Cualquier cosa puede ser interesante, eso depende de cada uno. Y en un acto de humildad en el que apenas me reconozco, bajaré un escalón más, y adoptaré todo aquello que me suene interesante, para moldearlo con mi intelecto, transmitirlo con mis dedos en pleno tecleteo, donde un sonido maquinal se transforma en fenomenal, y ahí es donde lo interesante empieza a sonar, y la música de la comunicación fluye y se expande, generando un baile vital del que todos formamos parte.
jueves, 24 de septiembre de 2026
Potosí
A veces, cuando no me encuentro bien,, y voy rumiando sobre el mismo problema, que da igual que tenga solución o no, la mayoría de veces no la tiene, pues es una situación pasada y, en realidad, no busco solución sono explicación a lo ocurrido; pues, a veces, viene una frase propulsada por una energía liberadora a salvarme del entuerto donde me he metido o, mejor, donde me han empujado. Esta vez ha sido una frase de mi madre que hacía años que no recordaba: vales un potosí, hijo mío. ¿Cómo ha llegado esa frase hasta mí? Mi madre la ha susurrado en mi pensamiento, luego ha sonreído, me ha agarrado la cara con delicadeza y ha estampado uno de sus maravillosos besos, un beso de recompensa, de gratitud, de admiración, un beso de amor desde donde quiera que se enuentre. Pero sus besos siempre llegan en el momento oportuno, esa siempre fue su magia. Alegrarte la vida con sencillez. con una tostada, con un trozo de pimiento crudo, con una fruta jugosa, con el comienzo de un sueño, con abrazos y besos. Mi madre era el potosí que yo he heredado.
miércoles, 23 de septiembre de 2026
El amor es demasiado
No sé lo que pasó, no me explico cómo ocurrió. Y así iba, dando tumbos mentales, rumiando sentimientos, repensando todos los recuerdos, hasta que oí esta frase: el amor es demasiado. Tal vez ese haya sido el problema, que el amor es demasiado para ti. Desconozco tu pasado, solo lo que me contaste, que fue poco y, a lo mejor, ni siquiera era cierto. Pero sé que no te han tratado bien en las relaciones, es evidente, sólo hay que ver como actúas. Por eso el amor es demasiado para ti, porque no es lo habitual, y crees que hay alguna trampa, que la gente no puede tratarte bien porque sí, por amor, y ya está. Desconfías. Pero la vida regala oportunidades. Y hay que saberlas aprovechar pues escasean. No se puede usar el amor para mentir. El amor requiere sinceridad y la máxima ilusión compartida. El amor mantiene el fuego vivo en mi corazón. Nada ni nadie puede apagarlo porque el amor es demasiado. Yo me dejo llevar por el amor, fluyo en el amor, buceo, me sumerjo en él. El amor es demasiado porque cuando amas de verdad te das cuenta de que todo es amor.
En el mismo momento
Sí, en el mismo momento que naces mueres. Y en el mismo momento que mueres naces. En ese lapso de tiempo intermedio, en ese no tiempo, todo debe borrarse. Siempre ha sido así. No debe quedar rastro porque todo debe volver a repetirse de una u otra forma. A veces tengo la sensación de que hay situaciones que ya las he vivido, me resultan familiares y no sé por qué, porque, en teoría, son nuevas, o eso creo yo. Pero no, no lo son. Todo se repite. Puede que cambies de país, de cuerpo, de época, pero lo esencial se acaba repitiendo. Todos tenemos un camino y en ese camino hay una piedra donde siempre tropezamos. No se puede no tropezar; es la salsa de la vida. Y esa piedra con la que tropezamos, la pusimos nosostros antes de nacer para poder tropezar al morir y al volver a nacer. Es difícil salirse del bucle cuando te cambian el decorado, cuando cambias de cuerpo. En el mismo momento que mueres, te das cuenta de lo fácil que era esquivar la piedra. En el mismo momento que naces, lloras aterrado porque sabes que te encontrarás esa piedra. La piedra que tu pusiste. La piedra que te acompña a todos lados. En el mismo momento que te das cuenta de todo esto, desapareces para siempre. Y la piedra sigue ahí. Puede, incluso, que la piedra seas tú.
