Cualquier cosa puede ser interesante, eso depende de cada uno. Y en un acto de humildad en el que apenas me reconozco, bajaré un escalón más, y adoptaré todo aquello que me suene interesante, para moldearlo con mi intelecto, transmitirlo con mis dedos en pleno tecleteo, donde un sonido maquinal se transforma en fenomenal, y ahí es donde lo interesante empieza a sonar, y la música de la comunicación fluye y se expande, generando un baile vital del que todos formamos parte.
martes, 3 de septiembre de 2024
La distancia entre dos yo
Yo real y yo ideal. Vamos construyendo el yo ideal y, sin darnos cuenta, aunque se vaya separando del real, nos sentimos a gusto porque pensamos y creemos que somos lo que decimos y no lo que hacemos. Decir cuesta menos, es el pan de cada día, el auto engaño, el mal del milenio. El yo ideal provoca contradicciones y sufrimiento porque lo creamos para poder aceptarnos, lo que ocultamos debajo de la alfombra no nos gusta, pero es un yo irrealizable y cada vez nos aceptamos menos y el dolor emerge con más frecuencia. Por eso hemos de fijarnos en el real, conocerlo, para poder mejorarlo de verdad, entonces desaparecerán el desprecio que tenemos hacia nosotros mismos, el autocastigo, la impaciencia, todo lo que ha generado ese yo ideal inalcanzable. Cuando empezamos a darnos cuenta de que no somos lo que pretendemos ser, tenemos que abrirnos a nosotros mismos, conocernos, disfrutar de nuestros encantos verdaderos, del amor de los amigos, querernos un poco más que ayer y empezar a ser lo que siempre soñamos. Y la única forma de conseguirlo es reducir la distancia entre esos dos yo, que se transformen en uno, que el yo ideal sea idéntico al real. Adiós autoengaño. Bienvenidos a la alegría constante de MundoPoema, a la aceptación del cambio, al conocimiento propio, al amor que nos está esperando.
lunes, 2 de septiembre de 2024
Al contrario
Nos conocemos entre tímidas miradas de gozo y palabras silenciadas por el rubor del rostro o una risa nerviosa. La confianza crece pero, a veces, es peligrosa. Es confianza para decir lo impropio, para echar en cara el egoísmo personal. Qué extraño es todo. Pero en realidad es al contrario. Cuanta más amistad y más confianza tienes que ser más delicado con las personas, porque tus palabras afectan más, van cargadas de sentimientos, de amor. Y el amor tiene que servirse de a poco, porque a grandes cucharadas puede atragantar, dar miedo, aunque la ilusión brille en los ojos. Sí, ya sé, el amor es imparable, crece y crece y te pide más, y uno quiere demostrarlo a cada instante. No puedo contener tanto amor sin mostrarlo, sin decirlo, no es una necesidad, es un fuego interno que me posee. Los glóbulos en la sangre abrazándose, los poros echando besos al aire, mi alma acariciando imaginaciones, pensamientos y mi espíritu volando a tu encuentro cada noche. Quiero que sepas que todo este amor no es un derroche sino lo que mereces día y noche. Que eres una maravilla que me alegra la vida, eres mi amigo, el amigo de mi vida, el amigo de mis sueños, mi amigo eterno y también el más tierno. Y todo esto te lo voy a decir con la mirada mientras respiro tu aire y con las piernas entrelazadas. Y todo lo que te diga con palabras será verdad, belleza y amor, todo de mi sentir profundo y producto de mi corazón. Conectado a ti vivo, duermo, como y respiro, y, soy tan feliz, que vuelto a ser un niño.
Mi casa
Tengo un atril, donde antaño apoyaba las partituras que leía para tocar la flauta travesera, donde una lámpara rota está enganchada con una pinza y un pañuelo la cubre para que no me deslumbre la vista. No caben los libros en mi casa; las estanterías están llenas, varios muebles tienen torres de libros y también hay muchas torres o columnas de libros por el suelo. La mesa en donde como, desayuno y ceno, tiene múltiples usos. Un treinta y tres por ciento es para ingerir alimentos y para libros y la zona restante es donde escribo y leo y me conecto con el mundo internáutico. Al lado de la mesa hay un tendedor de ropa que, muchas veces, también tiene libros. Yo creo que ya no es mi casa, es de los libros, la han invadido. Pero no me importa. Mientras puede tener la suficiente libertad de movimientos para abrirlos y leerlos, todo irá bien. Pero ahora que lo pienso los libros son los que deberían pagar el alquiler. No lo voy a decir en alto no sea que tomen alguna represalia y atranquen la puerta de la casa en cuanto yo esté fuera y luego no pueda entrar. En el dormitorio tengo más libros y una pequeña invasión de ropa, ropa que quiere salir del armario en donde la tengo apelmazada sin orden ni concierto. Yo la vuelvo a poner en el armario, pero como veo que no le gusta, la dejo también en el tendedor, en el sofá, encima de unas malestas y también dentro de ellas. Ah, y el pañuelo que está encima de la lámpara rota enganchada en el atril. Se me olvidaba.
