sábado, 29 de agosto de 2026

Las alas

Baten las alas todas tus miradas que a mis fotos regalabas y, sin embargo, cuando estoy delante tuyo, se quedan abotargadas. Baten las alas los besos soñados que escapan de una realidad extraña y bailan en el cielo dibujando figuras fantásticas, como los pájaros en sus fiestas de bandadas, que escriben su diario entre nubes donde todos nuestros sueños fueron enterrados. Tal vez en otra vida... no, no la habrá, y si la hubiera, no nos encontraríamos, ¿para qué? Sólo nos queda este batir de alas imaginado que suena igual que todas las caricias que no te di. Mi espíritu sigue entrelazado a algo que, al principio, creía que era el tuyo, pero ahora ya lo dudo. El batir de alas aumenta y mi memoria se quiebra. Se hace la nada. Luego chapotea. Algo se está creando. Puede que una realidad nueva.

viernes, 28 de agosto de 2026

Pequeño bastardo inmaduro

Qué cosas tiene la vida. Cuando crees superados ciertos asuntos, ciertas actitudes, viene un día la vida y te dice ¡aún hay más! Y aparece otro pequeño bastardo inmaduro dispuesto a desestabilizarte. ¿Pero con qué fin? A esta gente no les hace falta ninguno. Todo empieza por querer tener el control. La ineptitud les ha llevado aun patrón que no busca otra cosa. Y el autoengaño ayuda bastante para poder soportarlo con cierta falsa dignidad. A veces se percatan de su inmadurez pero enseguida se les olvida, se victimizan unos segundos y, después, se lanzan de cabeza al patrón, zambulléndose en el bucle rutinario de siempre. No saben por qué, pero adquieren un toque de tristeza y seriedad, perfecto para el disimulo que practican, que les hace pasar desapercibidos, incluso les da un toque interesante; irreal, pero interesante. ¿Habrá mnuchos más? Yo ya me he encontrado unos cuantos y, por lo que se ve, últimamente están proliferando. Mentalidades infantiles en cuerpos de adultos, personas con miedo a confrontar y dialogar, huyen de los problemas que generan con su actitud como si así dejaran de existir. El pequeño bastardo inmaduro ataca de nuevo. Pero se tiene que andar con cuidado porque no todo el mundo responde de la misma forma. La suerte está echada. Hagan sus apuestas. ¿Cuánto tardarán en ser descubiertos? Me temo que falta muy poco.

Estamos solos

En cualquier momento de espera entramos en las redes sociales y nos sentinmos acompañados: hablamos, vemos a supuestos amigos, a futuros amantes, tal vez, incluso, algún amor. Estamos en casa y nos llaman: mantenemos sexo digital con una persona que está a cientos o miles de kilómetros de nosotros. Nos informamos por internet de un mundo que no existe. Comentamos, intervenimos, hacemos una revolución política en calzoncillos y desde el sillón de casa. Nos sentimos bien o eso creemos. Cuando estamos en la realidad y surge algo interesante, el aparato digital interviene, compartimos, recibimos 'me gusta' y comentarios, es el soma del momento. Hacemos fotos, subimos parte de nuestras vidas o tal vez toda. Cuadros, textos, vídeos, directos, cualquier cosa que nos dé algunos segundos de protagonismo y puede que también dinero. Pero estamos solos, completamente solos. Rompe el móvil a martillazos y, antes de cinco minutos, ya te habrá asaltado el arrepentimiento y la congoja. Trabajas o eso crees. Ves a tu familia, risas, fotos y las subes a la red. ¿Cuándo empezó todo esto? El día que nos quedamos solos. El día que hicimos un viaje para conocer al amor de nuestra vida y, al vernos, se le atragantó la cercanía. ¿Por qué? Porque estamos solos. Asúmelo, no hay nadie más. Solo estás tú. Y no estás viviendo la vida sino asumiendo la muerte tan despacio que, cuando te quieras dar cuenta, ya habrás desaparecido. Y cuando eso ocurra ya no estarás solo: solo habrá nada.