domingo, 20 de septiembre de 2026
Tú mismo
Empieza a ser tú mismo cuanto antes. La vida no espera, sólo pasa. Deja de esconderte, de disimular, de parecer alguien que no eres. No intentes caer bien a todo el mundo, eso no es posible y acaba pasando factura. Descúbrete, conócete y ámate. Luego, poco a poco, ya irás mejorando si es necesario. Si no te amas a ti mismo no puedes amar a nadie. Deja de darte cabezazos en la misma pared y de tropezar en la misma piedra siempre. No es que la gente te engañe o te mienta siempre, también eres tú quien los atraes y los eliges. No se puede estirar una relación en el tiempo si no funciona desde el segundo día. Hablar de lo que pasa y de lo que sientes es necesario y, a veces, soluciona muchas cosas; los malentendidos se diluyen, los errores se ven y se rectifican. Hablar es muy importante. Si no se hace, entras en un bucle o patrón o como quieras denominarlo y, más o menos, siempre te ocurrirá lo mismo, con diferencias mínimas en detalles sin importancia. Pero piensa que ser uno mismo no es decir yo soy así y ya está. Hay que corregirse, perder los miedos infundados, tener empatía, saber pedir y, sobre todo, saber dar. El amor es ofrecerse. Pero recibir sin amor, con engaños, es robar; robar la vida y el tiempo del otro. Por eso siempre hay que hablar con total sinceridad. El amor es siempre el mismo, sólo hay que saber bucear en él y ser uno mismo.
viernes, 18 de septiembre de 2026
Asilvestrado
La mejor forma de volver al amor, de sentirse libre y percibir la vida con plena intensidad es transformarse en asilvestrado. Pasear por los bosques como por tu casa, salir al balcón de esta o aquella montaña, bailar entre las flores, desnudo, para que se me impregnen todos los olores. Hablar con poca gente, solo lo imprescindible, no dar detalles ni explicar absolutamente nada, descentrar con la mirada, no escuchar comentarios ajenos, desentenderse lo máximo posible del sistema, conversar con animales, mirar al cielo a menudo, sentirlo, leerlo, vivirlo. Asilvestrado perdido me hallo, danzando al borde un abismo, con un pie fuera de la sociedad y el espíritu saltando de rama en rama o de nube en nube. Maravillado me tiene este estado asilvestrado. Salvaje como mis ancestros vuelvo a ser el mago de los charcos, el hechicero de las hierbas, la pitonisa de la risa o el dios del universo.
Aprendiendo a ver
No es fácil ver en el inframundo. Llevamos siglos aprendiendo. Según la tradición antigua allí es donde se deciden los destinos y se sellan los futuros. Caminos que se bifurcan para parir nuestra elección, situaciones en donde podríamos ser elegidos o no. Acierto y error, aceptación y rechazo, y un batiburrillo entre las cuatro. Puede ser que tras un error, o tal vez un rechazo, uno recapacite. Y uno comprende que antes de una decisión importante ha habido un juicio, se sopesan pros y contras, y el que juzga luego decide en consecuencia, aparentemente. Pero cuando aprendes a ver en el inframundo te das cuenta de que no es tan sencillo. Las decisiones son como personas, pueden que sean buenas en la niñez y, más tarde, sean malas. Entonces un error puede acabar siendo un acierto, y un rechazo, lo mejor que te haya pasado en la vida. Si el amor desaparece y habla el miedo, la sustancia, la esencia que nos guía determinará nuestras elecciones, aparentemente libres, pero condicionadas por mil cosas diferentes. Por eso un corazón herido debe encontrar el reposo, y no volver a ninguna parte sino transformarse. Aprendiendo a ver en el inframundo creo mi destino como el niño que fui pero con todas las heridas del guerrero. Con amor zurzo el corazón roto que me sonríe de nuevo al comprobar todo lo que he aprendido.
