Cualquier cosa puede ser interesante, eso depende de cada uno. Y en un acto de humildad en el que apenas me reconozco, bajaré un escalón más, y adoptaré todo aquello que me suene interesante, para moldearlo con mi intelecto, transmitirlo con mis dedos en pleno tecleteo, donde un sonido maquinal se transforma en fenomenal, y ahí es donde lo interesante empieza a sonar, y la música de la comunicación fluye y se expande, generando un baile vital del que todos formamos parte.
sábado, 8 de octubre de 2011
La alquimia en tus manos
Aprovecha la oferta del día: recolecta tus deseos, los verdaderos, los importantes, los que darías la vida por ellos o que por lo menos lo dices aunque no sea cierto. Ponlos delante de ti, mírate en un espejo, pero no pienses que no puedes, que es tarde o que eres viejo, mírate a los ojos, mira dentro de ellos y no dejes de pensar en tus deseos. Estas a punto de entrar en fantasía, pero sólo es un reflejo, es el sueño, el anhelo, la fantasía lo que está invadiendo tu realidad. Pon todos tus esfuerzos, tu amor y tu consuelo rodeando esos deseos. Lánzate a su consecución, proyéctate hacia ellos, con el esfuerzo de la hormiga, de poco en poco, de miga en miga, acumula conocimiento, técnica o lo que te haga falta y, el día menos pensado, verás tu deseo realizado. Ahora mira tus manos, están llenas de futuro. Haz que tu corazón lo transforme en presente y tu cabeza en pasado, en recuerdos que contar, anécdotas que compartir. El amor que has recibido pronto habrá que repartir.
domingo, 25 de septiembre de 2011
Visión perruna
Hoy, sin ir más lejos, he tenido una. Esta semana murió el vecino de al lado, un anciano de costumbres metódicas al que mi perro ladraba cuando salía al balcón hasta que se habituó a sus salidas. Hace varios días que ha muerto, sus familiares vaciaron el piso ayer y recogieron sus últimas cosas. Hace un rato estaba jugando con el perro en la terraza, el balón le encanta y jugamos al fútbol perruno, donde se pueden usar manos, pies, patas y boca. Le encanta este juego. Pero hoy a mitad de partido se ha parado, ha dejado el balón y ha mirado al balcón del vecino como si el viejo estuviera allí, yo no daba crédito, mi reacción era insolvente total, y él seguía mirando con la misma intensidad que lo hacía cuando el viejo vivía y salía la balcón. Se ha puesto a dos patas y a gemido levemente, ese gemido de cuestionamiento que tiene mi perro, que se pregunta y te pregunta a la vez, que te pide ayuda, que te dice, pero no estás viendo que el viejo sigue ahí, yo lo noto, ¿es que no lo notas tú? Y sí, por un momento he creído verlo, pero enseguida he meneado la cabeza para sacar esa visión de inmediato de mi realidad. Después la he querido recuperar, pero el viejo ya se había ido a freír espárragos o puñetas, o su ectoplasma había izado el vuelo, o lo que quieran que hagan los espíritus, y mi perro ha vuelto a coger el balón con sus dientes para reanudar el partido como si nada hubiera ocurrido. Hace varios días que murió el viejo, pero mi perro me ha demostrado que sigue allí, observándonos. Es el público de nuestros encuentros. Nosotros solo somos testigos de sus apariciones. Mi perro marcó un gol y el viejo aplaudió. Da cierto repelús jugar con el perro, pero ya lo superaré. O no.
jueves, 22 de septiembre de 2011
Marciano amable
Un objeto volador identificado por mí, ovi para los amigos, se quedó parado flotando a mi lado con una sonrisa en sus luces y el último disco de Lenny Kravitz a todo trapo. Alguien bajó el volumen de la música y dijo: hola, somos martianos, venimos del martes, y queríamos ver como era la gente del jueves. No sé por qué entendía todo lo que me decían, sería, a lo mejor, porque me estaban hablando en español, aunque aún conservo alguna duda, en salmuera, por supuesto. Les pregunté si habían venido a invadirnos, pero dijeron que sólo estaban de paso Es más, nunca habían invadido nada ni habían atemorizado a nadie. Dios mío, por qué tenemos que estar tan equivocados los jueves en la tierra, y los miércoles, y toda la semana, y toda la gente. Me contestaron con una sonrisa de aquí te espero con la que me di por satisfecho. Los marcianos, y en concreto estos, los marcianos martianos son un trozo de pan. Les pregunté si estaban más avanzados que nosotros, y me dijeron que eso no era muy difícil, aunque tampoco era lo más importante. Les pregunté qué era lo más importante y volvieron a subir el volumen de la música. Hace varios días que se fueron y todavía puedo escuchar a Lenny. Es verdaderamente increíble, aunque, también es verdad, que hace más de un mes que me compré el disco. Desde entonces, desde el día del avistamiento, sigo viendo ovis por todas partes. Mi padre los llama moscas.
