sábado, 21 de marzo de 2026

El alma que piensa

Surgió de mi corazón el día que comencé amarte. Mi corazón se expandía porque tú habitabas en él. Luego, con tu cariño y ternura, comenzaste a inundar mis pensamientos. Sin pretenderlo, nuestras almas comenzaron a fundirse. Nuestro amor se podía palpar y no sólo estaba en el aire, estaba en nuestra sangre caliente, en nuestras pieles vibrantes, en nuestro deseo de darnos placer eternamente. Con la imaginación construía nuestra realidad y, nuestra alma fundida, comenzó a pensar. El alma que piensa creó besos de la nada, palabras que te intrigaban al principio, para más tarde acariciarte y abrazarte, y darte todo el amor que transportaban. Mi bigote comenzó a deslizarse por tu piel creando un nuevo lenguaje, revolucionario, amoroso, un lenguaje que traducía todo lo que el alma pensaba. Cierta música maravillosa surgía de tus poros con el roce de mi bigote y tus gemidos rítmicos contenían también los pensamientos de tu alma que también era la mía pues estaban fundidas. Y siguen fundidas por el amor, por el encanto de una vida mejor, por el placer de sentirte a todas horas, en cualquier parte, a cualquier hora. El alma que piensa contiene nuestro amor y lo celebra, lo disfruta, lo expande, lo hace cantar en todos y cada uno de nuestros actos.

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