Anoche soñé con la realidad y hoy, lo real, es un sueño.
Cualquier cosa puede ser interesante, eso depende de cada uno. Y en un acto de humildad en el que apenas me reconozco, bajaré un escalón más, y adoptaré todo aquello que me suene interesante, para moldearlo con mi intelecto, transmitirlo con mis dedos en pleno tecleteo, donde un sonido maquinal se transforma en fenomenal, y ahí es donde lo interesante empieza a sonar, y la música de la comunicación fluye y se expande, generando un baile vital del que todos formamos parte.
viernes, 1 de julio de 2011
Anoche soñé con la realidad
Tal vez por eso mis fantasías sean la normalidad, testigos directos de mi día a día. Anoche soñé con la realidad y ahora sufro en mis carnes todo lo que imagino. Mi vida no es un sueño como el de Calderón, sino pura imaginación. Veo como lo imposible toma forma; sólo hay que darle tiempo, y mucho cariño, porque lo imposible es como un niño, aprende con el ejemplo. Y a mi querido niño imposible lo sueño donde no hay tiempo y crece sin saberlo. Vamos juntos de la mano, yo impertérrito, es un sueño, y él creciendo, y seguimos caminando hasta que nos separa un espejo. Anoche soñé con la realidad, le digo al hombre imposible, y en el espejo su cara y mi sonrisa blandiendo.
Anoche soñé con la realidad y hoy, lo real, es un sueño.
Anoche soñé con la realidad y hoy, lo real, es un sueño.
domingo, 26 de junio de 2011
¿Acaso nuestros sentimientos desaparecen y se pierden así, sin más, de un modo tan frustrante, cuando muere nuestro cuerpo?
Esta pregunta que se hace el escritor japonés Haruki Murakami en su libro De qué hablo cuando hablo de correr, me hizo frenar en seco su lectura y, durante todo el día, me la fui repitiendo y buscando respuestas. Primero pensé que sí, que los sentimientos desaparecían con la muerte del cuerpo, y estaba casi convencido hasta que me acordé de mi madre. Hace poco más de un año que murió y, cada vez que pienso en ella, no se trata sólo de recuerdos, sino que mi estado de ánimo cambia. El recuerdo de sus palabras viene a mí de la misma forma que venían sus consejos y en el momento preciso, justo cuando lo necesito. No siento sus caricias físicas pero sigo sintiendo las caricias. Tal vez los sentimientos no tengan la misma intensidad, o mejor dicho, no posean la cualidad palpable de los actos físicos de un cuerpo vivo, pero, lo que sí es evidente, es que puedo sentirlos. Tal vez el amor de mi madre, sus sentimientos hacia mí, siguen flotando en el aire a mi alrededor, transmitiéndose, tal vez, a través de otras personas, como me ha ocurrido últimamente. SI todo se transforma ¿por qué no también los sentimientos? El sentimiento de amor de mi madre hacia mí ha vuelto a través de varias amistades. No voy a considerar este hecho como un milagro, sino más bien como una prueba científica, como un ejemplo, como respuesta de que los sentimientos no terminan después de la muerte. Querido señor Murakami, los sentimientos, por lo menos el del amor, permanecerá después de la muerte de nuestros cuerpos. Neomaño dixit.
jueves, 23 de junio de 2011
La contrariedad del círculo
Nacemos y un día un hombre de uniforme nos dice muy amablemente: por favor, circule. Y avanzamos en nuestra historia vital en busca de logros, proezas, sueños e ilusiones. Y detrás nuestro se encuentran las cosas y gentes de las que huimos; el pasado, una parte por lo menos, que queremos perder de vista. De pronto, el destino, la edad, un hombre que 'tuit' en un ordenador o con un matasuegras, nos inoculan la prisa con frases de tan profundo calado como la vida son cuatro días, así nunca vas a llegar a nada, y comenzamos a correr. Seguimos circulando pero a mayor velocidad. Ahora huimos de los sueños y vamos detrás de lo siempre habíamos huido: se trata de la contrariedad del círculo.
¿Qué hacer entonces? ¿Imitar a la cabra y dar saltitos? ¿Volver al triángulo religioso con ojo que todo lo ve? ¿Acudir al trapecio para innovar? ¿Dar saltos trapezoidales en un octógono con un ojo que no ve nada?
Es curioso como la contrariedad del círculo puede dejarnos a cuadros. Y enmarco mis pies en un cuadro digital haciendo un click fenomenal. Agarro la foto de mis pies rayados y salto del círculo como la cabra que soy fuera de la contrariedad y en busca de un igual.
