miércoles, 22 de enero de 2014

Paciencia

Noto su sabor amargo en mí. Soy su recipiente, me estoy llenando de ella, pero, como todo lo realmente importante, requiere su tiempo y su técnica. A pesar de su amargura, sus frutos, como decía Rousseau, son dulces. Porque la paciencia consiste en hacer lo que depende de nosotros para alcanzar lo que no depende de nosotros en las mejores condiciones. Por eso, hago todo lo posible para estar preparado para mi amor, para, cuando me encuentre, estar en mi plenitud física, mental y espiritual. Me zambullo en el presente, me rocío de sabiduría, medito en el ahora, amo antes incluso de saber a quién, porque así es la paciencia, amarga y dulce, costosa primeramente y eternamente placentera. Me ayuda a buscar la libertad que quiero, la libertad interna. La paciencia me acerca y me conecta con la sabiduría en el aquí y ahora. Por eso, poco a poco, el amor que destilan mis poros, es la pura esencia del amor que va calando en el mundo haciéndolo un poquito mejor. Por eso, cuando medito, noto tus brazos a mi alrededor. La paciencia me gratifica con visiones oníricas de nuestro amor. Y cada día soy más tuyo, y me siento mejor. La maldad externa es repelida por la paciencia que me acompaña. Y respiro, y sonrío, y sé que muy pronto estaré contigo porque la paciencia, cada día, me lo dice al oído. Cierro los ojos para verte y busco el silencio para oír tu voz. y ahora soy más libre, me siento mejor, siento nuestro amor.

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