miércoles, 16 de septiembre de 2026
Náufrago
No soy uno vulgar ni típico. Soy un náufrago errático, pues naufrague en un planeta, no en una isla. Muchas personas me rodean, pero todas juntas forman ninguna. A veces un corazón se abre para mí, pero en cuanto me acerco, como una ostra, cierra su concha, se hermetiza. El amor que tengo, a pesar del dolor, me salva del abismo. Soy un náufrago en plena sublevación, revolucionado por el amor, asistido por una inteligencia que genera pocas satisfacciones y muchas tristezas. Porque, muchas veces, hallando explicaciones a los problemas, viendo muy cerca las soluciones, no está en mi mano sino en la del otro. Es complicado ver personas rotas que no puedes recomponer, sólo ellas pueden hacerlo y a lo mejor no se percatarán nunca de ello. Soy un náufrago en un mar de tierra y estrellas, y la espuma de los días se diluye en mis lágrimas y en mis risas. Me doy chapuzones de viento entre los árboles danzarines. Miro a un pájaro que me observa desde una rama. Se deja caer y emprende el vuelo. Dibuja letras en el aire y se posa a casi dos metros de mí para seguir hablándome con sus ojos. No dice nada pero lo entiendo todo. Asiente con la cabeza mientras sus alas se despiden dibujando un corazón en el aire. Adiós náufrago. Ahora el amor está en su vuelo que sigo con los ojos que sonríen al viento.
martes, 15 de septiembre de 2026
¿Nos interesa la verdad?
¿O tal vez solo salirnos con la nuestra? Tengo la sensación de que hemos cambiado la búsqueda de la verdad por le deseo vano del control y el capricho, un nuevo poder sucedáneo. La insustancialidad acuciante del sistema nos ha desbordado. Yo siempre había creído que el sentido de la vida era la búsqueda de la verdad. Y que la verdad más palpitante y esencial es el amor. Pero con el amor ocurre lo mismo que con la fama, cuesta. Y ahora estamos tan abotargados con falsedades y posverdades que, seducidos por el autoengaño, siempre al alcance de la mano, vamos dando tumbos sentimentales y anímicos, picoteando un eros virtual que nos deshumaniza, fingiendo amor, para producir dopamina de mala calidad, que nos acabará transformando en unos resentidos que se lanzarán de cabeza al embuste digital y al victimismo prefrabricado por emoticonos varios. ¿Qué nos importará entonces la verdad si nunca la tuvimos en cuenta? En verdad os digo, dice el dios de las redes, yo soy yo y mis autoengaños. Y vosotros también.
Un camino que no existe
Hay muchos caminos para llegar hasta ti. Yo, sin saberlo, elegí el camino más difícil: un camino que no existe. Una amalgama ficticia compuesta primordialmente por tus mentiras y mis ilusiones me llevaron hacia ese camino irreal, invisible, hacia ese no camino. ¿Cómo poder llegar hasta ti así? Imposible. No hay manera posible. Y cuando tú rompiste la ilusión -todavía no sé si con una nueva mentira o con la única verdad- comprendí que el camino no existía. A pesar de todo, me dije, puedo construirlo, podemos crearlo juntos. Pero tú no estabas por la labor. Así que qué hacer en un camino que no existe, anularte, vaciarte, percibir que no eres nada, que no solo no hay camino, sino que tampoco hay mundo y, que el amor que yo creía que compartíamos y construíamos juntos, sólo lo estaba construyendo yo. En el hueco donde debía estar tu amor apareció el dolor. Pero el amor siempre me maravilla y me di cuenta de que, a pesar del dolor, yo seguía amando, y no estaba dispuesto a dejar de hacerlo. El amor tiene esa libertad maravillosa, esa independencia absoluta, y no necesita correspondencia para existir. Y entonces me puse a crear el camino que aún no existe: será mi nueva creacion de amor.
lunes, 14 de septiembre de 2026
Las rutinas
Este año me fui de vacaciones a otro país en busca de mi amor. Nos conocíamos de hace años, pero este último año la relación y el amor fueron creciendo. Así que preparé el viaje para conocer a la persona de mi vida, la persona que decía que me amaba, que me idolatraba, que quería besarme todo, que sólo pensaba en estar conmigo. Y cuando por fin llegó el día del viaje, yo estaba lleno de ilusión, alegría y amor. Nos conocimos. Un par de días muy buenos. Una cena y una pequeña excursión a una isla. Pero había algo extraño. No pasábamos de ser un turista y su guía. Yo insistí en vernos más, pasar más tiempo juntos, conocer nuestras almas y nuestros cuerpos... pero me contestó que tenía sus rutinas. Y yo también tengo mis rutinas en mi país, pero las he dejado todas sólo para venir a verte, conocerte en persona y demostrarte mi amor, ese amor que nos dimos en la distancia durante más de un año. ¿Qué tendrán las rutinas para poder terminar con el amor? Nunca me gustaron las rutinas, yo soy más de amor, de un amor que crece, se expande, de un amor que sorprende a cada instante, que cambia, que muta, se transforma, evoluciona y se olvida de toda norma. Las rutinas me dan grima y el amor es lo mejor.
