, hacerse la víctima cuando es descubierto. Sal del bucle, aún estás a tiempo.

Momentos que nunca existieron

Conservo los momentos que nunca existieron en mi memoria. Todas tus promesas e ilusiones a las cuales yo di vida en mi cabeza porque creía en ti, tenía plena confianza en tus palabras porque te amaba. Aún te amo, pero con la confianza muerta entre mis brazos, con sus ojos desorbitados y su cara llena de espanto. El amor ha pasado de ilusionante a doloroso, pero no quiere dejar de existir. Recuerdo cada una de tus frases, cada vez más cercanas y cariñosas, lo atento y cuidadoso que eras, el interés que me hacías creer sentir por mí. Todo eso fue derritiendo todas mis corazas y mi corazón era completamente tuyo. Entonces mi imaginación fue creando los recuerdos más bellos. Recreaba con anticipación todo lo que tus frases prometían y cada día me sentía más feliz. Las ganas de estar a tu lado se acrecentaban. Personas cercanas notaban la felicidad en mi rostro, me veían flotando, con una sonrisa encantadora perpetua, y yo decía que era el amor que en volandas em llevaba. Por eso, esos momentos que nunca existieron, que sólo fueron anunciados, una publicidad de un producto sentimental que nunca existió, pero que duele como una daga clavada en el corazón. Por eso sigo conservando esos recuerdos.

jueves, 13 de agosto de 2026

Lloro y deliro

Sí, lloro y deliro por mi amor. No quiero perderlo. ¿Pero es alguien en concreto? No, no, es el amor en general, ese amor que me hace sentir fenomenal para, al poco rato, verme a rastras buscándolo por todos los rincones de la casa. A veces se esconde, es entonces cuando acudo a la biblioteca y contemplo los libros como si fueran imágenes de santos en un templo. Me asaltan recuerdos, releo algunas líneas, veo un libro nuevo, alguno que aún no he leído y me sorprendo al recordar por qué lo adquirí, cómo llegué hasta él y, si no lo recuerdo, me lo invento, y tan contento. Voy cambiando de libro cada cierto tiempo, de este leo la contraportada, del otro acaricio el lomo y, en el siguiente, paso las hojas con rapidez mientras aspiro ese olor genuino a libro nuevo con una ligera capa de polvo que no veo. Lloro y deliro, leo un libro, empiezo otro, ay el amor, no quiero perderlo.

Visto el panorama

Me vuelvo a mi casa y continúo mandando mensajes de amor. El amor digital es fenomenal cuando no adquiere la tercera dimensión. Me sumerjo en las redes de mentiras sociales, para que me digan lo guapo que soy, lo inteligente que soy y como me aman cuando me desnudo. Deseo de pantalla, conversaciones de teclado, ¿para qué necesitar a nadie a tu lado? Hoy enseñas el pecho, mañana un costado, dejas entrever, entre sombras, parte de tu sexo y los unos y ceros se calientan. La pantalla se llena de babas digitales y una oleada de comentarios, pegajosamente espérmicos hace que tu ego de niño mimado se sienta hinchado. El mundo se masturba con tus fotos mientras tú comes un helado de supermercado. Visto el panorama, puedes ser un rey o una puta, o todo mezclado. Pero llega mañana y suena el despertador. Tienes que intervenir con la tercera dimensión, cumplir tu deber con el estado de chichinabo. Pero llevas un salvavidas para esos momentos en los que no puedes más y sacas el móvil para cotejar reacciones Trece 'me gusta' y seis comentarios. Te sientes aliviado. Valió la pena enseñar carnaza al populacho. Terminas en el trabajo y vuelves a casa. Una ducha, con fotos claro. Un vídeo mientras me seco. Aumentan las reacciones. Ya puedes dormir contento.

miércoles, 12 de agosto de 2026

Nací sólo para amarte

Media vida buscando un sentido a mi existencia y, cuando lo encuentro, cuando descubro por fin que nací sólo para amarte, voy hacia ti con ilusiones compartidas y, cuando llego, no había ninguna, todas habían muerto vivas. Nací sólo para amarte y, cuando voy a buscarte, te pierdo. Recurro al arte para serenarme, quiero buscar la paz que murió con nuestro encuentro. Quiero entender y no puedo, no veo ningún sentido a este entuerto. Nací sólo para amarte, repite un eco que me sigue a todas partes. Siempre el mismo estribillo, nací sólo para amarte y lo voy a transformar en un arte. Va a ser un juego, y yo un niño. Voy a jugar con el amor en cada guiño. Cada palabra contendrá ternura y, cuando te piense, mi corazón, en paz y alegre, sonreirá con lo que pudo haber sido, con todo lo que imagino, sintiendo que no hay error, pues todo es un juego y yo un niño que nació sólo para amarte y recrearte para vencer al olvido.

¿Qué habrá después?

¿Será todo distinto a lo vivido o será más de lo mismo? Pero si es lo mismo, ¿para qué un ahora y un después? Imagino que, en parte, será distinto, porque tendré todo el tiempo del mundo para crear la diferencia, formando parte de la plena conciencia, siendo esencia de amor y, del espacio, gigante placenta que da a luz nuevos planetas, nuevos universos, nuevas metas. ¿Habrá tranquilidad o tendremos que seguir sufriendo a millones de imbéciles con sus impertinencias? Que no haya nada es algo que me gusta. Siempre he querido estar sin hacer nada, pero nunca lo consigo. Cuando estoy solo pienso y escribo y, la mayoría de veces que alguien me acompaña acaba tocándome las dos bolas de debajo de mi ombligo. La nada me espera y voy hacia ella, con los brazos abiertos y sin niguna promesa. La nada busca imaginación para decorar la habitación donde pasaré la vida eterna.

martes, 11 de agosto de 2026

La falsa perdida

La falsedad está a la orden del día. Noticias falsas, análisis falsos, políticos falsos... Poco a poco ha ido impregnando y contagiando a toda la sociedad. A veces uno cree perder algo que no existe. Y al principio duele igual hasta que percibes que solo era una creencia sin fundamentos, una mera ilusión. A veces crees perder un amigo porque te deja plantado, porque te miente, porque no tiene tiempo para ti, pero eso no es un amigo, es sólo una creencia falsa, los amigos no hacen eso,por tanto no hay tal perdida y el dolor que sentías se difumina. Lo mismo ocurre con el amor. Quien te ama no te miente, ni te rechaza, ni te pone excusas donde antes plantó promesas e ilusiones; entonces no pierdes un amor sino un error, una confusión, un despiste, lo que tu quieras menos un amor. A la larga, con el tiempo, las falsas perdidas acaban alegrándote la vida. Y cuánto antes las tengas, muchísimo mejor te irá todo en la vida.