Cualquier cosa puede ser interesante, eso depende de cada uno. Y en un acto de humildad en el que apenas me reconozco, bajaré un escalón más, y adoptaré todo aquello que me suene interesante, para moldearlo con mi intelecto, transmitirlo con mis dedos en pleno tecleteo, donde un sonido maquinal se transforma en fenomenal, y ahí es donde lo interesante empieza a sonar, y la música de la comunicación fluye y se expande, generando un baile vital del que todos formamos parte.
viernes, 18 de septiembre de 2026
Asilvestrado
La mejor forma de volver al amor, de sentirse libre y percibir la vida con plena intensidad es transformarse en asilvestrado. Pasear por los bosques como por tu casa, salir al balcón de esta o aquella montaña, bailar entre las flores, desnudo, para que se me impregnen todos los olores. Hablar con poca gente, solo lo imprescindible, no dar detalles ni explicar absolutamente nada, descentrar con la mirada, no escuchar comentarios ajenos, desentenderse lo máximo posible del sistema, conversar con animales, mirar al cielo a menudo, sentirlo, leerlo, vivirlo. Asilvestrado perdido me hallo, danzando al borde un abismo, con un pie fuera de la sociedad y el espíritu saltando de rama en rama o de nube en nube. Maravillado me tiene este estado asilvestrado. Salvaje como mis ancestros vuelvo a ser el mago de los charcos, el hechicero de las hierbas, la pitonisa de la risa o el dios del universo.
Aprendiendo a ver
No es fácil ver en el inframundo. Llevamos siglos aprendiendo. Según la tradición antigua allí es donde se deciden los destinos y se sellan los futuros. Caminos que se bifurcan para parir nuestra elección, situaciones en donde podríamos ser elegidos o no. Acierto y error, aceptación y rechazo, y un batiburrillo entre las cuatro. Puede ser que tras un error, o tal vez un rechazo, uno recapacite. Y uno comprende que antes de una decisión importante ha habido un juicio, se sopesan pros y contras, y el que juzga luego decide en consecuencia, aparentemente. Pero cuando aprendes a ver en el inframundo te das cuenta de que no es tan sencillo. Las decisiones son como personas, pueden que sean buenas en la niñez y, más tarde, sean malas. Entonces un error puede acabar siendo un acierto, y un rechazo, lo mejor que te haya pasado en la vida. Si el amor desaparece y habla el miedo, la sustancia, la esencia que nos guía determinará nuestras elecciones, aparentemente libres, pero condicionadas por mil cosas diferentes. Por eso un corazón herido debe encontrar el reposo, y no volver a ninguna parte sino transformarse. Aprendiendo a ver en el inframundo creo mi destino como el niño que fui pero con todas las heridas del guerrero. Con amor zurzo el corazón roto que me sonríe de nuevo al comprobar todo lo que he aprendido.
miércoles, 16 de septiembre de 2026
Náufrago
No soy uno vulgar ni típico. Soy un náufrago errático, pues naufrague en un planeta, no en una isla. Muchas personas me rodean, pero todas juntas forman ninguna. A veces un corazón se abre para mí, pero en cuanto me acerco, como una ostra, cierra su concha, se hermetiza. El amor que tengo, a pesar del dolor, me salva del abismo. Soy un náufrago en plena sublevación, revolucionado por el amor, asistido por una inteligencia que genera pocas satisfacciones y muchas tristezas. Porque, muchas veces, hallando explicaciones a los problemas, viendo muy cerca las soluciones, no está en mi mano sino en la del otro. Es complicado ver personas rotas que no puedes recomponer, sólo ellas pueden hacerlo y a lo mejor no se percatarán nunca de ello. Soy un náufrago en un mar de tierra y estrellas, y la espuma de los días se diluye en mis lágrimas y en mis risas. Me doy chapuzones de viento entre los árboles danzarines. Miro a un pájaro que me observa desde una rama. Se deja caer y emprende el vuelo. Dibuja letras en el aire y se posa a casi dos metros de mí para seguir hablándome con sus ojos. No dice nada pero lo entiendo todo. Asiente con la cabeza mientras sus alas se despiden dibujando un corazón en el aire. Adiós náufrago. Ahora el amor está en su vuelo que sigo con los ojos que sonríen al viento.
martes, 15 de septiembre de 2026
¿Nos interesa la verdad?