viernes, 11 de septiembre de 2026
Morir a plazos
Esa extraña sensación a la que vamos a tener que ir acostumbrándonos poco a poco. El sistema te lleva en la vida a desentenderte de lo importante a traves de sus subterfugios y estratagemas habituales: el éxito, la fama, el dinero... Por eso, cuando deberíamos estar cooperando estamos compitiendo. Es curioso porque, hasta que no ocurre algo drástico, no percibimos nuestra situación con nitidez. Tiene que haber una muerte, un haber estado a punto de morir, para que nos replanteemos la existencia. Y de pronto vemos que tenemos cuarenta, sesenta años o los que sea, que hemos perdido mucho tiempo, que, en definitiva, hemos ido muriendo a plazos, pues sólo hemos sobrevivido en vez de vivir. Se nos escapó el tiempo de amar, que lo cambiamos por una casa o un coche nuevo. Perdimos el tiempo haciendo dinero para gastarlo cuando seamos mayores, para obtener una falsa seguridad que, la mayoría de veces, se ve truncada por una enfermedad inesperada, por una o varias adicciones, por una soledad consumista que sólo nos da segundos de felicidad artifical. Y para vivir de una fomra más o men os desahogada, hemos tenido que pagar muchos plazos de muerte con timepo de vida, inlcuso hem os pagado nuestro ataúd antes de tiempo. Murió el amor, murió la calma, murió el placer natural, murió la sonrisa, murieron los paseos, murió la compañía linda, murió el vivir sin producir y el existir son consumir. Y cuando te quieres dar cuenta, ya estás pagando el último plazo de tu muerte.
jueves, 10 de septiembre de 2026
Infinita soledad de papel
Me encanta escribir. Últimemente no paro. Debido a diversos problemas sentimentales y como uso la escritura como terapia, una cosa me lleva a la otra. Y parece que está funcionando bastante bien. Me encuentro mucho mejor anímicamente, ya se me fueron las ganas de matar, de destruir y de autocastigarme. Escribo regodeándome en mi sufrimiento y en mi dolor, transformando ambos, a través de un largo proceso, en algo cómico, para poder, en definitiva, reírme de mí mismo, y de las estupideces que tengo que transitar en esta vida. Pero bueno, si me hace escribir, todo es bienvenido. Hay vidas que se cruzan contigo para decirte dos cosas: podía haber sido una persona maravillosa que creías, al fin, haber encontrado pero, a la postre, he decidido convertirme en este imbécil inesperado que estás sufriendo. Por eso la infinita soledad de papel me hace tanto bien. Mientras escribo hago terapia, me explico, cuento, creo, construyo la realidad a mi antojo, aquí trincho y corto, y hago de la basura sentimental una buena poesía.
Explicaciones
La gente que no quiere escuchar explicaciones suelen ser los que primero encuentran explicaciones a sus actos o actitudes estúpidas. En realidad todos necesitamos de explicaciones: qué hacer, cómo vivir, cómo actuar, adónde ir. Pueden, a veces, comenzar siendo eleciones; eliges a dónde ir, pero luego te explicas por qué has decidido eso. A mí me encanta dar explicaciones pero, últimamente, por motivos de guión vital, se me están quitando las ganas de darlas ante tanto idiota cósmico que me sale al paso. Lo que se lleva ahora son explicaciones rápidas, porque sí, porque soy así, porque de pequeño me pasó o me hiceron no sé qué. Cualquier mierda vale para explicar lo inexplicable. La mayoría de gente no quiere explicaciones argumentadas porque destruyen su autoengaño y les ponen un espejo delante donde, obviamente, se percatan de que están en el bando de los imbéciles, y eso no les gusta. Tampoco es bueno dar muchas explicaciones, sobre todo si no te las han pedido y además es tu jefe. Pero intentar explicar y solucionar cosas con amigos y amantes creo, sinceramante, que es más que conveniente para una buena salud mental y un buen transcurso de esas relaciones. Si nos limitamos a las explicaciones de chichinabo, mejor quedarnos callados.
miércoles, 9 de septiembre de 2026
En mi mente
Tú sólo has existido en mi mente, igual que el amor que siento por ti. Tú, el tú de mi mente, no me fallarás nunca. En mi mente hicimos el amor como nadie lo ha hecho en la vida. En mi mente todas tus promesas se cumplieron. Y allí, en ese espacio extraño que hora me duele, nuestro amor se construía con la mayor alegría. Las ilusiones llenaron mi vida y en el corazón había tantas, que ya casi ni cabían. En mi mente viví nuestro amor, el mejor amor de mi vida. Mi cara, mi piel, todo mi cuerpo y el alma, todos sonreían. La gente admiraba mi alegría y se acercaban a recoger algo del amor que desprendía y, al caminar, iba dejando un rastro con el amor supurado. En mi mente así todo transcurría. Tú que no has existido, en mi mente me amaste noche y día.
