Cualquier cosa puede ser interesante, eso depende de cada uno. Y en un acto de humildad en el que apenas me reconozco, bajaré un escalón más, y adoptaré todo aquello que me suene interesante, para moldearlo con mi intelecto, transmitirlo con mis dedos en pleno tecleteo, donde un sonido maquinal se transforma en fenomenal, y ahí es donde lo interesante empieza a sonar, y la música de la comunicación fluye y se expande, generando un baile vital del que todos formamos parte.
domingo, 8 de septiembre de 2024
La valentía de la imperfección
Nuestra vulnerabilidad no es ninguna debilidad, al contrario, nos beneficia en nuestro auto conocimiento y, aunque nos capacita para sentir el dolor, también sentimos todo lo demás que nos ofrece la vida y, sobre todo, lo más maravilloso, el amor. Experimentar alegría, amor, creatividad conlleva sentir dolor, ser vulnerable, ser valientemente imperfecto, amar y sentir todo al abrir nuestro corazón a otros seres. Acompañar en el dolor a las personas amadas para sentir sus alegrías con mayor intensidad. Disfrutar del amor del amigo maravilloso con el que creamos un mundo nuevo, MundoPoema, para ver como mejora su vida y con ella la nuestra, para sentir su amor, para disfrutar de la alegría compartida, cooperando en el arte de vivir, con sus risas y también con su sufrir que nuestro amor calma y acompaña, aceptándolo, asumiéndolo, transformándolo. Dos vulnerabilidades compartidas con la valentía de ser imperfectos pero llenos de amor.
La comunión de la mierda
Llevaba años recogiendo mierda en mi ciudad. Las grandes ciudades, las pequeñas también, son auténticas fábricas de mierda. Todo en el sistema capitalista incita a generar mierda a tutiplén: la obsolescencia programa, la invasión de garitos de comida rápida-basura, los comercios chinos baratos... No se puede huir de la mierda, hay que comulgar con ella. Y eso hice. Muy pronto iba a conocer a una persona maravillosa: el lanzador de mojones. Un caribeño carismático, artista polifacético, espíritu insurgente y mundopoemático por excelencia y por adopción. Me enseñó todos los trucos para lanzar un mojón. De pequeño, cuando no tenían agua ni luz, cagaban en bolsas de plástico y las lanzaban en el campo, mientras el sonido de un frufrú amplificado cortaba el aire, lo que provocó la futura creación de un grupo de ruido llamado Shhh... Comulgar con la mierda incentivaba el espíritu creativo. Sin darse cuenta, el lanzador de mojones, activó la ecología en su zona al abonar todos sus alrededores, provocando una reactivación de plantas en sus campos ahora bien alimentados con la mojonería. Después de absorber toda su sabiduría, fusioné sus técnicas con las mías, y apareció el mojón volador aspersor. Se trataba de la versión del futuro que nos haría comulgar con el mundo mierdático: un mojón introducido en una bolsa repleta de agujeros que, al ser lanzado, iba esparciendo partículas de mierda a su alrededor y bautizando a todo quisqui, haciendo comulgar en su vuelo a todo aquello que se encontraba en su camino. Volvía a resurgir el poder de nuestros ancestros en estos hechos fantásticos de los visionarios de la comunión de la mierda. Amén hermanos.
viernes, 6 de septiembre de 2024
El mal
Siempre hay alguien que atosiga. Está escondido debajo de las piedras, en la sonrisa amiga, en ese consejo que te dan como si fuera agua bendita pero que huele a azufre de noventa grados como si esa mierda pudiera existir, pero el mal es así, se reinventa a cada instante. Intenta frenarme, poseerme, atraerme a su club de vegetales manipulables. No escribas sobre el amor, me dice, no le interesa nadie. Puede que ahí tenga razón, pero a quién le importa lo que le interese a los demás. Escribo para mí, que alguien más lo lea no es asunto mío y mucho menos que te identifiques o que te guste o que te dé cien patadas en los huevos. El mal sonríe cuando digo esto, y su sonrisa susurra un te acercas sin darte cuenta. Pero el mal se equivoca, como todo quisqui. No existe la perfección maligna, el mal chapucero, va de chandrío en chandrío, pero captando adeptos en todos los pueblos: hay mucho tonto suelto. El mal los ata, los une, y genera un gran tonto, el peor de todos, el tonto que se cree listo, con malas artes, con influencias, con ganas de aprovecharse y, para ese tonto, hacer dinero es ser listo. No importa cómo. Pero no todo es cuestión de dinero porque, como dije, el mal es muy chapucero, y hace daño porque sí, solo por ver sus efectos. A veces, incluso se arrepiente, un poco, pero un arrepentimiento embustero y, como no, chapucero cien por cien. Y, allí a lo lejos, se oye una carcajada: se trata del bien.
