sábado, 15 de agosto de 2026

Imprevistos

Os habéis dado cuenta de que hay personas que dicen odiar según qué cosas que, a la postre, son ellos mismos. Por ejemplo, no les gusta esperar pero siempre llegan tarde. Otros dicen odiar los imprevistos y después te ponen excusas para todo. Cuando las excusas son las principales generadoras de imprevistos, pero ellos las usan como un comodín. El problema, siempre, es cuando le das la vuelta a la tortilla. El odiador de imprevistos quiere que salga todo como había planeado y, por eso, cuando dentro de sus planes hay excusas e imprevistos para el resto, para él dejan de serlo. En realidad el problema hoy en día es la definición de conceptos, que la solemos hacer según nos conviene a nosotros, puro auotoengaño en definitiva. Porque si odias los imprevistos no los provocas. La mejor manera de no caer en el imprevisto es cumplir las promesas, ser sincero, hacer que tu palabra tenga validez, y no esa obsesión de los últimos tiempos de creer que se queda bien mintiendo todo el rato. El mayor imprevisto es el autoengaño, usar mentiras con seres cercanos y en asuntos profundos. Y el falso odiador de imprevistos suele caer en un bucle cotidiano: odiar algo que provoca, mentir constantemente en su relato, barnizarlo con autoengaño para no percibir sus mentiras y, por último, hacerse la víctima cuando es descubierto. Sal del bucle, aún estás a tiempo.

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