sábado, 3 de octubre de 2026

Vergüenza

Cuando conoces a alguien, y te gusta mucho, se lo dices, y haces todo lo posible para que venga a verte, ya que vive en otro continente y, cuando lo hace, te da verguenza que te vean con él en los sitios que frecuentas normalmente, piensas en el 'qué dirán' y te abrumas. Y entonces la historia da un giro, y no precisamente el copernicano, y los sentimientos que tenías hacia esa persona desaparecen o, por lo menos, te autoengañas para creer que así es, que el amor se ha ido, cuando en realidad solo ha aparecido la verguenza, el miedo a que descubran quien eres realmente. Porque ese otro que te avergüenza es como tú, y todo el engaño que has difundido en tu entorno se puede ir al traste. La mentira es como una droga, al principio es divertida y la controlas, pero luego es la mentira la que maneja el timón y hace que mientas cada vez más, tú sigues creyendo controlarlo todo cuando en realidad todo el mundo sabe de qué pie cojeas pero disimulan para no herirte, pues son tu familia y gente cercana. Y el otro, tu amigo que ha venido a verte, no entiende nada, pues te ve todo el rato pendiente de todo el mundo menos de él. Luego se da cuenta de que sientes verguenza ajena al estar en su compañía, pero no te dice nada, él ya pasó por eso hace décadas, cuando ni siquiera era adulto y, aunque famiiar, le resulta extraño que tú, con cerca de cincuenta años, sigas en esa tesitura. Porque la verguenza que deberías estar sintiendo es por mentir a otra persona, por decirle que la amas, por crearle ilusiones que enseguida tiras por la borda. La verdadera vergüenza es no ser sincero con las personas que te quieren, ni tampoco contigo mismo. La verguenza es ser un adulto que no ha vivido su propia vida y se ha enquistado en las apariencias. Y esa vergüenza va a ser peor que un cáncer si no modificas tu actitud.

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