domingo, 1 de noviembre de 2026

A veces la razón no es suficiente

He pasado mucho tiempo creyendo que tener la razón era lo más importante, pues ello significaba que, de alguna manera, eras poseedor de parte de la verdad. Pero cuando te topas con situaciones inexplicables, actos sin sentido aparente o, por qué no decirlo, con lo que algunos llaman milagro, magia o hecho sobrenatural, la razón no es suficiente para comprenderlo. ¿A qué recurrir entonces? La empatía juega un importante papel en estas situaciones. El milagro suele ser el comodín del religioso, al igual que el castigo divino. Lo que no se sabe explicar se le atribuye a cualquier dios. ¿Pero y si hubiera algo más? La intuición, un conocimiento introspectivo, el absurdo de pensar algo inimaginable para el resto pero que, como en una lotería, nos haya tocado el premio y hayamos dado en el clavo. Por otro lado, somos seres contradictorios y, a veces, hacemos todo lo posible para no conseguir lo que hasta ayer mismo deseábamos. Entonces recurrimos al comodín del cambio de opinión. Pero cómo se cambia de opinión sin argumentos, sin explicaciones coherentes, sin caer en el autoengaño y, lo más importante, sin equivocarnos y sin tener que arrepentirnos el resto de nuestra vida. ¿Acaso son necesarios o imprescindibles esos errores provocados por nosostros mismos, por el ego o el orgullo o el control, para aprender en esta vida? ¿O tal vez sólo somos idiotas que, algunas veces, actuamos en nuestra contra para sufrir y hacernos las víctimas? Pienso en el amor, en que en él la razón nunca es suficiente, por eso amamos a quien nos maltrata y maltratamos a quien amamos. El miedo infundado, pero aprendido durante la vida, nos hace perder oportunidades que hubieran cambiado para mejor nuestras vidas. Por eso decimos que un rechazo tal vez nos haya salvado de algo peor, y el que rechaza también cree que ha triunfado al cambiar de opinión. Pero puede que solo sean dos idiotas que han perdido la oportunidad de su vida. Con razon o sin ella.

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