domingo, 19 de julio de 2026

Vacaciones interiores

Este año han sido unas vacaciones extrañas porque, al mismo tiempo que volaba a otro país con una maleta, también viajaba al interior de mi ser. Podríamos decir que han sido unas vacaciones cognitivas, unas vacaciones ontológicas, de conocimiento del ser, para entender la mente, las emociones y mi propósito vital. Y también, por qué no, con un ratito para pensar en la muerte. Es curioso porque en las vacaciones interiores te sumerges en una lenta transformación. Uno se da cuenta de ciertos errores que pasaban inadvertidos que, a lo mejor, solo veíamos en otras personas y no en nosotros mismos. Las elecciones y las decisiones tienen consecuencias pero, de lo que me he dado cuenta en estas vacaciones es que, muchas veces, esas decisiones y elecciones que creemos tomar en plena libertad y porque queremos, en realidad no es así. Hay un autoengaño interno, tal vez debido al pasado, a las circunstancias, a nuestras rutinas y nuestra actual forma de vida que, como insistimos en no cuestionarmos, nos pasa completamente desapercibido. Por eso nos ilusionamos de forma mecánica, deseamos de manera digital, amamos algoritmos, amamos unas fotos que, por haber visto muchas veces, se nos hacen familiares, pero son solo fotos. Creemos comunicarnos con personas pero son solo apariencias digitales, disfraces de personas que están en la distancia o que, a lo mejor, ni siquiera existen. Echamos la culpa de todo al exterior o puede que, tal vez, alguna vez, nos sintamos culpables nosotros, pero siempre volvemos de cabeza a sumergirnos en la vorágine digital que tanto daño nos ha hecho. Pero las vacaciones interiores acaban abriéndote los ojos del alma. No son muy agradables al principio pero, cuando terminan, te has descubierto un poco más a ti mismo.

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