sábado, 18 de julio de 2026

Niebla mental

Se ha aposentado una niebla mental en mi interior y no puedo pensar ni discurrir como deseo. Tengo una bola de engrudo emocional en el centro de mi pecho. Recurro a la metacognición en último extremo y pienso en mis pensamientos, en por qué los tengo, en por qué me toruran, en por qué mi cabeza rumia como una vaca vieja que se ha atragantado con un pasado mal digerido que retorna y que se parece mucho a un presente que no se quiere ir. ¿Por qué le doy tantas vueltas a todo? ¿Por qué intento ser feliz con los demás cuando mi felicidad ha aparecido siempre estando solo? Parece que, desde que empecé a escribir, ha retornado cierto rayo de luz energético que los problemas habían drenado. Mis ojos comienzan a sonreír, siempre lo hacen antes que mis labios. El engrudo del pecho se está diluyendo y una sonrisa de niño travieso se abre camino en mi rostro viejo. El niño que fui sigue vivo, él es el que ha roto el engrudo del pecho a patadas, como si fuera un juego. Y ahora voy a volver a jugar con todos mis amigos imaginarios y con todos mis amigos muertos.

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