Horizontes voladores
Me dijeron que se me venía un nuevo horizonte pero la sorpresa fue gigante al comprobar que se trataba de horizontes voladores. No eran planos ni lejanos pero sí de muchos colores. Y venían y se iban, y cintaban en el aire con su vuelo proyecciones asombrosas que, tal vez, sólo fueran imaginaciones. Y estas ensoñaciones yo andaba como Pedro por su casa y los horizontes voladores conmigo danzaban. Amigos de tierras lejanas aparecían subidos en los horizontes que se me acercaban. Saludaban contentos, sonreían con ganas, bajaban de su horizonte bailando y se posaban en mi alegría que ahora era compartida. Esto es vida, me dijo un horizonte volador mientras descansaba echando un trago de amor en MundoPoema, dónde si no. Sabía que el cambio vendría, que brotaría la alegría, pero nunca imagine que un horizonte volaría. Una sonrisa de niño ha aparcado en mi rostro y personas de cariño rodean mi entorno. Un nuevo horizonte te espera, me dijo una canción, no dijo cuándo ni dónde, la sorpresa siempre es mejor, pues no hay espera si se trata de un horizonte volador. Y si echo una cabezada, horizontes voladores se entrelazan, forman un nudo cuántico que partículas amorosas deshacen de cuando en cuando. Horizontes voladores venid a mí que ahora estoy despertando.
domingo, 1 de septiembre de 2024
Cerca del abismo
El amor me ha llevado cerca del abismo, pero me ha servido para encontrarme conmigo mismo. Porque en el amor no puede vivir el egoísmo, y yo he sido egoista, quería que me quisieran como quiero yo; quería que fueran fieles a sus palabras y, si lo piensas bien, no se puede exigir nada en el amor. Cerca del abismo me di cuenta de mi craso error. Miraba hacia abajo. Impresiona bastante, pero no hay dolor suficiente que apague el amor de mi interior. No importa las veces que me caiga, los fracasos que tenga, las desilusiones que me lleve, no importa si en mi corazón hace sol o si llueve. Lloré, escupí cerca del abismo, eché sapos y culebras, maldije a toda la tierra, chillé sin control, aún tengo en la garganta un ligero escozor, me dí golpes en el pecho, me dije ¡no, no y no! Derrotado, le dije adiós al abismo. Hubo como un eco apagado, como una respuesta que no sé si fue sólo en mi imaginación, pero creía escuchar, hasta tu siguiente amor. Me sequé las lágrimas y sonreí. Estas cosas solo me pueden pasar a mí. Con lo bien que estoy en soledad y siempre pensando en compartir. Quién va a querer mi corazón, a mi edad, quién va a querer verme morir. Ah, desisto. Pero es que yo me he visto tantas veces y a todas las edades, de niño, de adolescente y también de viejo, porque eso es lo que soy, puro pellejo que arde por dentro. Me doy media vuelta y me vuelvo al abismo, pero no, me digo a mí mismo. El amor es y será el mecanismo que rige mi vida, que me da alegrías. El amor que siento es la compañía. No hacen falta cuerpos, solo amor y filosofía.
Nuestra verdad profunda
Cuando hay un conflicto en la infancia entre el amor y la aprobación del entorno, entre mantener el vínculo y nuestra sinceridad, solemos sacrificar la sinceridad. De adultos se seguirán repitiendo los mismos patrones y negando nuestra verdad profunda. Nos sentimos insuficientes, no importa mucho por qué razón, y estas creencias sobre nosotros mismos van construyendo la idea de nuestro yo, aunque ese no somos nosotros. Debemos de reaprender a conocernos. El pasado puede darnos matices pero no finaliza nuestro carácter ni nos deja inútiles para siempre. Todo se corrige, se adapta, se revive, se afronta, se cambia y, al final, se ama. Nuestra verdad profunda está en nuestro interior, en el amor que recibimos y damos, no en nuestro pasado. Por eso reaprendiendo a conocernos, reaprendiendo a amar, conseguiremos vencer al miedo, a los miedos anclados y ficticios que nos frenan. El amor nos construye, nos crea, produce una catarsis en nosotros y la maravilla surge de nuestro interior, y la compartimos, disfrutando de nuestro amor. Nos cuesta más llegar pero lo conseguimos porque la verdad profunda y el amor tienen muchos caminos. Siempre tiene que llegar lo mejor a cada instante porque así es el amor: alucinante.
Instalar el mal
A veces es sencillo y otras, muy complicado. Depende de las personas, de sus creencias, de su pasado, de sus ganas de venganza. El mal es siempre el mismo, se instala en una empresa o en un hombre solitario, en una organización, un gobierno o en un pobre vengativo y desalmado. El mal busca su espacio, quiere y solicita su hueco para poder actuar, para desarrollarse. El mal es como el poder mediático, manipula y puede hacerte creer que estás haciendo las cosas bien cuando, en realidad, el mal lleva actuando a través de ti toda tu vida, a través de lo que te ha pasado, de tus actos, a través de esos consejos de tus amigos, conocidos o allegados, que pones en práctica creyendo que es lo más honrado y apropiado. El mal es así porque lleva toda la vida engañando para perpetuarse. Se ayuda también de las costumbres, por eso prometes y no cumples y, cuando te percatas de ello porque alguien te lo recrimina, piensas que todo el mundo hace lo mismo, que a ti también te lo han hecho, como si eso pudiera servir de excusa, y te haces la víctima para no sentir el mal que tú has infringido a otros. El mal son esas bromas de mal gusto que rompen relaciones, pero tú solo crees que es un broma. El mal son los desplantes, las mentiras, el genocidio, los que lo protegen con sus mentiras y con su silencio, porque el mal tiene muchos cómplices, son necesarios para su triunfo. El mal no tiene cuernos grandes sino sonrisas lindas. El mal llora y suplica para que vuelvas a caer en sus mentiras, para que sigas practicando lo que tú llamas venganza cuando solo es la propagación del mal. El mal existe para hacer que tú lo cometas aunque no quieras y se inventará mil subterfugios y razones para que lo expandas por todos los rincones.
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