miércoles, 6 de noviembre de 2024

Luz

La luz de tu mirada es amor puro. Cuando te miro a los ojos hay algo que me absorbe, es el cariño de un niño, es la bondad de un gran hombre, es la dulzura de una madre, su comprensión y su cariño, son los mimos del universo o, lo que es lo mismo, la magia de unos versos que construyen un gran poema, que me desnuda, que me viste, que me zarandea. Te miro y no soy el mismo, en tu mirada vuelo por el único abismo sin peligro, ando por el filo descalzo, vuelvo a ser un niño, jugando en tu corazón, al abrigo de tu amor que me envuelve y me hace ser mejor. La luz de tu mirada es el fuego que me enciende, que calienta pero no quema, que me hace sentir el sabor del deseo entre los labios y entre las piernas, y no importa las veces que la vea porque siempre que me absorbe tu mirada me encandila, me lleva al éxtasis de noche y de día, me embelesa, me obnubila. Te miro y me lleno de amor como una pila, me recargas, me das vida. Tu mirada es amiga de la mía, hay un brillo que comparten, un amor que generan, un mundo que crean con su luz cooperante. La luz de tu mirada es la puerta a tu corazón donde varias hadas nos desnudan y hacemos el amor, mirándonos con las manos, mirándonos con los besos, mirándonos con los poros, que se rozan y disfrutan, que sienten, que jadean y sonríen a la luz de tu mirada, amor.

lunes, 4 de noviembre de 2024

El riesgo

A veces creemos que lo mejor es no correr riesgos, que hay que ir poco a poco y con tiento y, si intuimos una pequeña posibilidad de algo turbio, de un ligero percance, mejor no ir, no hacer e incluso, casi casi, no pensar. Pero si no hay riesgo la vida es un fracaso. Por eso hay que vencer los miedos. ¿Me dirá que no, me dirá que sí? Prueba a ver qué pasa, adéntrate en la selva, piérdete en el bosque, busca a ese gnomo que creiste ver, o puede que solo lo soñaste, haz ese viaje aunque el último que hiciste saliera mal, no esperes a mañana teniendo el ahora, ámate como si no hubiera un mañana y lánzate a la aventura, por diminuta que sea. No decaigas ante un no, ni te ilusiones mucho con un sí, deja que las cosas sucedan y, de vez en cuando, decide, equivócate, eso es vivir. Cambia la forma de escribir, aunque sólo sea por una vez, o de pintar o de cantar, o de lo que quiera que hagas, descubre nuevas formas en ti. Date una oportunidad detrás de otra y que no te importe la derrota, porque la única derrota es no correr riesgos, no aventurarse. Tal vez la aventura esté en la otra habitación de tu casa o a miles de kilómetros, eso no importa. Arriésgate con la imaginación, con el pensamiento, con el amor. Vencido el miedo, el riesgo parece haber disminuido, y ese poder que, en un principio, nos parecía tan maligno, se ha desvanecido. Esa victoria al miedo es ya un éxito aunque nos encaminemos al fracaso. ¿Cómo saber qué va a pasar si no vamos, si no hacemos, si no decidimos algo? El riesgo es como una señal de stop de nuestro ánimo. Hemos de parar un instante, sopesar y seguir con la decisión que hayamos elegido. Y arrancar, despacio o rápido, pero sin miedo.

domingo, 3 de noviembre de 2024

No soy importante

Nunca lo fui y nunca lo seré. Soy un don nadie, uno más del montón, alguien sin ninguna pretensión. A lo mejor mis palabras, tal vez, puede ser, hayan tenido algún atisbo de importancia, pero permitidme que lo dude. Si eso ha pasado alguna vez, seguro que esas mismas palabras fueran dichas antes por alguien. Todo está dicho ya, no hacemos más que repetirnos. Repetimos lo que leemos, lo que oímos, quién sabe por qué, porque nos gusta tal vez, porque somos seres repetidos que ya estuvimos antes, con el mismo rostro incluso, porque los genes son como las palabras, también se repiten. Si miras fotos del pasado descubres tu rostro o uno similar en ellas. Siempre, pasa siempre. Nos extraña porque nos creemos únicos; esto también pasa siempre. Nos creemos originales y estamos más repetidos que los días, somos un lunes cualquiera en el que nunca pasa nada, nada original, claro, aunque nosotros creamos que así sea. Pero aunque no sea original, aunque sólo sea una burda copia sin importancia, soy un ser que nada en la abundancia de lo común, que se viste con vulgaridad y hace cosas normales, como convivir con un cúmulo de anormales que pretenden diferenciarse del resto, que se creen mejores por ser pretenciosos y traidores, por humillar y mandar, por llevar una corona y pisar un manto de flores. No, no soy importante, ni mis palabras lo son, y mis actos, ¿qué decir de mis actos? Similares a los de mis progenitores por los que fui educado, actos infantiles que casi no recuerdo, actos rebeldes de adolescencia y juventud, de una rebeldía de pacotilla o de bolsillo para, después, con el paso del tiempo, formar parte de un montón enorme de personas que pasan desapercibidas para los importantes. Y como no soy importante amo, como un grano de arena que contribuye para ser playa pero que si falta, no pasa nada, nadie se dará cuenta, mi presencia no altera nada y con mi ausencia, nada cambia. Ese es el valor de mi importancia.