¿O tal vez solo salirnos con la nuestra? Tengo la sensación de que hemos cambiado la búsqueda de la verdad por le deseo vano del control y el capricho, un nuevo poder sucedáneo. La insustancialidad acuciante del sistema nos ha desbordado. Yo siempre había creído que el sentido de la vida era la búsqueda de la verdad. Y que la verdad más palpitante y esencial es el amor. Pero con el amor ocurre lo mismo que con la fama, cuesta. Y ahora estamos tan abotargados con falsedades y posverdades que, seducidos por el autoengaño, siempre al alcance de la mano, vamos dando tumbos sentimentales y anímicos, picoteando un eros virtual que nos deshumaniza, fingiendo amor, para producir dopamina de mala calidad, que nos acabará transformando en unos resentidos que se lanzarán de cabeza al embuste digital y al victimismo prefrabricado por emoticonos varios. ¿Qué nos importará entonces la verdad si nunca la tuvimos en cuenta? En verdad os digo, dice el dios de las redes, yo soy yo y mis autoengaños. Y vosotros también.
Un camino que no existe
Hay muchos caminos para llegar hasta ti. Yo, sin saberlo, elegí el camino más difícil: un camino que no existe. Una amalgama ficticia compuesta primordialmente por tus mentiras y mis ilusiones me llevaron hacia ese camino irreal, invisible, hacia ese no camino. ¿Cómo poder llegar hasta ti así? Imposible. No hay manera posible. Y cuando tú rompiste la ilusión -todavía no sé si con una nueva mentira o con la única verdad- comprendí que el camino no existía. A pesar de todo, me dije, puedo construirlo, podemos crearlo juntos. Pero tú no estabas por la labor. Así que qué hacer en un camino que no existe, anularte, vaciarte, percibir que no eres nada, que no solo no hay camino, sino que tampoco hay mundo y, que el amor que yo creía que compartíamos y construíamos juntos, sólo lo estaba construyendo yo. En el hueco donde debía estar tu amor apareció el dolor. Pero el amor siempre me maravilla y me di cuenta de que, a pesar del dolor, yo seguía amando, y no estaba dispuesto a dejar de hacerlo. El amor tiene esa libertad maravillosa, esa independencia absoluta, y no necesita correspondencia para existir. Y entonces me puse a crear el camino que aún no existe: será mi nueva creacion de amor.
lunes, 14 de septiembre de 2026
Las rutinas
Este año me fui de vacaciones a otro país en busca de mi amor. Nos conocíamos de hace años, pero este último año la relación y el amor fueron creciendo. Así que preparé el viaje para conocer a la persona de mi vida, la persona que decía que me amaba, que me idolatraba, que quería besarme todo, que sólo pensaba en estar conmigo. Y cuando por fin llegó el día del viaje, yo estaba lleno de ilusión, alegría y amor. Nos conocimos. Un par de días muy buenos. Una cena y una pequeña excursión a una isla. Pero había algo extraño. No pasábamos de ser un turista y su guía. Yo insistí en vernos más, pasar más tiempo juntos, conocer nuestras almas y nuestros cuerpos... pero me contestó que tenía sus rutinas. Y yo también tengo mis rutinas en mi país, pero las he dejado todas sólo para venir a verte, conocerte en persona y demostrarte mi amor, ese amor que nos dimos en la distancia durante más de un año. ¿Qué tendrán las rutinas para poder terminar con el amor? Nunca me gustaron las rutinas, yo soy más de amor, de un amor que crece, se expande, de un amor que sorprende a cada instante, que cambia, que muta, se transforma, evoluciona y se olvida de toda norma. Las rutinas me dan grima y el amor es lo mejor.
viernes, 11 de septiembre de 2026
Morir a plazos
Esa extraña sensación a la que vamos a tener que ir acostumbrándonos poco a poco. El sistema te lleva en la vida a desentenderte de lo importante a traves de sus subterfugios y estratagemas habituales: el éxito, la fama, el dinero... Por eso, cuando deberíamos estar cooperando estamos compitiendo. Es curioso porque, hasta que no ocurre algo drástico, no percibimos nuestra situación con nitidez. Tiene que haber una muerte, un haber estado a punto de morir, para que nos replanteemos la existencia. Y de pronto vemos que tenemos cuarenta, sesenta años o los que sea, que hemos perdido mucho tiempo, que, en definitiva, hemos ido muriendo a plazos, pues sólo hemos sobrevivido en vez de vivir. Se nos escapó el tiempo de amar, que lo cambiamos por una casa o un coche nuevo. Perdimos el tiempo haciendo dinero para gastarlo cuando seamos mayores, para obtener una falsa seguridad que, la mayoría de veces, se ve truncada por una enfermedad inesperada, por una o varias adicciones, por una soledad consumista que sólo nos da segundos de felicidad artifical. Y para vivir de una fomra más o men os desahogada, hemos tenido que pagar muchos plazos de muerte con timepo de vida, inlcuso hem os pagado nuestro ataúd antes de tiempo. Murió el amor, murió la calma, murió el placer natural, murió la sonrisa, murieron los paseos, murió la compañía linda, murió el vivir sin producir y el existir son consumir. Y cuando te quieres dar cuenta, ya estás pagando el último plazo de tu muerte.
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