ES INÚTIL TODA POLÉMICA SI NO HAY ESPERANZA DE QUE RESULTE PROVECHOSA. Juan Luis VIVES
¿Qué hacer entonces? ¿Imitar a la cabra y dar saltitos? ¿Volver al triángulo religioso con ojo que todo lo ve? ¿Acudir al trapecio para innovar? ¿Dar saltos trapezoidales en un octógono con un ojo que no ve nada?
Es curioso como la contrariedad del círculo puede dejarnos a cuadros. Y enmarco mis pies en un cuadro digital haciendo un click fenomenal. Agarro la foto de mis pies rayados y salto del círculo como la cabra que soy fuera de la contrariedad y en busca de un igual.
ES INÚTIL TODA POLÉMICA SI NO HAY ESPERANZA DE QUE RESULTE PROVECHOSA. Juan Luis VIVES
martes, 21 de junio de 2011
Política de cambio
Cambio el nombre para hacer lo mismo. Ya no hay guerras, sólo invasiones. Ya no hay invasiones, sólo implantaciones de democracia. Yo soy bueno y mato malos, que con la política de cambios se transforma en estar legitimado para eliminar. El que piensa diferente a mí es malo. ¿Dictadura demócrata o democracia dictatorial? Da lo mismo, el caso es que suene fenomenal. Te ponemos la soga al cuello por tu bien. No importa cual de los dos partidos mayoritarios salga: la política es la misma. ¿O es putilítica? El dinero manda, los bancos dominan. Antaño decían que las máquinas dominarían el mundo, pero se equivocaron. Son entes hechos de papel moneda, curiosamente creados por nosotros mismos para hacernos las cosas más fáciles, los que succionan nuestra vida aniquilando nuestro pensamiento, abortando sentimientos, generando una nueva especie de no-personas. Y yo, que suelo ir contra corriente, ahora que estoy empapado de amor y dispuesto a darme y a compartirlo con todo bicho viviente, cuando intento amar o entablar amistad, me preguntan que cuánto, refiriéndose al dinero, y yo contesto que se equivocan, que esto es amor y no politiqueo.
domingo, 3 de abril de 2011
¿Quién cuestiona qué?
Y se preguntarán algunos que qué hacen leyendo semejante memez, y me pregunto yo por qué tengo que preguntarme lo que se preguntarán algunos cuando posiblemente ellos no se hayan preguntado lo que me estoy preguntando yo cuando escribo qué se preguntarán algunos.
Creo que esto merece como mínimo unas respuestas.
Creo que esto merece como mínimo unas respuestas.
jueves, 12 de agosto de 2010
Sermonear
Dar sermones. Es lo que me ha prohibido mi padre hoy. Pero para él, dar una opinión diferente a la suya es sermonear y, a veces, incluso abrir la boca para articular palabras con cierto sentido también es sermonear. ¿Qué hacer? Me sermoneo yo para mis adentros de una forma interrogativa. Sermón sí, sermón no, sermoneas tú, sermonean ellos, ¿qué problema hay en que sermonee yo? Cuando era pequeño me pasó lo mismo con fumar. Me pescaron un paquete de cigarrillos del pantalón, ni siquiera me vieron fumando, y parecía que se venía el mundo abajo. Mi padre me dio una reprimenda, un sermón mediano y, a mitad de sermón, ya tenía un puro encendido entre sus labios. Entonces vino a mi cabeza otra de las frases paternas, predicar con el ejemplo, y creí no entender absolutamente nada en mi propio idioma. Me sentía japonés. ¿Pero cómo podía tener padres españoles? ¿Y por qué no estaban rasgados mis ojos en vez de mi alma? Y mi sermones cortos, ¿serán haikus? Desisto ahora de pensar y me zambullo en el silencio, en un silencio sermoneador, supongo.
viernes, 16 de julio de 2010
En donde estoy
Esperando a la persona de mi vida me encuentro, acompañado de café con hielo; paladar fresco. Sintiendo un porvenir estupendo que, definitivamente, acabará viniendo; acaricio el futuro con esmero. Prueba el amor mi cerebro y sólo piensa en compartirlo con el resto del cuerpo. Cerca está lo que quiero, puedo sentirlo, pero ahora quiero palparlo con mis dedos. Acariciar la vida de mi vida, comer sus besos, seguir sus pasos, cumplir sus deseos, los míos, los nuestros. Con ganas de dar felicidad me encuentro, acompañado de la ilusión del gran encuentro: amor, próximo estreno.
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