Cualquier cosa puede ser interesante, eso depende de cada uno. Y en un acto de humildad en el que apenas me reconozco, bajaré un escalón más, y adoptaré todo aquello que me suene interesante, para moldearlo con mi intelecto, transmitirlo con mis dedos en pleno tecleteo, donde un sonido maquinal se transforma en fenomenal, y ahí es donde lo interesante empieza a sonar, y la música de la comunicación fluye y se expande, generando un baile vital del que todos formamos parte.
miércoles, 6 de febrero de 2013
Anuncio
Persona rara, sin teléfono móvil, con muchos libros, más leídos que sin leer, y también muchos discos, aunque en este caso más sin escuchar que escuchados, con la cabeza llena de pájaros y fantasías varias, con cantidades ingentes de amor y cariño sin estrenar, con una flauta travesera que, a veces, se me antoja cruzada, con un ánimo que se infla y se desinfla varias veces al día y al que, cariñosamente y en privado, yo llamo mi pequeño globo 'ánimoestatico'; colecciono sonrisas en todos sus formatos, también colecciono cielos pues me apasionan las nubes y todas sus formas, acaricio a los árboles en cuanto tengo oportunidad y, si nadie me ve, hablo con ellos (algunas veces lo hago incluso cuando me observa alguien); sueño despierto y vivo durmiendo, ya sé que suena raro, pero que nadie se extrañe y, aquí, me remito al principio, soy una persona rara; y algunas cosas más que es mejor no decir pero imprescindible descubrir con el transcurrir de las horas y los días. Busco país donde vivir y amar a la vez, donde pueda dar saltos de un verso a otro en un poema de amor que no tenga fin, donde alguien me desnude con la vista y me vista con sus besos, un país donde coleccionar abrazos intensos, un país donde busque el miedo y nunca lo encuentre y, también, busco un corazón donde guardar mis recuerdos, unos oídos donde susurrar 'tequieros' un mínimo de diez veces al día, unas manos que exploren mi cuerpo, una piel para acariciar besar y lamer con esmero. Persona rara busca y da un te quiero.
domingo, 3 de febrero de 2013
¡Una santa sería su madre!
Y él, tan sólo, un gobernante sin gobierno porque, como muy bien dijo el poeta, se hace gobierno al gobernar; no como algunos se creen, al decir que se gobierna. No soy lo que digo sino lo que hago. Porque puedo decir misa en latín y ser un auténtico pamplinas, puedo matar elefantes y constitucionalmente no haber matado una mosca, puedo prometer el oro y meter lo que cago el moro. A las palabras hay que darles la mano de las acciones pertinentes para que adquieran validez. De lo contrario, querido gobernante sin gobierno, no es que debas dimitir, lo que tendrías que hacer es volarte la tapa de los sesos para que viera el pueblo que no tienes nada dentro y poderte así perdonar, tus cagadas y destrozos, con canciones de lamento. Tus mentiras se las llevaría el viento, la gente empezaría a honrarte porque ya estarías muerto. Adelante gobernante, dispara, y la dignidad perdida, sin saber por qué, recuperarías. Y tu madre sería una santa por tapar tu rostro con una manta. No hables más y dispara.
martes, 29 de enero de 2013
Chifrundi ha muerto
Mi hermano, que entre otras cosa es doctor en medicina, tiene un resorte en el cerebro que se dispara cuando no sabe qué decir o cuando quiere cambiar de tema en medio de una conversación. Y entonces, cuando eso ocurre, es invadido por un espíritu absurdo y no para de decir chifrundi. Lo repite diez o doce veces, las justas y necesarias para hacerte olvidar el asunto que estabas tratando antes de que su cerebro hiciera clic y apareciese en escena el chifrundi clónico que lo habita o posee. Las primeras veces que apareció chifrundi en las conversaciones sólo le hacía gracia a él; a los demás, evidentemente, nos enfadaba esa intromisión chifrundesca porque sí. Pero un día decidí que no fuera así, y opté, hábilmente, por chifrundear con mi hermano. Y, tengo que confesarlo, es bastante divertido. Porque cuando digo chifrundi, al principio, mi hermano se ríe, pero después, cuando quiere continuar la conversación, yo me niego y sigo chifrundeando. Así que gracias a chifrundi, las conversaciones interminables, por fin, y valga la redundancia, han encontrado un final. Pero hoy, un día festivo de un mes anodino cualquiera, de un año en crisis que un andoba estaría dispuesto a olvidar, mientras hojeaba el periódico que nunca hojeo, la atención de mis ojos fue captada por un titular: Chifrundi ha muerto. No me lo podía creer. No su defunción, sino que Chifrundi existiera. Y comencé a leer la noticia. Piotr Ilich Chifrundi, famoso escritor revolucionario ruso que emigró a las costas cántabras en una balsa de neumáticos robados en un mitin navideño de su ciudad natal que jamás podré pronunciar y que, a partir de ahora, denominaré Chifrundiland, y cambió su nombre por el de Paco Pérez al ser perseguido por los servicios secretos de medio mundo y parte del extranjero, muere después de chillar treinta veces seguidas chifrundi. Previamente había bebido tres botellas de orujo sin alcohol, aunque, según dicen él no lo sabía. Sin más dilación marco el número de mi hermano y le cuento la noticia. Chifrundi ha muerto, le digo, lo sé, contesta. Todavía seguimos riéndonos. Descansa en paz Chifrundi, por lo menos hasta la siguiente conversación con mi hermano.
