sábado, 1 de agosto de 2026

El amor verdadero

Cuando me decido a buscar, el noventa y nueve por ciento de las veces elijo la peor opción. Tal vez sea cierto eso que dicen que no hay que buscar ni amor ni muerte, que ya te encontrarán ellos cuando sea el momento. El uno por ciento restante, llamémosle el uno por ciento exitoso, es cuando elijo no elegir y me quedo solo con mis libros. Puede que mi verdadero amor sea la lectura o la escritura. Una lectura que me lleva a otra, un escritor que me recomienda a otro, una fiesta de libros. Una fiesta tranquila, sin sobresaltos. Aunque ha habido libros que han sido una auténtica aventura de amor. Leerlo en el momento indicado o, tal vez, su búsqueda, tener que viajar a otra ciudad, ir a una pequeña librería que tenía un único ejemplar, pero cuando llegas ya no está, auque hay un cliente de la librería que te informa de otro sitio donde podrías enconmtrarlo, pero que vas a tener que darte un buen paseo para llegar allí, y llegas y está cerrado, y tienes que volver el lunes pero tu te vas el domingo, así que tienes que esperar a tu siguiente viaje, pasados unos meses y, al fin, consigues el libro que se transforma en un gran tesoro, en tu nuevo amor, el amor verdadero.

viernes, 31 de julio de 2026

Eternos vagabundos

Siempre en busca de una seguridad engañosa, nos vendemos al mundo como seres de luz cuando nuestro corazón es un cristal oscuro. Un golpe emocional nos baja del pedestal social al que creíamos haber ascendido. Todo lo que eras ya no existe. Las apariencias se han hecho añicos, el ego se ha diluido en el asfalto de un nuevo error aún no asumido. El yo llora como un niño de pecho que aún no ha comido. Las lágrimas se secan en tu rostro. Tu piel, ahora salada, recuerda al mar que pertenecías cuando eras un eterno vagabundo. Tu conciencia se expande y tu corazón imprime el ritmo de una canción que cantan al unísono todos tus poros.

Incorpóreo y atemporal

Agotado por imprevistos vacuos y terrenales, mis ansias de trascendencia se han visto frenadas por una doxa cambiante y ajena. A tenor de los últimos acontecimientos, completamente fuera de mi control y sin una pizca de episteme, a pesar de mi exhaustiva e infructuosa búsqueda, unas turbulencias mentales me llevaron a un paroxismo inusual. Ahora, sosegado por un fracaso victorioso, fruto de la vida contradictoria del ser, voy de nuevo en busca de lo incorporeo y atemporal.

jueves, 30 de julio de 2026

Amor en tiempos modernos

Hay gente que es capaz de estar más de un año diciendo que te ama, adorándote, deseándote y, cuando apareces en su vida, cambian de opinión, como si fueras un refresco o una cerveza que ya no les apetece y ahora prefieren cualquier otra cosa. Ahora te amo, ahora te rechazo. La persona que rechaza sigue su vida como si nada, cuántas veces habrá hecho esto ya, pero seguro que no lo habrá sufrido en su propia piel. Y la persona rechazada pasa por diferentes etapas. La primera es el asombro, la incredulidad, comprobar que ha sido un ingenuo y un maldito confiado, creer que no puede ser lo que le está sucediendo, que es una pesadillla y que despertará en cualquier momento. Luego viene el dolor, la angustia física, la tortura mental, el estar todo el rato preguntándose "qué he hecho mal". Más tarde hay estados intermitentes de aceptación, se quiere pasar página aunque el daño recibido lo hace muy difícil. Y, por último, el volver a vivir en paz, amando en soledad y sin esperar nada de nadie. El amor es un sentimiento solitario, no lo olvides.

miércoles, 29 de julio de 2026

Si muriera esta noche

De qué me estaría acordando ahora mismo, ¿de lo que hice o de lo que no hice? Seguramente me estaría arrepintiendo de lo no hecho, de lo aplazado, de todas esas procrastinaciones que se han ido incrementando los últimos tiempos. Si muriera esta noche... ¿Y si no es una conjetura? En realidad es una condición de posibilidad. ¿Y por qué estoy pensando en esto ahora? ¿Y si es una realidad? Me voy corriendo a decirle a tres personas que las quiero, pero antes voy a mirarme al espejo y pedirme perdón por unas cuantas cosas, no por todo lo que debería pues no me queda mucho tiempo. ¿Podré echar un último polvo? Ah, qué más da, hace años que se me olvidó el sexo, el sexo del bueno claro, el sexo con amor, ese que nadie quiere hacer. Si muriera esta noche, ¿debo ceder a algunos de mis antojos soñados, como la última voluntad de un condenando? Un momento. No quiero morir con prisas y aturullado. Lo que a estas alturas no he hecho se va a quedar sin hacer. Quiero morir tranquilo y en paz. Me daré una ducha, beberé algo fresco y esperaré a la muerte con una dulce calma chicha y una sonrisa en los labios. Eso no se lo espera.

El día

Siempre hay un día que uno tiene que cumplir sus promesas, decidirse, lanzarse al abisno del riesgo, cumplir sus deseos más íntimos y escondidos por miedo al qué dirán, al qué pensarán de mí. El día que te decidas a cumplir tus promesas de amor, el día que quieras vivir mejor, ser por fin tú mismo, disfrutar de la existencia, amar sin obstáculos sociales aprendidos con resignada educación, ese día, ese día cuando salgas a la calle con un sol radiante pero con un ambiente fresco, una brisa maravillosa que airea tu cuerpo, que refresca tu piel, la temperatura ideal para ser feliz, la disposición perfecta para cumplir tus planes y promesas, para hacer realidad tus ilusiones y deseos, ese día, te atropellará un camión.

martes, 28 de julio de 2026

El paseo

Hoy he estado muy contento. Me fui de paseo con un único pensamiento que iba viendo como una película mientras caminaba. No iba ni deprisa ni despacio, pero llevaba un ritmo alegre, daba pasos como danzando, con una sonrisa en los labios y, en mis ojos, un brillo que parecía estar cantando. La gente me miraba y se preguntaban ¿en qué estará pensando? Las nubes del cielo seguían el ritmo de mis pasos. De repente recordé el mar y podía oírlo juntando las manos, como dos conchas, a mis oídos. Y ese sonido marino era la banda sonora de la película de mi pensamiento que me había acompañado durante todo el paseo. Estaba tan contento que comencé a notar un gusto salado: eran dos lágrimas de alegría que habían llegado a mis labios. Y en ese pensamiento único estabas tú por todos lados.