lunes, 13 de julio de 2026

Ser y estar

Dos verbos tan cercanos y, a la vez, tan diferentes. Uno puede estar enamorado pero también puede ser amor. Para estar enamorado hace falta alguien más, para ser amor no, porque el amor es quien eres, no con quien estás. El amor permanece y la gente cambia. Por eso nunca se deja de amar aunque creamos lo contrario. Sigues amando a la persona que conociste, a la que se te mostró, pero, tal vez, ya no amas a la persona en que se ha transformado. Ser amor y estar enamorado a la vez implica una transformación mutua. Cuando dos personas se aman hay un crecimiento interno. El amor no se puede fingir o, mejor dicho, el amor sólo se finge para uno mismo. Porque aunque des amor falso, la otra persona lo recibe como verdadero; es la magia del amor. El mentiroso es el sale perdiendo siempre. Ser amor es la esencia de la vida, la maravilla. Cuando uno es amor puede amar, enamorarse, tener compañía o no tenerla, pero siempre está rodeado de amor, flotando en amor, respirando amor. Por eso uno se enamora de la vida, de las cosas, del paisaje, del olor del mar, de la brisa matutina, de la lluvia refrescante, del bochorno del verano y del gélido invierno, porque ser amor es disfrutar del entorno, de la simpleza cotidiana, de los pequeños detalles, del silencio que nos acompaña a todas partes. Soy amor, amo el amor y amo a mi amor.

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