viernes, 30 de agosto de 2024

Si andaras con mis zapatos

Para conocer al otro es primordial la empatía, ponerse en su lugar, andar con sus zapatos. Pero estamos tan preocupados en aparentar la imagen que hemos construido de nosotros mismos que poca empatía podemos tener. Yo recuerdo mis años de juventud donde todo el mundo iba disfrazado de algo, tribus urbanas lo llamaban. Era como un carnaval constante. Veías a gente que iba cambiando de tribu dependiendo de las modas, pero, aunque no cambiaras, también dependías de ellas. La filosofía ya me gustaba entonces y era difícil compaginar una vestimenta, un peinado y una filosofía. Posiblemente fuera todo apariencia porque los gustos van cambiando con el tiempo, se van moldeando, y te vas dando cuenta de qué es lo que perdura y qué lo que desaparece. Mi gusto por la música y por la escritura me hizo aprender a tocar un instrumento. Sigo comprando discos aunque no voy a conciertos, las masas me aturden. Solamente he ido a algún concierto de música clásica, pero muy pocos. Es curioso porque me doy cuenta de que me atrae más la cultura en solitario y de joven no me pasaba. Sin duda me he deshecho de la apariencia. Que me vean o no en un sitio no es lo importante sino mis sentidos, mis respuestas. Es como que te firmen un libro. Si lo piensas bien es una chorrada. Una costumbre adquirida que no lleva a ningún lado, solo a las ferias de libros y presentaciones, por tanto es una costumbre capitalista. Conozco a gente con muchos libros firmados pero ninguno leído. Y, si ando con sus zapatos, me doy cuenta de que estos actos son como drogas llevaderas que el capitalismo proporciona para no intoxicarnos tanto y que sigamos comprando. Por eso últimamente voy mucho a las bibliotecas públicas. Porque ando en mis zapatos.

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