Flores invisibles
Traeme flores para el mal de amores. Esas flores invisibles tuyas, tan delicadas, que tanto me gustan. Esa flor que tanto brilla que es tu mirada que siempre va unida a la única flor que me alegra la vida: tu sonrisa. Quiero tener el jardín lleno de tus flores invisibles, que la brisa me acaricie con el tacto de tus dedos cada vez que piense en ti. Regaré tus flores con mis abrazos, con los soñados, con los prometidos y con los imaginados. Y el centro del jardín todos los abrazos dados, sentados en grupo, como los abuelos del pueblo, mirando, recordando, disfrutando de todos sus retoños, de sus hijos y sus nietos, de todos los abrazos que aún no nos hemos dado, pero que ya han nacido. Una calma amorosa me invade en este jardín de flores invisibles, un arcoíris de ensueño entre unas nubes de besos. Sopla el viento y los pájaros lanzan sus cantos pa' que viajen por el tiempo, y van rebotando en las flores, y es el eco encantador del jardín el que me crea el camino, la realidad, mi destino.
lunes, 7 de septiembre de 2026
La idea suicida
Por qué no terminamos con todo si las cosas van cada vez de mal en peor. La idea suicida aparece cuando todo parece derrumbarse. En realidad no es todo, pero el dolor parece haber infectado el resto de la vida. Un fracaso amoroso acaba haciéndote odiar el trabajo, las discusioones por nimiedades adquieren, de repente, una importancia inusual. El rictus de tu cara ha cambiado; ya no sonríes. Un gesto de asco profundo se ha aposentado en tu rostro. La cas está sucia, tu ropa huele mal, sólo ves zarrios inútiles por todas partes y todo te la trae al pairo. La idea suicida se ha sentado en tu sillón y te observa mientras lloras, sucio y despeinado, medio borracho, de rodillas en el suelo, con un montón de cosas desperdigadas a tu alrededor. La idea suicida sonríe y el halo que la ilumina cada vez es más potente. Te mira con un brillo intenso en sus ojos. La miras mientras babeas. Hay ya un pequeño charco de babas debajo de tu barbilla. Hay un duelo de miradas donde ella parece estar ganando. Decides zanjar la cuestión. Va siendo hora de poner fin a esta situación. Y decides acabar con tu vida. Agarras el arma de tu padre y disparas. En tu sillón preferido un agujero humeante que respira. La idea suicida ha muerto. Tu vida ya no es la misma. Sonríes con cierta malicia. Llaman a la puerta. La vecina, asustada, dice que ha oído un disparo. Ve el desorden de tu casa, el charco de babas, y tus pintas de auténtico impresentable. Le dices que no has oído nada, que habrá sido algún crío con un petardo, y que tus pintas se deben a que te acabas de despertar de la siesta. Cierras la puerta. La vecina sigue sin moverse delante de la puerta. La observas unos segundos por la mirilla. Pones música. Te duchas. Te afeitas. Te pones un traje elegante y sales a la calle con la mejor de tus sonrisas.
Todo pasa
Lo sabemos desde el principio, pero no hacemos caso. La juventud pasa, el tiempo corre cada vez más deprisa. El dolor pasa pero nos regodeamos en él. Un percance sentimental, un mal trabajo, una época feliz, incluso un amor. Todo pasa. Incluso este 'todo pasa' también nos pasa desapercibido la mayoría de veces. Y yo me pregunto, si sabemos que todo pasa, por qué dramatizamos tanto, por qué nos enemistamos, por qué echamos por la borda un amor. No sería mejor intentar ser felices, disfrutar del amor, dejarnos de dramas y enemistades, intentar tener una vida armoniosa, procurando no hacer daño a nuestros seres queridos, regalando libros en vez de pensar en venganzas. Si todo pasa y ese todo es la vida, por qué no la disfrutamos más, por qué no tenemos más empatia, por que no sonreímos más. Si todo fuera mejor, aunque acabe pasando, generará buenos recuerdos, buenos hábitos, habremos tenido una vida llena de amor y con buenas decisiones, en vez de una vida absurda controlada por el ego y el orgullo, por pasiones superfluas que sólo provocarán arrepentimientos. Es la vida algo sencillo que insistimos en complicar cuando merece ser disfrutada y compartida con amor. ¿Por qué la estropeamos siempre si todo pasa?