jueves, 27 de agosto de 2026

Amor que se aleja

Huye a la velocidad de una sala de espera, donde nada acontece, sólo hay un sumidero en el centro por donde se cuelan todas esas lindas promesas que se dijeron. Amor que se aleja, como el avión que asciende y surca el cielo entre nubes de algodón sucias de sangre seca y sonrisas rotas. Primero hay un dolor, emocionalmente físico o físicamente emocional, no sé, que te oprime el plexo, el corazón, el pecho entero. Quiere salir: es el amor que se aleja. Luego los recuerdos se hacen un ovillo, se enredan en una madeja que parece un tachón enorme que va desapareciendo con la lluvia de unos ojos intensos que ya no se preguntan nada. Amor que se aleja y otro llamando a la puerta. Aún no lo percibo; intuyo, vislumbro, solo oigo un pequeño ruido que ronronea. Un nuevo amor que surge de las cenizas y en el corazón suenan campanas que despiden al amor que se aleja.

miércoles, 26 de agosto de 2026

¡Arde corazón!

No dejes nunca que te apague nadie. Créeme, hay mucho cabrón suelto. Para todos ellos: indiferencia. ¡Arde corazón!, quema el mundo, ponle luz a toda ilusión, arde en todos mis sueños, arde y se intenso, porque así es como me siento. No dejes de arder nunca, corazón. Quiero verte siempre en llamas porque, así, todo lo haré con amor y estaré mucho mejor. Arde corazón, arde siempre. No dejes que el viento de la mentira apague tu fuego. ¡Arde corazón! Calienta mi cuerpo, alumbra mi pensamiento, vuélveme loco, quiero jugar con tu fuego el juego del amor bonito. Arde aunque sea en soledad. ¡Arde corazón!, yo no quiero más nada ni nadie, sólo te quiero ardiendo a ti, corazón.

martes, 25 de agosto de 2026

Tal vez

Te han hecho así. Te han moldeado con miedos y disimulos. Por eso no amas a nadie. Sólo amas la inmensidad del mar, el aroma salado que desprende, la sal de la vida que no entiendes. Tal vez todo consista en reaprender, en cambiar el formato, en romper el patrón. Desaprender y empezar de nuevo, sin miedos, con pura valentía renovada, olvidando el disimulo, siendo por fin uno mismo, y disfrutando de lo que uno es. Tal vez hay que clonar esos pequeños instantes en soledad donde te sientes verdaderamente libre y extenderlos y plantarlos por todos los momentos de tu vida. Tal vez deberías masticar esa tristeza que te envuelve a todas horas y escupirla o tragarla y esbozar una sonrisa al comprobar que por fin, una catarsis inesperada, ha hecho el milagro y ahora puedes vivir siendo tú. Tal vez.

No hay nadie más triste que nosotros

Creía que no me amabas, pero no puedes dar más de lo que eres, lo que has aprendido. Tu amor es ese envoltorio digital que recibo con cariño que, al principio, me hacía la misma ilusión que a un niño cuando le invitan a un juego nuevo. Los decoradores del destino añadieron la tercera dimensión, y todo lo que había crecido hasta entonces se desintegró en pocos instantes, ilusión tras ilusión. Una guerra de realidad las fue acribillando a todas; no dejó ni una en pie. Pero el amor, de alguna extraña manera, continuaba. No hay nadie más triste que nosotros. No sabemos culminar el amor que en la distancia creció. Los besos que en los mensajes se multiplicaban, los masajes prometidos, la cercanía verbal anuló a la corporal. No hay nadie más triste que nosotros, escondidos en un coche, intentando un beso con miedo y vergüenza, evitando las caricias prometidas, olvidando el goce pactado, abortando el sexo inventado. Uno preocupado por el qué dirán y otro sufriendo por no encontrar la forma de actuar correcta. Somos tristes, los más tristes. Teniéndolo todo a nuestro favor destrozamos el momento, aniquilamos la oportunidad. No hay nadie más triste que nosotros.