jueves, 23 de mayo de 2013

Menhir

Tengo uno en mi jardín, para que el sol no me deslumbre y pueda verte venir. Allí medito a la sombra mientras contemplo la luz. Y escucho mi voz, mi corazón y mi respiración, y los hago tuyos, y es, casi casi, un encuentro, donde la tristeza se disipa y la mirada se profundiza tanto que atraviesa la realidad y el corazón despierta y accede a la libertad soñada. Con la espalda apoyada en mi lindo menhir no me hace falta verte venir para sentir tu presencia, y no son los pensamientos que tengo de ti lo que veo, sino a ti mismo. Hay algo mágico en el jardín cuando estoy junto al menhir, no importa la vida o la muerte, pues siempre te veo venir. El esplendor del instante te trae hacia mí y, sin dudarlo, pienso: esto es ser feliz.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Textura de sueño

En principio una tarde como otra cualquiera. Cerré el libro que tenía en mis manos y la música, Iván el terrible de Prokofiev, invadió mi entorno, se anexionó mi cuerpo y plantó su bandera de acordes y melodías en mi cerebro. Y la tarde anodina se transformó en emocionante. El viento comenzó a dar vida al paisaje rutinario que me ofrecía la ventana de todos los días. Las nubes me observaban desde el cielo. La ropa tendida en el edificio de enfrente y un par de cortinas me saludaban amistosamente. La cotidianidad estaba a un paso de la ensoñación: la vida había adquirido textura de sueño. Los violines manejaban el ritmo de mi corazón; primero lo agitaban como las olas de un mar enfurecido a un barco perdido y solitario y, después, lo dejaban en calma chicha, cantando una nana a media voz que sosegaba mi alma embravecida. Perplejo, veía bailar a los árboles; todo se regia por la música que estaba escuchando. Sin moverme del sitio, atravesé la ventana y me convertí en el pájaro que me estaba observando. Comencé a volar. Podía ir a cualquier parte, ir en tu busca, abrazarte y no soltarte jamás. Dejé de agitar las alas y me fui planeando al interior de mi corazón. Tu sonrisa me dio la bienvenida. Y, sin moverme de la silla, todo era dicha y alegría. Terminó el disco y pensé: esta es mi vida.

domingo, 12 de mayo de 2013

Conociéndome

Hoy domingo me he percatado de que mi soledad no es tal; este aparente aislamiento voluntario resulta ser ficticio. Las lecturas me proporcionan parte del conocimiento de seres maravillosos y geniales del pasado. Escucho música clásica y las emociones de los compositores renacen a través de mis oídos y se aposentan en todo mi interior. Por otro lado, la modernidad internáutica me proporciona amistades en todo el mundo; amigos que, con el tiempo y algo de suerte o coincidencia, consigo ver en persona y estrechar entre mis brazos; amigos que jamás veré en persona pero que, siempre, y al igual que los que conseguí abrazar, tendrán su espacio en mi corazón. Cada amigo es una pieza esencial en este puzzle de amor y amistad. Y yo, gracias a todos ellos, soy mejor persona, aunque, tal vez, sólo se dé cuenta mi aparente y ficticia soledad. Pero como digo, hoy es domingo y creo que me conozco un poco más a mí mismo. Néstor, mi perro, me lame y, con sus ojos, me dice: creo que hoy sabes distinto. Y así debe ser pues mi corazón está lleno de amigos.

