martes, 1 de septiembre de 2026

El disfrute

Disfruta de tus libros, pasa tiempo con ellos. Míralos, huélelos, léelos, y vuelve a leer, algunos, no todos, sólo los más intensos, los que son como tú, los que están vivos, los que crecen con el tiempo. Los libros son una maravilla. Siempre tienen reservada para ti la frase perfecta, el consejo que esperabas de alguna persona cercana pero que nadie te daba. Los libros te dan alegría, te procuran emociones, tensión, aventura, conocimiento, compañía, limpian el alma, dan qué pensar, excitan como nada en la vida, encuentran las carcajadas perdidas en tu interior por la insípida rutina. Los libros crean la vida, son espejo y maestro, son claridad compleja y sencillez de vida. Tengo la casa llena de libros porque no hay mayor disfrute que la lectura, viviendo múltiples vidas, atravesando diferentes mundos en un día, viajando en el tiempo que, mientras lees, desaparece, se para, no existe y se vuelve a crear al pasar la sigiente página, y la otra, y la otra, puede que esta sea la última del día, o tal vez la siguiente. El lector nunca termina. Se duerme con el libro abierto y sigue leyendo en el sueño que inventa.

Tal vez un día entienda tu misterio

El porqué de tanto amor efervescente en la distancia, de su sabor amargo en la cercanía, del daño que me provocaste, al principio, sin saberlo, pero después siendo bien consciente. Tal vez un día entienda tu misterio, cuando esté en el lecho de muerte, en el último instante, a punto de esbozar la última sonrisa terrenal. Ahora no quiero saberlo. No quiero saber nada, sólo quiero poder dejar de amarte. Porque ahora veo que no te he estado amando a ti sino a una ilusión, a una expectativa, a una gran mentira bien construida durante más de un año. Tal vez algún día... pero ahora no es el momento, no quiero más lamento ni más mentiras, quiero vivir mi amor con alegría. Sentir el viento en mi cara, dejarme llevar por una simple melodía, escuchar pájaros, acariciar perros, reírme solo y desnudo de tu misterio, del mundo, de esta ingenuidad de la que nunca me desprendo. Voy por la realidad surfeando, esquivando el dolor como esquivo tus fotos, tumbado en una nube y olvidándome de todo fluyo en armonía. No quiero más misterios, ni tampoco saberlo todo. Solo darme un chapuzón en el lago del olvido y renacer como un niño, aquel niño de rubio flequillo que soñaba otro mundo.