lunes, 18 de agosto de 2025

Callejones infinitos

Parecen que no existen, que sea un término imposible, aunque es mucho más bonito que los callejones sin salida, que te encierran, que te agobian o, solamente, te hacen retroceder. En los callejones infinitos siempre avanzas auque a veces no te des cuenta. Este fin de semana me he encontrado en uno de ellos. Hace poco que terminé un libro de relatos y, a través de la autoedición, saqué unas copias en papel. Tenía ganas de irme de viaje a Madrid para acudir al teatro y he aprovechado unos días de fiesta en este puente de agosto. Todo esto courría en el mismo callejón infinito. Hace unos quince años aproximadamente hice mi primer viaje a Madrid con fines culturales. Durante el trabajo, y escuchando radio tres, pude conseguir unas invitaciones para unos conciertos de grupos europeos de Dinamarca, Noruega y algún país más. Durante el concierto conocí a una mujer y a su hijo y charlamos. El hijo se fue y seguí hablando con su madre. Daba la casualidad de que había sacado mi primer libro de relatos y le dije a esa mujer donde podía leer los tres primeros relatos y, tal vez, comprar el libro. Otra casualidad fue que ella también era de Zaragoza como yo. Pero volvamos al presente. Este fin de semana, en una de las cuatro veces que he ido al teatro, una mujer mayor se sentó a mi lado. Comenzamos a charlar de la obra que íbamos a ver, aproveché para decirle que acababa de sacar un libro de relatos, mi sexto libro ya, y la mujer me miraba asombrada. Entonces me dijo, tú eres de Zaragoza, ¿verdad?, cómo lo sabes, dije yo, porque hace años, en un concierto, em encontré con alguien de Zaragoza que había escrito su primer libro. ¡Era yo!, dije, lo sé, corroboró ella. Me compró el libro y comenzó a leer ya que todavía faltaban unos minutos para que comenzara la obra de teatro. Has mejorado bastante, me dijo. Ah, llegaste a leer mi primer libro, sí, me dijo, lo compré a través de internet. Yo no podía creérmelo, que en una ciudad de millones de habitantes me encontrara con la misma persona que, hace quince años, me había encontrado y visto por primera vez en un concierto al que fui invitado por la radio. Nos reímos mucho y quedamos para dentro de otros quince años, en cualquier evento cultural, concierto, cine, teatro, donde seguro nos volveremos a ver y donde, me aseguró ella, tu habrás escrito tu libro número veinte, por lo menos.

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