sábado, 14 de marzo de 2026

El camino

¿Qué puedo hacer para salvar el mundo? Dejar de ser yo. Hacerme uno con el amor, con el entorno. Ser el beso que besa, la caricia que acaricia, ser el mismo amor que se manifiesta en tus pupilas. Ser el sol, el aire, la brisa que choca contra tus nalgas, el rayo de sol que calienta tu pezón izquierdo, ser el placer intenso que se acumula en tu entrepierna. Y ser también la calma, esa pequeña ondulación del oleaje durmiendo. Ser la luz y la oscuridad, ser el camino, la vía y la vida. Ser lo que siempre esté contigo. El agua de tu refresco, la sombra de tu destino; ser la risa y el llanto, ser tu momento divino. La mínima energía necesaria que cierra tus párpados, que te susurra: medita, la visión maravillosa que tienes en ese instante, el sueño tan embriagante que te transporta, la persona que, cuando despiertas, humedece sus labios para rozar los tuyos y saborear tu futura sonrisa unos segundos. Ser tu suspiro. Ser tu mundo.

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