viernes, 31 de mayo de 2024

La esponja

Supongo que habréis oído hablar de 'La metamorfosis' de kafka, donde el protagonista un día se va a dormir y se despierta siendo un escarabajo. A mí me ha pasado algo parecido y ahora soy una esponja. Conservo la forma humana, pero, sentimentalmente y en casi cualquier tipo de relación, soy una esponja. Absorbo todo, me empapo y, en mi interior, ocurren una serie de cosas: el dolor ajeno se transforma en amor, en solución, adquiere la forma de pequeño consejo; escucho a la gente, sobre todo a la querida, descubro sus heridas, sus debilidades, y las amo, porque las hago mías. La hipersensibilidad que antaño era un problema ahora se ha transformado en una de mis alegrías. La revolución del amor me asombra con sus virguerías y, ahora, al ser esponja, absorbo la desesperanza y la transformo en alegría. Busco el brillo feliz en los ojos de mis amigos y, no les digo lo que quieren oír, sino que mis palabras van llenas del amor que merecen, porque, de una u otra forma, todos debemos ser amados. No hay amigos sin amor, ni amor sin dolor, pero, al ser esponja, transformo para mejor. Busco la palabra idónea, la abrazo, la beso, la lleno de amor, y la mando al amigo como si fuera una flor, un regalo, un presente, algo que se siente, que nos abraza y reconforta, con cierta música incorporada, tocada por un grupo de invisibles hadas, que acarician las pieles de las personas amadas. Soy la esponja que limpia tu corazón, la esponja de la revolución, la que te incita al amor, te lo ofrece, te guía, y te hace sentir mejor.

La anomalía

Conocer gente. Primero digitalmente; tal vez, no lo aseguro, físicamente. Hay una norma no escrita para según qué personas. Debes relacionarte más, me dicen. El sexo no es amor, pero debes practicarlo con más frecuencia. Haz como las abejas, pica un poco aquí, un poco allá, disfruta de la vida. Les oyes hablar y parece todo tan natural, tan razonable, que, por un instante, crees que esas personas no tienen ningún problema, ni con las relaciones, ni con los sentimientos; casi, casi, con nada. Pero luego los vas conociendo mejor y todo son problemas. De todas formas, un día, te convencen. Has escuchado tanto sus discursos que han calado en ti. Y decides conocer a gente. Y piensas, voy a disfrutar de la vida. Pero nada es como tu creías, ni siquiera como ellos te decían. Conoces a personas digitalmente y, parece algo improbable e imposible, pero te enamoras. Te dicen que eso no es amor, que no puede ser. Pero tú sabes que formas parte de la anomalía. Siempre hay una excepción, y te tocó a ti, vida mía. Decides conocer a una persona físicamente, todo el mundo lo hace. Haz amigos, ten sexo, disfruta y a por el siguiente. Resuena en la cabeza esta melodía que parecía tan cierta antes de convertirse en anomalía. Conozco a personas, las abrazo, digital o físicamente y, he de ser sincero, no me pasa con todas, pero hay tanta gente maravillosa, que amo a muchas personas. Eso no es amor, me dice gente que asegura que el amor les ha hecho tanto daño que no volverán a caer en la trampa. El amor puede doler, pero te curte y jamás puede uno darle la espalda porque es lo más maravilloso de la vida. El amor es mi anomalía.

jueves, 30 de mayo de 2024

La sintonía de mi madre

Tardé mucho tiempo en descubrir que mi madre nos mantenía en sintonía, sobre todo a mi padre. Era ese tipo de persona con la que se discutía con sonrisas. Cuando ella murió mi padre ya no fue el mismo, perdió la frecuencia, su sintonizador se había ido. Mi madre era ese tipo de persona que hacía cosas invisibles y maravillosas. Sentir su presencia me llenaba el alma. Le podía decir cualquier cosa, aunque no lo hice siempre. Le oculté algo importante de mi vida que, como era normal, acabo intuyendo, deduciéndolo en mi forma de hablar sobre algunos temas. Era una esponja para el sufrimiento ajeno, todo lo que dolía a sus hijos le dolía a ella y terminaba arreglándolo. Cuando no había solución se la inventaba, te hacía unas croquetas impresionantes, un arroz asombroso, cualquier cosa que te distraía del dolor, que te hacía sentir mejor. En cada rincón de la casa podías sentir sus ojos, su corazón, su alma. Por eso ahora tengo la casa llena de sus fotos y, cuando algo me ocurre, pienso, qué haría mi madre y, enseguida, vuelvo a entrar en sintonía con la vida. Preparo una buena comida, bailo y canto mientras cocino, miro su retrato, y creo que el ojo me guiña. Y me contagia su sonrisa.