domingo, 6 de septiembre de 2026
El secreto
A quien no le ha pasado alguna vez, a mí, sinceramente, me ha ocurrido muchas, que se acerca un conocido, un compañero de trabajo, un amigo o quien sea, y te dice 'te voy a contar un secreto'. Y yo siempre he desconfiado de esta frase, porque si es un secreto no me lo puedes contar, ya que dejará de ser secreto. Es una forma de ponerte a prueba. Pero yo pienso que si me lo ha contado a mí, se lo pude haber contado a más personas. Y a veces vienen a reclamarte porque dicen que tú has difundido su secreto. ¿Pero quién empezó a difundirlo cuando me lo contó a mí, acaso no fue él? Así que la última vez que vino hacia mí un compañero de trabajo para revelarme su secreto le dije que no. Te voy a contar un secreto, dijo; mejor no, contesté yo. Se sorprendió bastante, pues, por lo visto, el contar secretos es una muestra de confianza entre la plebe y, también, una forma de intentar saber más de ti, pues luego quieren secretos de vuelta. A los mentirosos les encanta contar secretos, por cierto. Entonces mi compañero insistió en contármelo. Y cuando terminó le dije que se lo iba a decir a todo el mundo. Pero por qué, dijo, eres un cabrón, añadió. Pues para que no se me olvide, le dije.
Decisiones y consecuencias
Suelen ir unidas pero no en el mismo instante. Unas decisiones acarrearán unas consecuencias. El autoengaño, tan de moda, contribuye a tomar malas decisiones; el miedo, el egoísmo y la falta de empatía, también. Las técnicamente llamadas personalidades narcisistas que, en mi pueblo, son los hijoputas de toda la vida, no suelen llevar muy bien las consecuencias de sus decisiones. En el amor, muchas personas quieren hacer daño, aprovecharse del otro, controlar, decidir por los dos. A pesar de eso, el autoengaño les ayuda incluso hasta creerse víctimas. Pero las consecuencias siempre acaban llegando. Recuerdo una pareja de amigos que, todos los veranos, uno cortaba y tenía otras relaciones para terminar volviendo al acabar el verano. Pero un verano apareció un tercero en discordia y, cuando quiso volver, ya no había nadie esperando. Se enfureció mucho, pues no era lo acostumbrado. Se suponía que su pareja de siempre debía esperarlo, perdonarlo y volver. Le costó mucho asumir las consecuencias de sus malas decisiones porque llegaron al cabo de los años. Fueran unas consecuencias pacientes, poro hay que pensar que siempre llegan.
viernes, 4 de septiembre de 2026
¿Cuestionar o no?
Cuando dos personas mantienen una relación pueden, por ejemplo, basar ambas esa relación en el respeto pero, a la vez, entender el respeto cada una de una forma distinta. Una cree que respetar es no cuestionar nada, zanjar los problemas enseguida con un 'ha sido culpa mía', y a otra cosa mariposa. La otra persona puede creer que el respeto en una relación consista en absolutamente lo contrario, en cuestionar los problemas, en reflexiónar juntos, en llegar a soluciones reales, en dejar las rutinas y las costumbres, en olvidarse de patrones de respuesta anquilosados y obsoletos. Ambas personas fundamentan la relación en el respeto pero primero habría que llegar, de forma unánime, a definir ese respeto. Los problemas no se zanjan o se solucionan solos. Dependiendo de la gravedad hay que hablar mucho, reflexionar y cuestionarse, intentar no cometer los mismos errores siempre y no solucionar, entre comillas, todos los problemas con un perdona, ha sido culpa mía. El perdón no sirve si se repite constantemente porque no se cambia de actitud. Hablar siempre es la mejor opción. Hablar, conocerse, al otro y, sobre todo, a uno mismo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)