El refugio

Todo el mundo tiene como mínimo un refugio. Yo tengo unos cuantos. Tu mirada es uno de los refugios que me encantan, pues es profundo, acogedor y hay un brillo especial que me envuelve y me hace sentir mejor. Escucharte también es un refugio, saber de ti, oír tus preocupaciones y tus alegrías; hacerme amigo de tus diferencias, no para que sean mías, sino para entenderte, para comprender esa hermosa personalidad que te da vida. Un refugio son tus silencios, tus besos, tus abrazos donde pasaría toda la vida. Pensar en ti es ya un refugio, soñar contigo, revivir algo tuyo, imaginarte, fantasear con tu mundo. Hay otros refugio que, tarde o temprano, me acaban remitiendo a ti, como la música o la lectura, el teatro o la pintura. Tumbado en la cama, esos instantes antes de una siesta, donde recapacito, hago un pequeño examen de conciencia y, las sombras del techo, como si fuera una ciencia, me transportan por un mundo de ensoñaciones en donde estás tú en todos los rincones de mi pensamiento. Entonces el refugio se expande, el refugio es el mundo y tú un gigante que me sonríe y me acaricia desde cualquier parte. El refugio son tus labios arqueados, esos mismos labios pegados a los míos, tus labios susurrándome una linda canción mientras mi cara descansa en tu pecho y oigo tu corazón, el gran refugio que sus puertas me abrió el día que te regalé mi amor.

sábado, 2 de noviembre de 2024

Redención final

Comparto con ciertos pesimistas filosóficos que este mundo, aún siendo rematadamente malo, es el mejor de los posibles. Porque dentro del horror, del hambre, de la corrupción y del dolor, hay siempre amor, solidaridad, empatía y alegría. Por eso nuestras acciones son tan importantes aunque nos parezcan nimias, individuales o, incluso, poca cosa. Todo esfuerzo que hagamos por mejorar el mundo, por pequeño que sea, nos encamina hacia la redención final. El amor nos acompaña en el sufrimiento y el dolor, en el malestar diario. Una frase de ánimo, un saludo cordial, un deseo sincero de prosperidad, un abrazo, sea del tipo que sea, fraterno, materno, amoroso, filial, incluso un abrazo entre dos desconocidos que, unidos por ese esfuerzo de mejora, intercambian energías, vibraciones, esencias espirituales y amorosas que transformarán el mundo en lo que tiene que ser, volver a ser ese paraíso perdido, enterrado por el capitalismo parasitario que destruye todo lo que toca. Por eso todas nuestras acciones cuentan y todas deben ir encaminadas a esa redención final que, a lo mejor, puede que sea ese sentido vital que andamos buscando en esta absurda vida que nos zarandea a diario. Amar, cooperar, empatizar, ser solidario y, casi diría yo que lo más importante, no dañar, no transformarnos en lo que siempre criticamos, no sucumbir al sistema, no ser una pieza más del capital que abotarga y aborrega, y brillar en este mundo de sombras horrendas hasta producir en cooperación un sol que vuelva a salir para contemplar la redención final que nos espera.

Tengo un tesoro

Hay un cofre en mi corazón y una réplica idéntica en mi cabeza. Allí guardo todas las sonrisas que me han dedicado, todas las que cambiaron mi ánimo, también todas las carcajadas sinceras que provocaron lágrimas de alegría y, esas lágrimas felices están en una estantería, en pequeñas botellas de colores, archivadas como esencias mágicas junto a las fotos de todos mis amores: mi madre, mi perro y mis amigos, los mejores. También están esos pequeños detalles que te regala la vida, en esos días donde todo parece monotonía y, sin saber cómo, aparece alguien, como si fuera el sol de tus rutinas, que te ilumina, que te muestra su interés, que te escucha, que te admira, y te lanza pequeños rayos de alegría para que se difumine tu monotonía. Guardo también los bailes y las canciones, con mi hermana, con mi madre, incluso con Néstor mi perro, que dios los guarde, si quiere, que yo ya los tengo en mi corazón viviendo hace un montón, acompañándome en mi soledad que no es tal, porque cada vez que los pienso me siento fenomenal. En el centro del cofre están todos los besos de amor que me dieron, todas las caricias que me hicieron sentir amado, todos los abrazos que me hicieron sentir seguro, a gusto y feliz. Y no sólo están los besos, caricias y abrazos físicos, sino también los que mandé por carta, mensaje o por teléfono, incluso los que solo pensé o soñé en una fría noche de invierno, y también, como no, los que imaginé cuando anduve por el infierno. Guardo las miradas que me sostuvieron, que me desnudaron, esas miradas donde nuestros espíritus se entrelazaron, miradas en las que pude nadar hasta llegar a tu lado. Todo eso y algo más es mi tesoro.

viernes, 1 de noviembre de 2024

Lo natural

Es lo más maravillosamente hermoso. Cuando encuentras las cosas, los actos naturales, cuando te acostumbras a los saludos, al interés de tus amigos por tu vida, a que te cuenten la suya, te parece todo tan natural que muchas veces no lo apreciamos como es debido. Lo natural es mágico. Y sí, lo natural en esta vida es amar, cooperar, contribuir a la armonía del universo con nuestras acciones. Lo natural es aceptar lo que viene y lo que se va. Aceptar que vinimos solos y así nos iremos, pero asumir que, aunque nos vayamos solos, debemos irnos llenos de amor, sabiendo que lo hemos propagado por el mundo. Lo natural te pone en sintonía con el universo: la sonrisa de un desconocido, la mirada de un perro que nunca has visto pero que se alegra de verte, sentirte a cada instante solo por el hecho de conocerte, añorar tus abrazos a pesar de no haberte dado todavía ninguno. Porque lo natural a veces es extraño, otras mágico y otras, como ha ocurrido tantas veces, pasa desapercibido y solo te acuerdas cuando lo has perdido. Lo natural es amar a mis amigos, y eso hago aunque no estén conmigo. Porque la naturaleza crea conexiones invisibles, une espíritus, nos hace compartir pasiones e ilusiones, incluso sueños donde acrecentamos nuestras relaciones. Seamos naturales entonces.