jueves, 24 de enero de 2013
El dragón ha vuelto
Mañana cumplo años y hoy he recibido un regalo adelantado: he visto al dragón. Mirando fijamente al espejo he visto abrirse una puerta sin verla, o tal vez viéndola mucho, más que nadie. La puerta estaba en mi imaginación. Y ahí delante lo tenía. Con una mirada que cualquiera calificaría de penetrante, pero, para mí, había algo más, un matiz que ayer se me hubiera escapado y hoy me ha dejado asombrado: la mirada sonreía. Tenemos una puerta abierta y unos ojos contentos. Una criatura impresionante, libre y divina, indefinida e idealizada: un dragón. Y lo tengo justo enfrente. Puedo sentir su respiración, de ritmo sereno, y hago mía esa paz interior que respira. A su lado pierdo el miedo y estoy protegido, incluso de mí mismo. La imagen del dragón es mi pauta. Lo abrazo y me acaricia, mi mirada es suya y su sonrisa mía. Y vuelo entre nubes con un nuevo cuerpo. Miro al espejo y sonrío; soy yo. Digo soy yo pero en el fondo sé que el dragón ha vuelto.
sábado, 19 de enero de 2013
Pensar
La droga más perseguida, la menos permitida. Uno puede quejarse o protestar con vehemencia, pero pensar resulta excesivo. Sin ir más lejos, en la empresa donde trabajo, no paro de oír a mis compañeros decir la misma frase: no me pagan por pensar. Uno puede quejarse o poner excusas y, no me pagan por pensar, es de las mejores o, por lo menos, de las más repetidas. ¿Cómo se puede trabajar si pensar? ¿Cómo será tu trabajo si no piensas? Posiblemente un trabajo que podría realizar cualquier animal o, con el tiempo,tal vez, incluso, una piedra. He visto piedras moverse más que alguno de mis compañeros de trabajo. Pensar no resulta rentable para los gobiernos. Cuanto menos piensen los habitantes de un país más fácil será gobernarlo. En España lo que más nos gusta es quejarnos, y eso es lo que hacemos. Repetimos todos las mismas quejas, pero no ponemos remedio. Nos quejamos siempre del gobierno, pero, previamente, lo hemos elegido con nuestros votos, al tuntún, sin pensar, sólo para poder quejarnos después. Y llevamos así más de treinta años, el mismo periodo de tiempo que algún imbécil insiste en llamar democracia, sin haberlo pensado antes, claro. Nos ocurre lo mismo que al borracho con el alcohol, nos quejamos durante la resaca electoral que dura cuatro años para acabar emborrachándonos con el mismo voto de siempre. Y entonces piensas, tal vez por última vez, que deberías no pensar. Y voy al trabajo como un auténtico memo, como si fuera a un consejo de ministros. Y mi jefe me dice que pensar es de tontos. Tal vez tenga razón. Por eso le han ascendido. Aunque no lo debería hacer, pero si lo pienso, si pienso en la frase de mi jefe, el listo, el que triunfa, el que llega más alto, descuida las consecuencias, no piensa y, por ende, no razona y, tal por eso, sólo gobierna. Qué tonto he sido por haberlo pensado.
miércoles, 16 de enero de 2013
Sincronía
La del amor busco. Atesoro tiempo y cuerpo, y también muchos pensamientos relacionados. Colecciono ideas sobre el asunto y, ahora, sólo busco la coincidencia de los hechos en el tiempo. Sincronicemos nuestros corazones, pensemos en el arte de amarnos, realicemos los actos pertinentes; yo seré valiente, y tú también, sólo debemos hacer que nuestro amor sea coincidente. Cuerpos en paralelo, envueltos en una seda de sentimientos mutuos, energía sexual tocada por el amor fundamental. Caricias en espejo, a la vez que te toco siento tus dedos. Te beso, me besas, doble beso. Tu sabor, mi sabor y, de repente, nuestro sabor: eso es amor. Camino con tus pies mientras estás en mis pensamientos y tu sigues soñando con mi rostro en tus sueños. Sincronía divina de amor, ubicuidad del ser amado, vaya donde vaya estás siempre a mi lado.
domingo, 13 de enero de 2013
Desear de verdad
¿Por qué no se cumplen los deseos de la gente? Esta pregunta la lancé al aire cuando tenía ocho años y en presencia de un adulto de confianza que me contestó: porque no desean de verdad. Y seguí creciendo, pero no entendía por qué, porque yo deseaba de verdad seguir siendo un niño siempre. Y ahora que parezco un adulto, me doy cuenta de que mi deseo se ha cumplido: sigo siendo un niño. Sigo pensando que en cualquier momento el amor va a llamar a mi puerta. Sigo creyendo que la realidad tiene arreglo, que, con imaginación, se construye un mundo nuevo. Sigo diciendo que las mejores sábanas están hechas de caricias, que el mejor regalo es una buena compañía, que si la vida es música el estribillo tienes que ser tú, mi vida. Sigo soñando con mi madre y mi hermana fallecidas y charlo con ellas todos los días. Y lo mismo me ocurre con las amistades perdidas; para mí siguen aquí, los recuerdos les dan vida. Pienso en mis sueños, en los que tenía, en los que tuve, y todos los que deseé de verdad se cumplieron. Algunos deseos hubiese sido preferible no tenerlos, pero las circunstancias me obligaron a ello. Por eso ahora, si deseo de verdad, me lo pienso primero. Y después, con todas mis fuerzas, me vuelco en ese deseo. Y pienso en un regalo fantástico que, al abrirlo, me inunda de besos, me arropa en la cama, con las sábanas de la mejor calidad, por supuesto, sábanas hechas de caricias de amor verdadero, y sueño con un caramelo, el más delicioso de todos, y me despierto besando tu cuerpo. Y tú y yo somos dos niños jugando a querernos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)