Predispuesto a sonreír

Todos los días se sufre un poco. A mí me gustaría aburrirme, pero no me da tiempo. Sufro, lloro de alegría, disfruto de la vida, sonrío y, cuando no lo hago, estoy predispuesto a hacerlo. Y así se me pasa el día. Lo más bonito es ver las sonrisas de los amigos, el brillo de felicidad en sus ojos, el amor que sale por sus poros y llega hasta mí en chiribitas invisibles que absorbo con el corazón y me hacen sentir mejor. El cariño con que me hablan, la ternura que me dedican, me da la vida. Por eso siempre estoy dispuesto a sonreír, aunque surjan lágrimas mientras sonría, porque si eso pasa, serán de alegría. Hay una conexión secreta entre las sonrisas que refuerza nuestras vidas. Cuando un amigo sonríe mi piel siente una caricia, mis pelos se electrifican, se mueven como un oleaje de placer movido por una brisa que genera cada sonrisa. Y, a veces, sin saber por qué, entre tanta alegria y tanta sonrisa, surge una carcajada como si nada y todo mi cuerpo se armoniza, la vida se vuelve maravilla, y siguen llegando sonrisas que, para mí, son del alma las cosquillas. Por eso estoy predispuesto, por mí, por ellos y, tal vez, por el mundo entero.

miércoles, 29 de mayo de 2024

Condiciones y concesiones

Cuando sólo impones condiciones y no hay ninguna mención a pequeñas concesiones, no es una relación sana y mucho menos una relación basada en el amor. Es más una transacción comercial capitalista, ese maldito capitalismo que lo ha invadido todo, relaciones, sentimientos, identidades. Una transacción hecha con cuerpos y sentimientos. Sin darnos cuenta, a veces, caemos en la trampa. Por eso hay que analizarse, cuestionárselo todo. Por qué amo lo que amo, amo a quién amo, de qué manera amo y, lo primordial, eso que llamo amor ¿lo es realmente o es otra cosa? Ahora se estila mucho salirse de lo general, de la aparente norma, crear cada uno su singularidad, sentirse diferente. Pero hay tanto diferente que, sin querer, se vuelven a generalizar. Se buscan nombres distintos para terminar nombrando lo mismo. Y los sentimientos lo que mejor entienden es el amor natural, sin modernas parafernalias. Por eso hay que llegar a acuerdos y ahí entran las concesiones, la empatía, la construcción de un amor común no fundamentado exclusivamente en deseos ni en condiciones impuestas por una originalidad absurda llena de palabrería vacua donde se pudre el sentimiento. El capitalismo dice yo primero, a mi manera, mis condiciones, que se me quiera como soy, sin hacer miramientos, sin hacer concesiones, y al que no le guste que se pierda. Pero la revolución del amor va a terminar con toda esta mierda. Permanezcan sintonizados a la frecuencia amorosa de sus pantallas. Hasta el próximo vídeo, corazones. La revolución del amor sigue en marcha.

martes, 28 de mayo de 2024

Estados mentales, perspectivas y una revolución

En esta vida hay muchas cosas maravillosas. Estudiando filosofía de la mente, aunque digamos todos que la hierba es verde, puede ser que alguno la experimente como rosa pero haya aprendido a llamar verde a su experiencia. Así que podríamos creer estar de acuerdo cuando estamos experimentando cosas bien distintas. Ahora cambiar la hierba por una relación y verde por amor. La cosa se complica. Todo es cuestión de perspectiva, dicen. Descartes nos trajo el pienso luego existo y absolutizamos el pensamiento. Del antropocentrismo pasamos al yo-centrismo. Murió Dios pero divinizamos nuestra conciencia. Ahora deberíamos aunar las perspectivas, empatizar, comprender al otro, amarlo. Y aquí es donde entra la revolución, esa, famosa ya, revolución del amor que tanto me gusta nombrar. Ponerse en el lugar del otro nos parece difícil, pero, si lo amamos, vale la pena el esfuerzo. Aparentemente solo podemos tener acceso a nuestras mentes de una forma directa. Aunque esto que voy a decir ahora no se ha estudiado todavía, yo creo que con el amor sí se puede. Una de las características esenciales del amor es que derriba barreras, ni siquiera hace falta hablar el mismo idioma para amar. Aunque sí es verdad que cuando amas surge un entendimiento profundo que obvia el lenguaje. El amor me hace ver a través del brillo de la mirada de la persona amada que voy por el buen camino, que mi destino es esta revolución del amor porque voy a cambiar el mundo a través de los corazones y, con todos estos amorosos revolucionarios, lo vamos a conseguir.

Deseo y amor

Pueden ir unidos, pero hay que saber diferenciarlos. Ves un cuerpo bonito, te atrae, eso es deseo. El amor es conocimiento, es confianza, puede incluir el deseo aunque no es indispensable. Por eso se suele decir que el amor es una construcción, es una relación que necesita cimientos, deseas empaparte del otro, conocerlo, ayudarlo, estar a su disposición, compartir, compartirlo todo, incluido el dolor y el sufrimiento. Y aquí surge un dilema con otras dos palabras, querer y amar. Para mí son similares pero no todo el mundo las usa de la misma manera, hay gente que dice que amar es más que querer, por eso es bueno definir los conceptos antes. Cuando le digo a alguien que le quiero no estoy hablando de apetitos, por lo menos no exclusivamente. Si sólo hay apetito sexual, no es amor ni tampoco querer, es deseo. Pero a medida que vas profundizando en el conocimiento de alguien, puede aparecer el amor. En mi experiencia personal ocurre así. Quiero y amo a personas con las que no he tenido sexo. El amor no se reduce a la pareja o a las relaciones íntimas y personales. El amor surge también con las amistades. Por eso hay que saber diferenciar a amigos de personas con las que realizas actividades: beber, bailar, salir. Todo el mundo necesita compañía, pero esa compañía no significa ni que sean amigos ni que te amen. El tiempo te lo va mostrando. Gente con la que te relacionabas mucho hace unos años y ahora no los ves nunca y, posiblemente, no los veas nunca más, no son amigos. Porque los amigos son para siempre, desde que aparecen en tu vida hasta la eternidad. La amistad es sempiterna, tiene principio pero no tiene final. Por eso amo a mis amigos.