domingo, 28 de diciembre de 2025

Ciclos

Dicen que la vida se divide en ciclos. La infancia, si nadie lo impide, es el ciclo de la felicidad y el aprendizaje. La adolescencia es el de la rebeldía, terminamos de crecer, aparece el sexo en escena y estamos rozando la edad adulta que tanto se desea, erróneamente, para ser más libre. Aunque podemos aprender toda la vida, intentar ser felices siempre y no dejar de ser rebeldes nunca. Cuando eres adulto te das cuenta que cada año es una etapa que pasa siempre por los mismos ciclos. Comienzas el año con promesas que, la mayoría, irán a saco roto y no se cumplirán; tendrás un auge anímico dependiendo del tiempo o de la luna, luego un bajón; entrarás en un ciclo de monotonía y lo único que te salvará serán las vacaciones. Luego vendrá un síndrome depresivo posvacacional. Otro ciclo de monotonía que será roto por esas fechas tan entrañables llamadas navideñas, donde se dispara el consumo y se recupera a la familia perdida para, lo más seguro, volverla a perder durante todo el año por una discusión en una cena de nochebuena, por ejemplo. Pero no sé gracias a qué o quién, hace años que perdí estos ciclos anuales. Mis años de aprendizaje no terminan nunca y, con los años, tengo ganas de aprender más, pues cuanto más aprendes, más te das cuenta de lo poco que sabes. No tengo ciclos de consumo generalizados ni sufro la manipulación y abotargamiento de la televisión y sus programas de incultura y adoctrinamiento solapado. No conozco ningún síndrome ni me afectan los que al resto. Y la navidad es un ciclo de nulo consumo y apariencia para mí; solo es una temporada de estudio pues los exámenes se acercan y mi ciclo de aprendizaje es sempiterno.

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