jueves, 22 de octubre de 2026

En las afueras de mí

Vuelvo a caminar. Estoy en un decorado de ensueño, con un día estupendo, el cielo desprende vibraciones que interpreto como música interior. La gente a mi alrededor pasea tranquila, sin prisa aparente, tal vez sólo un poco en ciertas miradas furtivas que cuestionan mi gesto, mi posición, mi luz, que me observan caminando en las afueras de mí y quieren saber por qué, o mejor, por qué me siento bien. Ilumino lo desconocido con la pluma que escribo. La tinta se desliza más rápido que la de un boli y va creando mi realidad a la velocidad idónea y, ciertas letras, ciertas palabras, dibujan mi armonía con una danza colorista. Veo mi dolor partir o difuminarse. Comienzo a sonreír levemente y desisto preguntarme si alguien me entiende. Hay un pequeño núcleo de felicidad creciendo en mis entrañas. En las afueras de mí termino de sanar al verme de refilón y comprobar que puedo corregir mis últimos errores, el principal es pensar en quien no se lo merece. Así que mucho del tiempo que dedicaba a otros ahora ha vuelto a mí de sopetón. La soledad me acompaña, me lleva en volandas y, además, es siempre creativa. La alegría que se produce en este mismo instante me desborda. Hay ojos que me observan e intentan succionar mi energía aunque dudan y se sienten confundidos. La transformación ha sido lenta pero ha llegado el momento de percibirla para muchos. A veces resulta extraño ver el mismo físico pero saber que es una persona completamente diferente. En las afueras de mí todo son hallazgos. Me repliego, vuelvo a mi interior y escribo desde el corazón, limpio de adversidades y con las heridas recién cicatrizadas. El mundo que me espera va a ser una auténtica maravilla.

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