jueves, 9 de mayo de 2013

La magia de la armonía

Desde donde empieza mi memoria hasta hoy, siempre he tenido deseos. Y, desde que empecé a vivir, todos los días han estado llenos de acciones. Pero la frecuencia en que esos deseos han estado en armonía con las acciones ha sido leve. Así que si encuentro un mago escondido dentro de una lámpara maravillosa o de un armario empotrado o, qué se yo, en la cola del paro, o tal vez, todo podría ser, pidiendo limosna en cualquier esquina, cada día menos improbable, por cierto, pues como digo, si me encuentro al pobrecito mago, sólo le solicitaré armonía. Pero no de viva voz, sino con la mirada, con una sonrisa, porque quiero la mágica armonía. Algo en mi interior busca su sitio. Me miro en el espejo y veo una sonrisa. Me enfundo la chaqueta, pongo todos mis deseos en los bolsillos, no son muchos, pero sí los suficientes, y salgo a la calle en busca de acción, no, perdón, en busca de armonía, la acción ya la estoy llevando a cabo. De la puerta de mi casa a la siguiente esquina no hay ni cien metros, ni diez árboles, ni ocho ni seis pobres pidiendo limosna, sino siete. Busco monedas en los bolsillos de los deseos y deseos en los bolsillos de las monedas, lo mezclo todo y, como siempre, me hago un lío, y todo sin dejar de caminar, y me digo a mí mismo que en cuanto consiga sacar unas monedas se las daré al pobre que tenga más cerca. Llego a la esquina, no son ni cien metros, pero es toda una vida, no hay ni diez árboles pero hoy, no sé por qué, veo un bosque de alegría. Es el séptimo pobre. Me mira. Sonrío. Le doy las monedas y recibo la magia de la armonía.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Lo natural

Para empezar, no estar triste. Levantar la vista y, como sin querer, buscar en el horizonte la compenetración del mundo. Esperar, sin ninguna pretensión, hasta oír el silencio y la música del universo. La voluntad aporta el noventa por ciento de la felicidad; el otro diez por ciento, se consigue al compartirla. El corazón nos marca el ritmo y nuestra alegría, como es natural, debe crear la melodía. Poco a poco se irá generando un movimiento único, un baile vital, dulce y loco, divertido y atrevido, y, sobre todo, natural. Con la música y el baile de nuestra parte, sólo falta la pareja. La mente la proyecta, el corazón la esculpe, la esperanza la transporta y, como siempre, lo natural, a veces sencillo, a veces fenomenal, te recompensa con ese doble corazón que tu alma piensa. Para empezar, no estar triste.

martes, 7 de mayo de 2013

Entre las nubes

Sumido en mis ensoñaciones permanezco mientras mis ojos apuntan al cielo. Las nubes pasan de puntillas. Un coro de querubines susurra en el viento una melodía infinita. De la vida la armonía se asoma en mi mirada y un acorde de amor se aposenta en mis labios cuando, entre las nubes, apareces, como si tal cosa, dibujando besos que tus labios me regalan. Sonríe mi corazón pues la ensoñación me mantiene a tu lado. Tengo la mente libre en un cuerpo esclavizado. Chasquidos de realidad diluidos por el momento divino que imagino. Sumido en mis ensoñaciones me abrazo a una nube que tiene tu nombre. Me desnuda el ensueño y nos amamos como nadie se ha amado. Una lágrima con tu sabor se cuela en mis labios. Entre las nubes te veo y en mi regazo te guardo.

lunes, 6 de mayo de 2013

Presente

La gran maestra, la vida, me susurra a través de un pensamiento que nunca voy a saber la verdad; tal vez pueda aproximarme y a lo mejor consista en eso mi vida, siempre recorriendo un laberinto de conocimientos que hacen brotar nuevas dudas. Las preguntas se acumulan en el presente. Los cimientos del pensamiento no son tan firmes como creía y, por extraño que parezca y tras pensarlo con detenimiento y generar más dudas, eso me hace feliz. La verdad es extraña, huidiza, cambiante; pero de la misma manera que no conozco la vida y la vivo, la voy conociendo en el presente, podría no saber la verdad pero disfrutarla o vivirla. No sé si me explico, pienso a veces; no hay quién le entienda, dicen algunos; para qué sirve todo esto, se cuestionan otros. Todo es tan distinto sólo porque todo es verdad. Y esa es la principal cuestión, el legado de la vida, la verdad no puede saberse porque está en constante evolución, como un niño, como una flor, como el amor. Crece, se expande, la esencia provoca recuerdos, no es más que el motor de la vida, el amor, la verdad contenida que fluye en una mirada, que surca los cielos en una ilusión, que se alimenta de una esperanza, que se aposenta en tu corazón. La verdad es la vida, la verdad eres tú: mi amor.