Cualquier cosa puede ser interesante, eso depende de cada uno. Y en un acto de humildad en el que apenas me reconozco, bajaré un escalón más, y adoptaré todo aquello que me suene interesante, para moldearlo con mi intelecto, transmitirlo con mis dedos en pleno tecleteo, donde un sonido maquinal se transforma en fenomenal, y ahí es donde lo interesante empieza a sonar, y la música de la comunicación fluye y se expande, generando un baile vital del que todos formamos parte.
domingo, 30 de junio de 2024
Señales
Buscando una señal que no llega me percaté de una variedad de señales inesperadas. A veces construimos historias que solo están en nuestras cabezas y, otras más bonitas, aparecen ante nuestras narices para rescatarnos de nuestra maldita insistencia. La pregunta de un amigo sobre mi estado de ánimo me hace ver el error donde me encuentro. Es como una rotonda en la que insisto en dar vueltas. Las salidas parecen cerradas, pero se oyen voces que dicen por aquí, por aquí, pero mi mente solo oye de un grillo el cri-cri. Una sonrisa veo y me siento feliz. Dos líneas que leo dirigidas a mí visten mi desnudez como una brisa reconfortante que alivia mis poros al instante. Humedezco mis labios con un te quiero de un mensaje que llega goteando pues acaba de atravesar un océano para dejarme el sabor de un beso soñado. Dos abrazos dibujados se han recreado a mi lado dándome su cariño, cobijándome, tratándome como a un niño. Buscando una señal que no llega recibo grandes dosis de amor revolucionado. Y no es un sueño, ni un hado, pues lo he sentido, aquí, aquí mismo, a mi lado.
Te escucho
Puede que no digas nada, pero yo te escucho. Tus silencios dicen a veces más que tus palabras. Y no, no es como piensan muchos que el que calla otorga. A veces el que calla sufre y otras hace sufrir, pero el silencio siempre habla y a mí, que me encanta escuchar, me conoce bastante bien el silencio y me lo cuenta todo. Sí, te escucho incluso cuando no estás porque formas parte de mí. Son las cosas del amor, se crean sinergias inesperadas cuando llevas a una persona metida en el corazón. Cualquiera diría que lo estás imaginando pero la realidad es que lo estás sintiendo. Te escucho también cuando me hablas y, ahora que te voy conociendo, puede entender tus pausas, lo que no dices, cómo lo dices y por qué, y lo más importante de todo, qué quieres decir realmente. Te escucho con atención para oír lo que repites, para percatarme cómo vas cambiando tu discurso dependiendo de quien haya delante. Escuchar te muestra las costumbres que construyen tu personalidad y también la imagen de lo que tú has creado para mostrar a los demás. Te escucho con el mismo interés que me escucho a mí mismo, para comprenderte mejor, para amar incluso lo que no me gusta de ti, y tú ni quieres ni puedes cambiar. Pero primordialmente te escucho por una cosa, porque escucharte me hace feliz.
Hoy hablaba
Hoy hablaba con una bombilla que se interesa por mis escritos. Da luz a la hoja en blanco, ilumina mi entorno, se concentra en lo que escribo. Se ha unido a la conversación el ventilador con su ronroneo susurrante. A su manera también acompaña, dice, sigue así, sigue así, tú puedes, lo conseguirás. El ventilador usa más tópicos que la bombilla, pero no deja de ser entrañable. Poco a poco se iban integrando más participantes a la conversación: la taza de café, la botella de agua fría y un calcetín bailongo que se contoneaba intermitentemente en el tendedero gracias al susurro del ventilador mientras la bombilla le animaba con ese brillo que insinuaba un 'como te cimbreas'. Estábamos teniendo una conversación muy interesante hasta que llegaste tú y me preguntaste con quién hablaba. Te lo dije y me miraste con espanto pasajero. Después me regalaste tu sonrisa prepotente del ser más inteligente y espetaste algo parecido a 'el absurdo ya no se lleva'. Pero qué hay más absurdo que una bombilla, un ventilador e incluso un calcetín se interesen por mí más que tú. Puede que lo único que haya sea menospreciar a quien tiene un mínimo interés, sea quién sea.
sábado, 29 de junio de 2024
Los intersticios de la existencia
Allí donde quiere brotar la verdad fumigamos con nuestro auto engaño. Nos hemos acostumbrado. Unamuno nos caló a la primera, somos un país de victimistas. Pero por esos intersticios de la existencia a veces asoma el amor y, si es revolucionario, mucho mejor. Es curioso porque esas brechas, esa hendiduras, esas grietas que aparecen en nuestra existencia, si no captamos a tiempo lo que nos ofrecen, si no sabemos leer el momento, se cierran y desaparecen. Nos quedamos como anquilosados en la costumbre que, puede que nos desasosiegue, pero nos da cierta seguridad irreal que terminará por estallar en el momento más inesperado. Es importante estar atento, leer entre líneas, en esta caso leer los intersticios, escuchar lo que nos dicen y no sólo lo que queremos oír. Y en lo más importante de la vida, el amor, las grietas se abren y se cierran, como un corazón que bombea y, donde hayas dolor y mentira, de repente todo se oscurece, pero otra grieta aparece, el intersticio se llena de luz y, puede que sea el amor de nuevo, tal vez con un rostro diferente, pero en la profundidad de la mirada uno ve el mismo amor de siempre, agrandado, no sé si por la experiencia o la sabiduría, y por el intersticio se cuela la alegría y mi existencia brilla. El recuerdo me trae el sol de la niñez, la caricia materna, los juegos sin fin y de disfrute eterno, la fantasía natural del día a día y, en este intersticio maravilloso, se para el tiempo, vivo como si estuviera leyendo o leo viviéndolo todo. Si existe alguna verdad se cuela por esta brecha que se ha abierto en mi corazón donde la revolución del amor echó raíces y, aún en soledad, mi vida está llena de amor.