domingo, 18 de septiembre de 2011
La vida es dura para las amebas on Twitpic
La vida es dura para las amebas on Twitpic
La nueva novela de J.P. Weling la puedes encontrar en la web de pasionporloslibros http://issuu.com/pasionporloslibros/docs/la_vida_es_dura_para_las_amebas/1
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viernes, 16 de septiembre de 2011
Maneras de escribir
A la hora de escribir no pienso en qué dirán, pienso en la vida. Porque la escritura, involuntariamente o no, me crea, como diría aquel, forma mi circunstancia, a medida que escribo me voy construyendo. Ya no soy el que era hace dos líneas, e incluso en esta misma línea en la que me encuentro, no tengo la menor idea de dónde voy a ir a parar. En cualquier momento todo puede cambiar y, de repente, volver al mismo lugar. Así es la vida, como una rotonda, como los tumbos que voy dando, los rodeos a los que os someto, entras por un lado y, si te despistas, sales por el mismo. ¿Para qué has ido entonces? ¿Por qué vivimos? Las rotondas de la vida son los ciclos del retorno, eterno o no, pero siempre vuelve. A la hora de escribir no pienso en qué dirán, pienso en la vida. ¿Adónde me llevará mi pluma? Adonde escriba. Ella dirige, ella domina, ella es la que crea mi vida. Cada palabra es un pálpito, una sacudida, un trozo de línea discontinua en esta carretera narrada, donde las frases te crean a ti y a mi de la nada. Porque esa vida que crees vivir, si no está escrita, no es nada. Las ideas se pierden, los recuerdos se borran y, de pronto, aparecen de nuevo en cualquier rotonda, en la página en blanco se plasman ahora. A la hora de escribir pienso en la vida, digan lo que digan.
viernes, 26 de agosto de 2011
Caramelo gigante
Es la sensación del momento. Gracias al cariño extremo de mi perro me siento como un caramelo con patas. Está todo el día chupándome. Últimamente hasta creo que estoy bueno. Pero he descubierto que me engaña, porque cuando no me chupa a mí, chupa a mi padre. Así que compartimos la misma casa, un perro y sus dos caramelos humanos. Y la vida sigue, chupa que te chupa. El perro ha ido creciendo y nosotros menguando. Y, como ocurre con los caramelos húmedos, un día nos rozamos mi padre y yo en el pasillo y nos quedamos pegados, aunque adquirimos un tamaño considerable, parecíamos casi una persona, pero con nombre de lubricante, dos en uno, o de herramienta mágica, como un mechero bolígrafo, dos funciones en un pequeño aparato, sólo que nosotros somos dos sabores para mi perro, fresa y nata, carne madura y pellejo de anciano, y el perro chupa que te chupa. Y por eso, ahora, termino de escribir este texto desde el interior de mi perro. Dentro de pocos segundos comenzará correr detrás de una perra en celo, así que debo cerrar el portátil y abrocharme el cinturón de seguridad. Y la vida sigue, chupa que te chupa.
lunes, 22 de agosto de 2011
Extraño
Diferente, distinto, raro, extraño. De todo me han llamado. Recapacito delante del espejo, observando lo que nunca veo, yo mismo, observándome; no hay nada raro, aún soy como me recuerdo: calvo, listo, guapo, maravillosamente feo, un tonto tierno. Eso depende del momento, de si hay o no sexo, de si sigue existiendo, de si sólo queda ya un mecanismo incierto. No hay nada raro, sigo observando lo que soy y nunca veo, y pienso. Se pierde mi mirada en el espejo, río por un momento, profundizo en el reflejo, pienso más, noto cierto goteo, en mis mejillas frescor, lágrimas que se van corriendo, tengo miedo, no sé quién soy, creo ver lo que no veo. Una gran luz, una sombra, un parpadeo, creo que soy yo, qué extraño, no me lo creo. Soy mi propio extranjero.
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