domingo, 5 de enero de 2025

La sonrisa detrás del llanto

Todos sentimos dolor, algunas veces con razón y otras infundado. El sistema nos lleva por derroteros insospechados, nos manipula, nos hace adictos, nos dice qué es tradición y qué habito, y nosotros caemos en la trampa y después vienen los llantos. A mí no me importa qué tipo de llanto sea, pero siempre busco la sonrisa que hay detrás. Me di cuenta en mi soledad. Llorando muertes y desdichas. El llanto debe ser natural, para limpiar los ojos y poco más. Enseguida hemos de sonreír y, si no podemos solos, buscar a un amigo que toque nuestro punto feliz. Un abrazo sanador que nos haga sentir mejor y, como colofón, tal vez unas pocas cosquillas, por si la sonrisa que hay detrás del llanto se resiste a salir. Por eso en los entierros termino contando chistes. Primero todos lloramos y nos sentimos tristes, luego se hace un silencio y, más tarde, vienen los chistes. Y así despedimos al muerto con unas sonrisas. He visto a gente sufrir mucho más que yo y, a pesar de todo, seguir sonriendo. Por eso no me regodeo en mi llanto sino en la risa porque así mi mal espanto. Por eso siempre busco la sonrisa detrás del llanto.

Queridos reyes magos

Sé que no existís pero hoy quiero tentar a la magia, quiero volver a ser un niño y por eso escribo esta carta. De pequeño os escribí muchas y nunca me hicistéis caso pues todas las comenzaba pidiendo la paz mundial. Mi madre me enseñó que no debía ser egoísta, por eso pedía más cosas para los demás que para mí. Casi nunca llegaba lo que había pedido. Yo no entendía que siempre me trajerais ropa, calcetines, jerséis y, un año, al verme además de confundido, desilusionado, mi madre me dijo que me traíais lo que más necesitaba. Una vez pedí hermanos pequeños y me llegaron dos sobrinos; yo lo achaqué al cúmulo de pedidos que tenéis y, esos pequeños errores, no me importaban, porque, al fin y al cabo, habían llegado cosas similares. Y fui creciendo y seguí creyendo en vosotros. Mi familia no daba crédito a que aún siguiera creyendo en estos cuentos, pero a mis hermanos mayores les iba muy bien porque así podían pedir cosas ellos también. Un día hubo una discusión en el colegio. Unos decían que los reyes eran los padres y yo insistía en que no era cierto. Cuando llegué a casa expliqué lo que había pasado, hablando y dando mis argumentos. Todos me miraron atónitos, no podían creer que yo aún siguiera creyendo, con casi once años, y mi hermana mayor me lo explicó todo. Todo dió un vuelco en mi vida. ¿En cuántas cosas más me habían mentido? ¿Era el niño Jesús otra falacia? ¿Seguro que yo formaba parte de esa familia o me habían secuestrado o adoptado y también me lo ocultaban? La mentira se transformó en algo elástico, se podía estirar en el tiempo todo lo que el mentiroso quisiese. Mi hermana, la pobre, me lo explicó lo mejor que pudo, me habló de la ilusión, de que era muy bonito que yo aún siguiera teniéndola, tan mayor ya, que todos mis hermanos se habían enterado antes que yo. Y ahora que soy bastante mayor, y además republicano, me he decido a escribir solo para deciros una cosa: dejad de lanzar caramelos al aire y entregad a los niños libros en la mano.

sábado, 4 de enero de 2025

Tenía que ocurrir

Siempre me han dicho que soy un soñador, que me hago muchas ilusiones, que me desborda la imaginación y, también siempre, terminan diciéndome que ya soy muy mayor para tantas tonterías, que debería poner los pies en la tierra y asumir la realidad, como si la realidad fuera una auténtica mierda. Que, a veces, lo es, no hay duda, pero muchas otras no, y yo me quedo con las veces en que no lo es. ¿Y qué es lo que tenía que ocurrir? Que las ilusiones se vayan haciendo realidad, que los sueños se cumplan, que lo imaginado se haga posible. Cuando era un niño soñaba con tener amigos en todo el mundo y ahora puedo decir que los tengo. No son muchos, pero son una realidad palpable. Ya de adolescente soñé con ser escritor, siempre me gustó leer y escribir, aunque publicar libros lo veía como algo lejano e inalcanzable, pero el tiempo me convenció de que todo era posible y ya he publicado varios. Luego construí un mundo donde se desborda el amor y se expande entre todas las amistades. Quise aprender tocar un instrumento y lo hice, quise estudiar filosofía y lo estoy haciendo, soñé con viajar por el mundo y, poco a poco, se va cumpliendo y, lo que antaño parecía imposible hoy es un recuerdo más en mi memoria. Y sigo soñando y generando nuevas ilusiones, imaginado nuevos imposibles y amando más allá de los límites.

Lo que la vida te ha dado

Un día, no sabes por qué, lo que la vida te ha dado viene y se planta delante de ti. No me refiero a cosas materiales sino a momentos muy comunes y sencillos pero entrañables. Sonrisas de agradecimiento llenas de amor, instantes con inmejorable compañía que se eternizan, ilusiones y sueños compartidos, momentos de silencio maravillosos donde las miradas hablan y se entregan a la fruición, instantes de soledad con el corazón y el pensamiento llenos de compañía. Ese juego que te inventaste en una tarde que se presumía aburrida y que se ha quedado a vivir en tu memoria durante toda la vida. Pequeñas frases que me dijo mi madre y que me llenaron de placer y alegría; las carcajadas de mi hermana; las vueltas que daba Néstor en la puerta de casa justo después del último paseo del día, como diciendo, ¡ya estamos en casa! Todas esa pequeñas alegrías que la vida te ha dado llegan juntas como un regalo, como un recordatorio, como un aviso, con ganas de animarte y pidiéndote que sigas acumulando más momentos auténticos para añadir a esta colección de detalles vitales que perduran en el tiempo, que se agarran al recuerdo y, cada cierto tiempo, se hacen presentes, vuelven solo para saludar, para mostrarte lo bueno que es vivir y compartir, amar y cooperar. Un día la memoria hace renacer todo lo maravilloso, miles de pequeños detalles, las cosquillas de la vida me gusta decir a mí, las caricias del destino, los besos del universo reverberando en un espacio sin tiempo, la alegría de vivir un sueño.

