martes, 21 de julio de 2026

El vaivén del dolor

Cuando todo parece superado, de repente siento una tristeza que crece a pasos agigantados en el interior de mi pecho, una mano infernal agarra mi corazón y se hace puño, un torrente de lágrimas cae de mis ojos, dejando surcos en carne viva en las mejillas. Quiero escapar pero estoy atrapado en mi cuerpo dolorido que llora como un niño abandonado. Paso horas en esta situación que parece inamovible, pero poco a poco, sin apenas percibirlo, me voy tranquilizando, mi corazón vuelve a expandirse pero con un gran charco de sangre sentimental a su alrededor. Pienso en mi madre, en sus abrazos que curaban mi tristeza al momento, en sus besos que sanaban mis heridas, en su "curisín-curisana" si no se cura hoy se curará mañana y, ahora mismo, parece que puedo sentirla a mi lado, acariciándome el rostro y diciendo: mi niño, todo va a salir bien, tú siempre has sido el amor de mi vida.

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