martes, 15 de septiembre de 2026

¿Nos interesa la verdad?

¿O tal vez solo salirnos con la nuestra? Tengo la sensación de que hemos cambiado la búsqueda de la verdad por le deseo vano del control y el capricho, un nuevo poder sucedáneo. La insustancialidad acuciante del sistema nos ha desbordado. Yo siempre había creído que el sentido de la vida era la búsqueda de la verdad. Y que la verdad más palpitante y esencial es el amor. Pero con el amor ocurre lo mismo que con la fama, cuesta. Y ahora estamos tan abotargados con falsedades y posverdades que, seducidos por el autoengaño, siempre al alcance de la mano, vamos dando tumbos sentimentales y anímicos, picoteando un eros virtual que nos deshumaniza, fingiendo amor, para producir dopamina de mala calidad, que nos acabará transformando en unos resentidos que se lanzarán de cabeza al embuste digital y al victimismo prefrabricado por emoticonos varios. ¿Qué nos importará entonces la verdad si nunca la tuvimos en cuenta? En verdad os digo, dice el dios de las redes, yo soy yo y mis autoengaños. Y vosotros también.

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