Aprendiendo de todos
Hoy hablaba con un compañero de trabajo y me ha dicho que le gusta hablar conmigo porque siempre aprende algo. Entonces me he envalentonado y le he contestado que de quien más aprendo es de mis enemigos y, muchísimo más, de mis enemigos soterrados, esos que dicen ser amigos pero mienten como bellacos. Y le he explicado a mi compañero que cuando una persona te cae mal te sueles ver influenciado por este hecho, porque todo lo que dice, aunque compartas su opinión en lagunas cosas, no te gusta. A mí no me ocurre eso. Me puede caer mal, pero reconozco cuando dice algo sensato, es más, pienso que se habrá equivocado, que por eso ha sido sensato, todos cometemos errores. La persona que me cae mal comete cientos o tal vez sólo uno, haber nacido. Pero, a lo que iba, aprendo más de la gente que no me gusta, de la que me trata mal, de los mentirosos, de todo ese tipo de personas, porque no me encaminan hacia la venganza sino hacia el lado opuesto de sus actos, de sus opiniones, a no ser como ellos. En un primer momento sufro las consecuencias de sus actos y hay una tendencia bíblica al ojo por ojo, a devolver con la misma moneda, pero se desvanece enseguida gracias, primordialmente, a la filosofía. Llevo toda la vida leyendo filosofía y estudiándola, pero últimamente realizo lo más interesante que es ponerla en práctica, aplicarla en mi vida diaria. Antes he tenido que extirparme las respuestas aprendidas de niño influenciadas por una educación poco sólida mezclada con estupideces religiosas, pero con la catarsis filosófica todo ha sido más sencillo. Se acabaron las bondades de catecismo manipulador, las chorradas de poner la otra mejilla o el ojo por ojo bíblico. Las mejores respuestas están en mi interior, en mi propia reflexión, en el conocimiento profundo que voy descubriendo al conocerme mejor. Porque de quien aprendo más es de mí mismo a medida que voy conociendo.
Tuvo que pasar
Sí, tuvo que pasar todo como pasó para que yo esté aquí y sea como soy. Muchos cuerpos se fusionaron hasta que mis progenitores me crearon con los materiales que tenían a mano: ellos mismos. Porque si las cosas no hubieran pasado como pasaron, ya no sería yo, y yo no sería otro, simplemente no sería, no habría el yo que ahora nombro, el que escribe, el que habla, el que te mira. Así que bienvenida mi historia que giró como una noria y, después de muchos tumbos, en esta mi vida azarosa, ahora hablo mucho de amor, pues todo lo veo en rosa. Y me siento mucho mejor, la verdad profunda sale al exterior, lo que importa en el amor no es la correspondencia sino la sinceridad, la empatía, aprender a conocerse cada día, ya no al otro, sino a uno mismo. Aceptarse lo primero, porque sin aceptación no puede haber conocimiento, ni verdad, ni amor, ni belleza. Ni siquiera arte, será otra cosa que no va a ninguna parte. Así que acepto todo lo que vino porque va a construir mi destino. Visito Delfos en mis sueños, estoy en el templo de Apolo, conociéndome a mí mismo, aceptando mi mecanismo, descubriendo el amor que se expande en mi interior, y sí, puede que sea un sueño, pero qué mas da si me voy conociendo. Así aprovecho el tiempo, y en vez de roncar borracho, como hice antaño, ahora sueño con Delfos. Soy el buscador de sentido que ama con pasión y por ella, que lanzó un mensaje en una botella y, en cualquier parte del mundo, puede que alguien lo lea. No importa que esté vivo o muerto, cuando alguien descubra el mensaje será, justamente, porque tuvo que pasar.
Divino y límpido destino
A veces pensamos que los desplantes en el amor, los engaños, las mentiras vertidas con sonrisas y brillos de ojos amorosos, todas ilusorias, puro trampantojo que nos hunde en la miseria sentimental, es lo peor que le puede pasar a nuestro corazón. Pero si uno reflexiona bien, con calma y relajación, acaba descubriendo que toda la vida es puro trampantojo y, donde antes mi corazón palpitaba de alegría, ahora mi rostro se quema de vergüenza y sonrojo. Y estos amores de chichinabo, de aquí te veo aquí te amo, y te sigo el juego pero todo es más falso que mi escapulario, hacen que descubra mi divino y límpido destino, lo único que está fuera del trampantojo son mi soledad y los libros, así que nada voy a buscar en ningún rostro que no esté entre líneas, en un cuerpo que no yazca entre dos versos, en una vida que no sea puro teatro, ya extinta pero revivida un rato en una actuación asombrosa que el arte me ofrece en mi divino y límpido destino, la soledad en la que vine y vivo.
jueves, 5 de septiembre de 2024
Partidario de la alegría
Muchos dicen que la felicidad no existe, pero parece ser la más buscada. Tal vez puede que sea el camino, la felicidad, el tiempo que se pierde buscándola, el esfuerzo que se hace. Yo, sinceramente, sí creo que existe, pero dura poquito. Así que prefiero la alegría. Es más suave y ligera y la puedes encontrar todos los días. Incluso en momentos de tristeza puedes intercalar alegría, como una luz intermitente, como una pausa a la agonía de vivir con dolor. Por eso soy partidario de la alegría y siempre intento que la gente sonría, aunque no los conozca. Pero si los conozco me lo tomo como una obligación. No puedo ver a un amigo triste y, si lo veo, me transformo en distracción. Primero doy un pequeño sermón que nunca funciona, luego hago preguntas que tal vez no tengan ningún sentido, pero así como lo siento lo digo. No lo puedo remediar y a mis amigos tengo que amar, y si están tristes, mucho más. Por eso mareo la perdiz, o frío la codorniz, para que el que esté triste sea feliz. Comamos perdices aunque sean imaginadas, soñemos con hadas, peludas y gordas, bailemos y cantemos, levantemos los brazos al cielo y, justo en ese momento, te doy un beso en el cuello, inesperado, así, porque sí, y te hago cosquillas y te veo sonreír y la tristeza se ha difuminado. Jugamos un rato mientras se dispersa totalmente. Aparecen las carcajadas, la alegría está de nuestro lado y yo soy su partidario.
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