viernes, 28 de junio de 2024
El artista
Nadie le conocía, podría decir que ni él mismo se conocía completamente. Parecía una persona común, un trabajador, uno más de un montón muy grande. Pero era constante y portaba grandes sentimientos en su interior. Su mirada era el archivo de su vida, como una biblioteca, donde podías leer el pasado y presentir el futuro, donde veías el amor incipiente que crecía y donde, irremediablemnete, podías distinguir la revolución del amor en sus retinas. Cuando lo encontré supe que no era como los demás. Me miraba diferente, veía cosas en mí que los demás no veían. Me decía que era hermoso, pero enseguida supe que eran sus ojos los que tenían la capacidad de ver lo que pasa desapercibido a los otros, sus ojos me descubrían, me desnudaban, y yo me sentía otro, un otro mucho mejor, más valorado, amado, me sentía arte a su lado. El artista era comedido pero muy certero. Parco en palabras y ducho en silencios, unos silencios que maravillaban a mi intelecto pues podía oír su mirada, como me traspasaba, como absorbía todo lo bueno de mí y me lo mostraba sin decir ni una sola palabra. Su mirada me acariciaba y yo, enseguida pensaba en besarle, y antes de hacerlo él siempre sonreía, y mis labios contactaban con su sonrisa. Y fueron los mejores besos con el artista.
jueves, 27 de junio de 2024
Al escribir
Se va construyendo la vida. Puedo comprenderme con cada línea, la escritura me sirve de auto conocimiento. Todo lo que me envuelve y estoy viviendo, tal vez aún sin ser muy consciente de ello, aparece más claro en cuanto lo escribo. Muchas veces creo que estoy imaginando, como me pasó con la revolución del amor, que escribía un texto que no iba a tener consecuencias, que sólo era una idea, una ocurrencia más. Pero al escribir todo cobra sentido y el amor de esta revolución llega a los sitios más inhóspitos, a los lugares más recónditos y distantes. Jamás creí que pudieran tener tanta fuerza las palabras, pero es que, si las llenas de amor, pueden llegar a cualquier parte, a cualquier corazón por lejos que esté. Al escribir me siento agradecido con la vida, a pesar de sus golpes, pues las amistades me reconfortan con su amor que vuelve a mí con cada una de sus sonrisas, con cada imagen de alegría de sus vidas. Al escribir siento el abrazo, la caricia, el beso, la compañía que me alegra la vida y también el arte que hay en cada amistad, sus genialidades escondidas aparecen ante mí y me hacen feliz. Al escribir mis amigos lejanos se acercan a mi vida, puedo sentir su cariño junto a mí. Y también con la escritura revivo momentos inolvidables, renacen situaciones inesperadas, vuelve mi perro a rondar por casa, oigo cantar a mi madre y reír a mi hermana, no existe la muerte pues el amor es más fuerte.
Nunca pasa nada
Varios días de calor han venido de visita esparciendo chicharrina por doquier y en derredor. Me levanto de una siesta inevitable con la irrisoria pretensión de tomar un café inexistente. No queria salir a la calle pero me veo obligado a ello. Adquiero el café, de Etiopía, por supuesto, y vuelvo sobre mis propios pasos sin apenas apercibirme de ello. Mientras se calienta el agua me abordan pensamientos de mi vida reciente. Normalmente el detonante suele ser el retrato de mi madre que tengo enfrente, pero hoy, ha sido un recordatorio de una red social, al mostrarme una foto de Néstor y yo, él a dos patas y apoyado en la barandilla del balcón, y los dos observando el panorama y tomando la fresca. Varios ríos de lágrimas se han precipitado sobre mis mejillas. No era sólo un perro como muchos decían, era mi amigo, mi amor, mi alma, quien más me ha querido en esta vida. Hace un año y medio que se fue pero lo recuerdo todos los días. Hoy gracias a una red social, pero, en realidad, creo que ha sido el propio Néstor el que la ha utilizado para hacerme saber que está ahí, donde quiera que sea, esperándome, que me sigue queriendo y me observa. Leo el correo; mi sobrino se casa el sábado, tengo una inspección de gas, varios mensajes de un amigo que no se encuentra en su mejor momento. He sacado un ocho y medio en un examen de filosofía, pero la alegría se disipa entre dos sorbos de café. Rachmaninoff me deleita con su piano. Miro mis libros y me acuerdo de una frase de mi padre: estoy harto de tus libros. Doy el último sorbo y lo saboreo. Bebo un poco de agua. Nunca pasa nada.
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