
Cualquier cosa puede ser interesante, eso depende de cada uno. Y en un acto de humildad en el que apenas me reconozco, bajaré un escalón más, y adoptaré todo aquello que me suene interesante, para moldearlo con mi intelecto, transmitirlo con mis dedos en pleno tecleteo, donde un sonido maquinal se transforma en fenomenal, y ahí es donde lo interesante empieza a sonar, y la música de la comunicación fluye y se expande, generando un baile vital del que todos formamos parte.
viernes, 23 de agosto de 2024
Tengo miedo
Tengo a miedo a ser como soy entre tanto fascista embravecido. Pero también tengo miedo entre los míos. Las pantallas también envalentonan y nos hacen decididos, pero, qué triste, solamente a mentir como cochinos. Ya hablamos de amor cuando queremos decir sexo, y de amistad cuando también es sexo o, a veces, solo compañía, pasar el rato, nos aburrimos y buscamos ese amigo entrecomillado, porque no nos importa nada, ni le queremos nada más que cuando estamos sin saber qué hacer. Amigos de usar y tirar, a ser posible sin memoria, porque así podremos defraudarlos a menudo y no se darán cuenta. Pues sí, queridos lo que seáis que estáis ahí, si es que estáis, no creí que pudiera pasar, pero tengo miedo. Amar me da miedo, no por no ser correspondido, eso lo tengo más que asumido, sino por el engaño, por la mentira que está a la orden del día. Como cantaba Sara Montiel y escribía Lemebel, tengo miedo torero, y el toro es el fascista, que, a la vuelta de la esquina, espía mis movimientos, que se fija en la portada de los libros que llevo, que me pregunta por mi novia o por qué siempre voy solo, que dónde está mi mujer, porque te gustan las mujeres ¿no?, que me hace gestos, que se ríe y me mira cuando está en compañía mientras sus dedos me estigmatizan en la calle, en el barrio, en el trabajo, en una ciudad que se dice libre, de un país supuestamente democrático donde, si te apalizan, los demás se giran, no quieren meterse en tus asuntos, qué simpáticos. Así que cojo mis bártulos y desparezco, abro un libro y me meto dentro. Voy nadando entre las líneas, usando un lenguaje secreto, recito la contraseña y, las puertas de MundoPoema, se abren. Primero me quitan el miedo y luego me abrazan unos versos y tres cuentos.
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