viernes, 3 de enero de 2025

Habitantes del pensamiento

En mi vida diaria no puedo evitar que aparezcan los habitantes del pensamiento. Estando en el trabajo, hablando con gente de cualquier cosa, estudiando en casa solo, recordando a los muertos, no importa la situación en la que me encuentre, tarde o temprano los habitantes del pensamiento aparecen. Son las que personas que amo que, no contentas con habitar mi corazón, se dan baños en mis pensamientos. Al principio era una sensación extraña porque lo recibía como una pequeña invasión en mi vida íntima y silenciosa. Pero ahora, más que acostumbrado, creo que es algo fantástico pues he perfeccionado esta experiencia. Puedo incluir los sentidos en el pensamiento, tener conversaciones con los habitantes, rozarlos con mis dedos, jugar al amor mientras se bañan en mis pensamientos. Muchas veces me introduzco tanto en mi mundo interior que, las personas que me ven, dudan de mi cordura, pues me ven sonreír o con gestos de placer en mi rostro. He adquirido una fama de ser un gran distraído y algunos me han bautizado como el filósofo de las musarañas. Casi es mejor así, pienso, porque si explicara los habitantes de mi pensamiento y todo lo que me ocurre puede que no me miraran con los mismos ojos. Mi pensamiento se ha transformado en una gran ciudad, puede que un mundo, más que ideal, idóneo para una persona solitaria como yo. En mi pensamiento hay una multitud de gente maravillosa que se asombran conmigo, que comparten la risa y también las caricias, personas fantásticas con las que mantengo estupendas conversaciones silenciosas que hacen de mi vida algo único. Amo a todos y cada uno de los habitantes de mi pensamiento.

jueves, 2 de enero de 2025

Lo que nos define

Son las pequeñas respuestas en los actos cotidianos, lo que pensamos y, mucho menos, lo que decimos. Todos construimos un personaje, nuestra sociedad requiere de apariencias. La mayoría entiende por persona educada a una que usa mucho por favor y gracias; pero la educación no es sólo eso. Nuestros gestos y nuestros hechos deben ser educados también. Desde pequeños deberíamos tener una asignatura del amor y otra de la cooperación. El mundo sería bastante diferente. Unos pequeños cambios en nuestra sociedad y todo sería distinto. Eliminar competencia y adquirir cooperación. Hacer un cóctel de envidia, odio e indiferencia y cambiarlo por otro de amor. Disfrutar de la lectura en un parque soleado o a la sombra. Alrededor de una hoguera y rodeado de amigos en una noche estrellada disfrutar de las narraciones reales o inventadas. Estas pequeñas cosas serían clave para una hermosa transformación. Siempre han estado entre mis sueños y, todo lo que puedo hacer solo, lo llevo a la práctica. Por eso leo y narro y, cuando estoy con alguien más intento cooperar. Al principio es difícil, no estamos acostumbrados, pero con el tiempo, acaba transformándose en un habito y se torna sencillo. Lo que nos define está en el corazón, ahí reside la semilla del amor que hemos de potenciar y regar con nuestro actos para que se expanda entre nuestros amigos y crezca el cariño, se multipliquen los abrazos y volvamos a ser niños.

miércoles, 1 de enero de 2025

Año nuevo

Vida nueva. Se ha dicho siempre. Anoche comí un poco más de la cuenta, bueno, no solo anoche, cada día estoy un pelín más gordo, es lo que tiene la soltería y la soledad. Pero hoy, día de año nuevo, me levanté muy ligero. Me desperecé en la cama que, no sé por qué, parecía mucho más grande. Me di cuenta al intentar levantarme. Tuve que rodar varias veces, como una croqueta, hasta llegar a uno de sus límites, y eso me hizo gracia al principio pero luego me sobresaltó. Me llevé las manos a la cabeza y una mata frondosa de pelo contactó con ellas. ¿Qué estaba pasando? Hace años que perdí el pelo, no todo, pero sí mucho, de dónde había salido tanto pelo, ¿puede crecer así en una sola noche? Me dirigí al baño por el pasillo que, para mi asombro, se estaba alargando demasiado. Me lavé la cara y me quedé contemplando el espejo como si mirara a través de una ventana, pues no era mi baño el que se reflejaba ni tampoco mi cara, por lo menos no la que yo recordaba. Miré el estómago de mi reflejo, atlético, con los músculos ligeramente marcados. ¿Dónde estaba mi barriga que cada día acariciaba, de la que me sentía orgulloso y que tanto me costaba alimentarla y llenarla? Más pelo, sin barriga, una casa más grande y, ah, una cosa que no he citado aún, ya no tenía canas, mi pelo era castaño, tirando a rubio, como cuando era joven y el año nuevo me había quitado por lo menos entre treinta o cuarenta años. Debería de estar soñando, pero me fui a la cocina a desayunar algo y allí había tres niños sonriendo y comiendo y diciendo feliz año papá, después de leer un rato iremos al parque como nos prometiste ¿verdad?. Sonreía mientras le acariciaba el pelo a uno de ellos, el más pequeño, y dije sí, lo prometido es deuda. Año nuevo vida nueva. ¿Qué otra cosa podía hacer?